La comunidad científica argentina enfrenta uno de los escenarios más críticos desde el retorno de la democracia. En una entrevista concedida a Yair Cybel para la señal AM 530, Roberto Salvarezza, exministro de Ciencia y actual presidente de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) de la provincia de Buenos Aires, describió un panorama de «brutal ajuste» que ha paralizado laboratorios y proyectos estratégicos en todo el país.
Un desplome presupuestario sin precedentes
El desfinanciamiento del sector no es solo una percepción de los trabajadores, sino un dato estadístico que ubica a la Argentina en un umbral de desinversión peligroso. Según Salvarezza, el sector opera con un «50% menos de financiamiento que en el año 2023», una cifra que marca un hito negativo en la historia reciente. El investigador superior del CONICET subrayó que se registran «cifras históricamente bajas desde el año 1972», lo que implica un retroceso de más de 50 años en la prioridad estatal otorgada al desarrollo soberano.
El drama de los despidos y la precarización del talento
La cara más urgente de esta crisis se manifestó esta semana en una audiencia pública en la Cámara de Diputados, donde se denunció la situación de 400 doctores y posdoctores que han quedado fuera del sistema. Estos profesionales, tras ocho años de formación financiada por el Estado, se encuentran hoy sin posibilidades de continuidad. Salvarezza puntualizó que «estos 400 despidos se enmarcan en unos 2.500 personas que ya ha perdido CONICET», una sangría que afecta la masa crítica necesaria para cualquier proceso productivo. El exministro advirtió que estos investigadores «hoy han quedado en la calle», perdiéndose líneas de investigación esenciales en biotecnología, geología y ciencias sociales.
La «captura de talentos» y el silencio oficial
Las implicancias sociales y territoriales de este ajuste trascienden las fronteras nacionales. Mientras el Gobierno nacional recorta, países centrales activan mecanismos para absorber el capital humano formado en Argentina. Existen programas en la Unión Europea, Japón y EE. UU. diseñados para la «captura de talentos latinoamericanos», ofreciendo condiciones dignas que el país hoy niega. En este contexto, Salvarezza fue categórico al calificar al actual director del CONICET, Daniel Salamone, como un «cómplice y ejecutor de lo que es la destrucción de la ciencia argentina», criticando su falta de solidaridad ante los ataques del Ejecutivo que ha llegado a tildar de «terroristas» a los investigadores.
La resistencia desde las provincias y el futuro del sistema
Frente a la parálisis nacional, algunos distritos intentan amortiguar el impacto, aunque con recursos limitados. La provincia de Buenos Aires, bajo la gestión de Axel Kicillof, ha lanzado becas y cargos para sostener el personal técnico que Nación ha discontinuado, pero Salvarezza reconoció que «una provincia no puede reemplazar lo que hace Nación». Para el experto, la salida requiere restablecer la Ley de Financiamiento de la Ciencia —derogada de facto por el presupuesto actual— para generar nuevamente «expectativas de que esto no es eterno» y evitar que el sistema científico nacional quede reducido a escombros.

