El nuevo gobierno de Colombia, encabezado por Abelardo de la Espriella, enfrenta su primera crisis de seguridad apenas 48 horas después de su investidura. La jornada ha estado marcada por una serie de ataques coordinados que exponen la fragilidad del control territorial en diversas regiones del país.
De acuerdo con información publicada por teleSUR y agencias locales, las fuerzas públicas han reportado ofensivas mediante el uso de drones en los departamentos de Cauca, Antioquia, Tolima y Huila. Esta modalidad de ataque, que prescinde del contacto directo, ha afectado tanto a estructuras militares como a sedes gubernamentales civiles.
Innovación táctica y desprotección civil
Uno de los puntos críticos de esta escalada fue el impacto de un artefacto en la Alcaldía de Río Blanco, en el departamento de Tolima. Este evento subraya un cambio en la dinámica de la confrontación, donde la tecnología se utiliza para vulnerar espacios institucionales sin que, hasta el momento, ningún actor armado haya reivindicado la autoría de los hechos.
Al respecto, la Defensoría del Pueblo ha manifestado su preocupación ante lo que considera una transformación de las condiciones del conflicto. La entidad señaló que “a este escenario se suma la utilización reiterada de drones y artefactos explosivos”, elementos que ya habían sido advertidos por su Sistema de Alertas Tempranas.
Implicaciones de la «mano dura»
La asunción de De la Espriella estuvo precedida por una retórica de «mano dura» y el agotamiento de las vías de diálogo respecto al conflicto armado interno. No obstante, la realidad territorial parece responder con una diversificación de las hostilidades que pone en jaque la efectividad inmediata de dichas promesas políticas.
La Defensoría fue enfática al determinar que “su uso en zonas pobladas o próximas a bienes civiles incrementan el riesgo de efectos indiscriminados”, exigiendo a los actores armados extremar las precauciones para no involucrar a quienes no participan de las hostilidades. El organismo recordó que “la población civil no puede ser puesta en riesgo ni convertida en escenario de demostraciones de fuerzas”.
El monitoreo de la crisis
El panorama actual no solo representa un desafío militar, sino también una alerta humanitaria sobre el respeto al Derecho Internacional Humanitario. Mientras el nuevo Ejecutivo se asienta en el poder, las comunidades en la periferia ya perciben el costo de una violencia que se tecnifica y se expande.
Desde la Defensoría aseguraron que continuarán “monitoreando la evolución de estos hechos y sus impactos humanitarios”, subrayando que la prioridad del Estado debe ser evitar que las comunidades paguen el costo de esta nueva etapa del conflicto.

