Durante su exposición, el jefe de Estado argentino calificó a la ONU como una «organización inútil» y un «leviatán burocrático», sosteniendo que el organismo ha desviado su mandato original de velar por la paz mundial para convertirse en una estructura de control social. Milei argumentó que el pacto fundacional formulado hace 78 años fue vulnerado por la inacción frente a conflictos armados, la indulgencia hacia regímenes dictatoriales y la falta de resguardo efectivo a la soberanía de los Estados miembros.
A diferencia de la nutrida concurrencia registrada durante la alocución del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, la disertación del mandatario argentino se desarrolló ante un auditorio marcado por la escasez de delegaciones y numerosos sectores desiertos. El contraste en la asistencia del plenario reflejó el distanciamiento de la diplomacia internacional frente al discurso de ruptura planteado por el Gobierno nacional respecto de los consensos de las Naciones Unidas.
En esa línea de impugnación, cuestionó severamente los programas internacionales de desarrollo, mencionando explícitamente a la Agenda 2030 y a la incipiente Agenda 2045, las cuales tildó de imposiciones «orwellianas» signadas por el ambientalismo extremista y las regulaciones de género.
Asimismo, oficializó la decisión argentina de desligarse de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El Presidente definió las medidas sanitarias impulsadas durante la pandemia de COVID-19 como un «experimento global de control social», argumentando que las restricciones a la circulación y al trabajo violaron derechos fundamentales bajo un esquema de terrorismo psicológico estatal.
Alineamiento irrestricto con EE. UU. e Israel
El discurso formalizó la adscripción geopolítica de la administración nacional con Estados Unidos e Israel. En el plano de la seguridad internacional, el Presidente ratificó la condena a los ataques perpetrados por el régimen iraní, fundamentando la decisión de haber designado a la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista e insistiendo en el reclamo de justicia por los atentados a la Embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994) en Buenos Aires.
Esta definición estratégica estuvo acompañada por un llamado directo a la inversión extranjera en bienes de capital y recursos primarios. El Gobierno nacional exhibió la formación de Vaca Muerta, la minería crítica y el potencial energético del Atlántico Sur como los activos nodales sobre los cuales prevé estructurar su inserción comercial. Sin embargo, la gestión supeditó cualquier participación en la explotación de estos recursos al respeto estricto del marco legal argentino, advirtiendo que no tolerará la intervención de firmas asociadas a ocupaciones territoriales no autorizadas.
Conflicto en el Atlántico Sur: licencias petroleras y la causa Malvinas
Pese a sus críticas hacia el valor práctico de las resoluciones internacionales, el mandatario reservó un tramo central de su alocución para abordar la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Milei denunció la ineficacia de la Resolución 3149 de la Asamblea General —adoptada hace medio siglo—, la cual exhorta a las partes a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras el diferendo permanezca irresoluto.
La crítica apuntó de forma directa contra el proyecto Sea Lion, enfocado en la extracción de hidrocarburos en la cuenca de Malvinas Norte mediante licencias otorgadas de manera unilateral por el Reino Unido. El Gobierno argentino calificó dichas actividades como ilegales e ilegítimas, tanto a la luz del derecho internacional como de la legislación nacional.
Como respuesta institucional, el Ejecutivo informó la presentación de notas formales de protesta, la aplicación de sanciones administrativas a empresas proveedoras implicadas y el envío al Congreso de la Nación de un proyecto de ley enfocado en la defensa integral de la soberanía nacional. A su vez, el Presidente reiteró la postura histórica de que el principio de libre determinación no resulta aplicable a la población de las islas por tratarse de un colectivo implantado por la potencia ocupante, e instó al gobierno británico a reanudar las negociaciones bilaterales.
La apuesta por la inteligencia artificial libre de regulaciones estatales
El tramo final de la intervención estuvo dedicado al impacto macroeconómico y social de las nuevas tecnologías. Milei desestimó los diagnósticos alarmistas respecto de la destrucción masiva de puestos de trabajo por el avance de la Inteligencia Artificial, recurriendo a conceptos del economista clásico Adam Smith para enmarcar la tecnología como un acelerador de la productividad que alcanzará puntos de equilibrio mediante la propia demanda de mercado.
Frente al debate global por el control algorítmico, el Ejecutivo propuso convertir a la Argentina en un territorio de vanguardia para el desarrollo irrestricto de la IA. Para atraer capitales del sector, el Gabinete planea ofrecer un esquema regulatorio que garantice:
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Inexistencia de regulación preventiva: Compromiso de no legislar antes del desarrollo de los modelos tecnológicos.
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Responsabilidad limitada: Régimen legal específico para firmas que operen con agentes autónomos de IA.
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Incentivos fiscales: Exenciones impositivas para la instalación de infraestructura de datos y procesamiento en el país.
El Presidente concluyó sosteniendo que la IA no es una tecnología geopolíticamente neutral y que Occidente debe liderar su despliegue en consonancia con los principios del liberalismo clásico, alineándose con las posturas expresadas por dirigentes políticos conservadores a nivel internacional.

