El 7 de septiembre se cumplen 30 años de uno de los acontecimientos más conmovedores en la historia de la cultura popular argentina. Aquella fatídica noche de 1996, en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12 (camino a Chajarí, Entre Ríos), un choque frontal terminó con la vida de Gilda cuando solo tenía 34 años y su carrera musical atravesaba su momento de mayor esplendor.
En la colisión fallecieron también su hija mayor Mariel, su madre Isabel, tres de los integrantes de su banda y el chofer del ómnibus. La tragedia marcó el nacimiento de una leyenda y de un culto popular que crece de generación en generación.
El sueño que desafió mandatos
Antes de consagrarse bajo los vestidos brillantes y los aplausos de miles de fanáticos, Gilda era Miriam Alejandra Bianchi. Había nacido el 11 de octubre de 1961 en el barrio porteño de Villa Devoto. Dedicó sus primeros años de juventud a la docencia como maestra jardinera, llevando una vida tranquila junto a sus dos hijos y esposo.
Nada presagiaba que aquella mujer de modales suaves se volcaría de lleno al espectáculo. Guiada por el deseo irrenunciable de ir detrás de sus sueños, respondió a un aviso gráfico donde buscaban vocalistas femeninas para una agrupación musical. Pese a la resistencia inicial de su entorno familiar y a los prejuicios de una industria tropical dominada por varones, Miriam contó con el impulso clave del compositor y tecladista Toti Giménez para lanzarse como solista. Adoptó el seudónimo «Gilda», inspirado en el emblemático personaje interpretado por Rita Hayworth.
Con un rostro angelical, una voz dulce y una propuesta romántica que contrastaba con la estridencia de la época, la cantante conquistó rápidamente las bailantas, los clubes de barrio y la televisión abierta. Discos como De corazón a corazón (1992), La única (1993), Pasito a pasito (1994) y Corazón valiente (1995) sirvieron para consolidarla como una referencia de la música de bailanta. Sus grandes creaciones, entre las que destacan «No me arrepiento de este amor», «Corazón valiente», «No es mi despedida» y «Fuiste» son reconocidas, bailadas y cantadas por diferentes generaciones.
Una obra sin fronteras
La huella artística de Gilda se ramificó hacia múltiples estilos e idiomas. Artistas de géneros disímiles decidieron rendirle homenaje versionando sus temas: desde Attaque 77 y Los Enanitos Verdes hasta Vicentico, Los Charros y Sharon la Hechicera.
Su vigencia motivó además investigaciones académicas y obras cinematográficas, entre las que destaca **la película Gilda, no me arrepiento de este amor (2016), dirigida por Lorena Muñoz y protagonizada por Natalia Oreiro. A cuatro décadas de su inicio y tres de su partida, sus álbumes de estudio, discos póstumos y las recopilaciones continúan obteniendo certificaciones de oro y platino, acumulando millones de reproducciones en las plataformas digitales.
La «santa de la alegría»
Incluso en vida, muchos seguidores se acercaban a Gilda para pedirle consejos, saludos, un abrazo o una bendición. Ella siempre respondía aclarando que era una trabajadora humilde dedicada a transmitir amor. Tras el accidente, la devoción tomó una dimensión mística y espiritual.
En el lugar de la tragedia, sobre la Ruta 12, se erigió un santuario que resguarda los restos del micro accidentado. A dicho predio, al igual que a su nicho en el Cementerio de la Chacarita, acuden diariamente peregrinos para pedir salud, trabajo, amor o a dejar sus agradecimientos. Durante los fines de semana cercanos a las fechas clave —el 7 de septiembre (su fallecimiento) y el 11 de octubre (su nacimiento)—, el santuario entrerriano llega a recibir a cerca de 15.000 personas.
A 30 años de su partida, la maestra jardinera que soñaba con cantar sigue estando presente en los hogares, las radios y las fiestas argentinas. Gilda dejó un legado de canciones inolvidables y una historia de valentía, resiliencia y ternura que continúa inspirando a miles de mujeres y a todo un pueblo que la recuerda con amor.
Fuente: Secretaría de Cultura

