El desalojo forzoso de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años con una discapacidad del 50 % y movilidad reducida, puso de manifiesto el severo impacto de la especulación inmobiliaria en el tejido urbano madrileño. Tras más de siete décadas residiendo en el barrio de Retiro, la octogenaria fue expulsada de su hogar en el cuarto intento judicial impulsado por el fondo de inversión Urbagestión. La empresa exigía un alquiler mensual de 1.650 euros, una cifra que superaba en 300 euros la pensión total de la inquilina, pese a que su abogada defensora, Beatriz Duro, enfatizó de forma categórica que «la renta siempre fue cancelada» y que la residente jamás se negó a abonar el arrendamiento. El operativo culminó con la anciana siendo retirada de la vivienda en camilla por servicios sanitarios antes de ser trasladada a un centro hospitalario.
🚨 La Policía Nacional de España reprimió una manifestación frente al ático de Isabel Díaz Ayuso, donde los concentrados denunciaron el desalojo de Maricarmen, una mujer de 87 años. ⚠️ La movilización se realizó bajo el lema «Por todas las Maricarmen». 🏚️
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— teleSUR TV (@teleSURtv) September 23, 2026
La respuesta en las calles: marchas masivas y cargas policiales
La indignación social se tradujo este miércoles en una masiva movilización de más de 10.000 manifestantes en la capital española, convocada de forma urgente por el Sindicato de Inquilinas bajo el lema unificador «Por todas las Maricarmen». La marcha avanzó de forma pacífica hacia el distrito de Chamberí hasta detenerse frente al inmueble de la calle General Martínez Campos, donde la Comunidad de Madrid adquirió recientemente un ático por 6,3 millones de euros. En ese punto, la protesta se intensificó cuando la masa cortó la vía pública proclamando cánticos como «Maricarmen somos todos» y «El ático para Maricarmen». Posteriormente, efectivos de la Policía Nacional arremetieron violentamente con cargas de represión contra los manifestantes a medida que la columna intentaba desplazarse hacia el Paseo de la Castellana.
Dimensión territorial: un reclamo federal contra la impunidad inmobiliaria
Lejos de constituir un hecho aislado en la capital, el rechazo al desahucio se propagó simultáneamente hacia diez de las principales metrópolis del país, incluyendo Barcelona, Sevilla, Valencia, Málaga, Bilbao y Zaragoza. Desde las agrupaciones sindicales denunciaron con vehemencia la inoperancia de las administraciones públicas frente a los fondos buitre y advirtieron expresamente que «las movilizaciones continuarán si no se implementan soluciones estructurales» a la emergencia habitacional. Paralelamente, los colectivos en defensa de la vivienda exigieron un desbloqueo inmediato de las medidas de protección que impida que los grandes tenedores utilicen atajos judiciales para ejecutar lanzamientos contra familias en situación de extrema vulnerabilidad social.
Uso político y contradicciones normativas en el debate público
El conflicto escaló de inmediato al plano político internacional cuando el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, catalogó desde Nueva York la expulsión como una «tragedia social» e inaceptable. El jefe del Ejecutivo responsabilizó de forma directa a la presidenta autonómica Isabel Díaz Ayuso y al Ayuntamiento madrileño por hacer «caso omiso» a las alertas sociales mientras priorizan la compraventa de propiedades de lujo. No obstante, el discurso oficialista omite el marco estructural del problema: analistas y notas de contexto recuerdan que los procesos de desahucio en España continúan amparados bajo el Decreto Boyer de 1985 y la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994, dos normativas de origen socialista que la actual administración central no ha modificado sustancialmente tras ocho años de gestión en el poder. Sánchez prometió enviar con urgencia un nuevo real decreto al Parlamento bajo el llamado a tener «altura de miras», en un intento por contener la creciente presión popular.

