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Teresa García tensa la interna: «Yo no voy a militar para nadie hasta que Cristina no esté libre»

La senadora bonaerense Teresa García sacudió la interna del peronismo con críticas contundentes a la conducción partidaria y la CGT. Al congelar su propia militancia, advirtió: "Yo no voy a militar para nadie hasta que Cristina no esté libre".

En el marco de la decimoquinta edición de las «Charlas Abiertas» organizadas por el Instituto Patria bajo la consigna «Cristina Libre», la senadora provincial Teresa García expuso las profundas fracturas y el debate ético que atraviesan a la conducción del Partido Justicialista (PJ). Las declaraciones de la legisladora bonaerense, transmitidas oficialmente a través del canal de YouTube del Instituto Patria, evidenciaron un crudo pase de facturas hacia los sectores internos que optan por el silencio y la especulación electoral en medio de la situación judicial de la expresidenta.

García utilizó un tono sobrio pero tajante para cuestionar lo que denominó la «sordera» histórica de ciertos cuadros políticos frente a las advertencias de Cristina Kirchner. La senadora recordó que ya en diciembre de 2015 la exmandataria había anticipado que el avance judicial no era exclusivamente personal, sino que se extendía sobre el conjunto del movimiento popular. Según su análisis, este distanciamiento de la dirigencia respecto a las bases explica el actual debilitamiento de la representación política del espacio.

El congelamiento de la militancia y el reparto de cargos

La definición más contundente de la legisladora congeló cualquier proyección electoral prematura de cara a los próximos turnos comiciales. «Yo no voy a militar para nadie hasta que Cristina no esté libre», sentenció García, marcando una distancia ética insalvable con aquellos sectores que priorizan el posicionamiento de candidaturas alternativas.

Con dureza, la senadora describió el comportamiento de la dirigencia del PJ como un «embudo» donde los referentes se empujan para asegurar su inserción en las listas partidarias. En su lectura, esta actitud contrasta críticamente con la tradición histórica del peronismo frente a la proscripción. García trazó un paralelo con la resistencia de 1956, señalando la anomalía de que sectores contemporáneos eviten pronunciarse públicamente bajo el argumento de que «las encuestas no dan bien». Para la senadora, la claudicación discursiva despoja de legitimidad a cualquier futuro aspirante a gobernar, exponiéndolo a una gestión de condicionamiento ante el poder real.

Cuestionamiento directo a la central obrera

La crítica de Teresa García no se limitó a las estructuras del partido, sino que avanzó de forma directa sobre la conducción de la Confederación General del Trabajo (CGT). La legisladora puso en duda el rol y la representatividad de la central de trabajadores, acusándola de priorizar agendas corporativas en detrimento de la masa de trabajadores que hoy enfrentan la precarización y el empobrecimiento.

«Cuando veo que la CGT acciona en función de sus propios intereses y no de los trabajadores, me parece que hay un problema de representatividad», disparó la senadora bonaerense. Apoyó su reclamo en indicadores sociales alarmantes, mencionando la existencia de 20 millones de argentinos endeudados —de los cuales seis millones se encuentran en situación de morosidad irrecuperable— y un crecimiento exponencial del empleo informal y no registrado, ejemplificado en las plataformas de mensajería urbana. Para García, la falta de una reacción contundente por parte de la central de trabajadores profundiza el vacío de liderazgo que el peronismo debe revertir con urgencia.

La advertencia de cara al futuro

El discurso de García en Esteban Echeverría deja un mensaje analítico claro: el peronismo no resolverá su crisis interna ni su falta de rumbo mediante la mera postulación de figuras «prolijas» o alternativas de compromiso. Las implicancias territoriales de este reclamo sacuden directamente las bases bonaerenses, donde el kirchnerismo busca consolidar un núcleo de resistencia activa frente a las políticas de desregulación del gobierno nacional.

La legisladora concluyó que la legitimidad política no se construye «en los bares, con encuestas o con operaciones mediáticas», sino mediante el trabajo territorial directo que permita quebrar el sentido común dominante y recuperar la sintonía con las urgencias de los sectores populares.

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