El presidente Javier Milei encabezó este viernes el acto por el 142° aniversario de la Bolsa de Comercio de Rosario, en una jornada atravesada por una profunda polarización política y territorial. Mientras en el interior del recinto bursátil el mandatario desplegó un extenso andamiaje teórico para exculpar a su administración de la crisis de morosidad y defender el rumbo fiscal, en las calles del microcentro rosarino se consolidó un contundente despliegue de fuerzas federales y una masiva movilización de rechazo por parte de gremios y movimientos sociales.
La visita presidencial estuvo marcada por un notorio lapsus geográfico al inicio de su discurso, cuando Milei agradeció a las autoridades de la «Bolsa de Comercio de Buenos Aires», equivocación que debió enmendar de inmediato ante el murmullo del auditorio santafesino.
La teoría del deslinde: Morosidad y «riesgo moral» según el Gobierno
En su disertación, el titular del Ejecutivo nacional abordó la problemática de la delincuencia financiera bajo la categoría académica de «mercados repugnantes» o «controvertidos». Según la perspectiva presidencial, la mora actual no deriva de las variables macroeconómicas de su gestión, sino de un fenómeno de «racionamiento de crédito» iniciado durante el período electoral de 2024, atribuido a lo que calificó como «intentos de golpe de Estado» por parte de la oposición legislativa.
Fiel a su dogma ortodoxo, Milei rechazó cualquier tipo de auxilio o regulación estatal para los deudores o las entidades financieras no bancarias. Apoyándose en literatura económica anglosajona —específicamente en un experimento social del economista Hunt Allcott en Indiana y en trabajos sobre países en desarrollo de Dean Karlan—, el mandatario sostuvo que las soluciones paternalistas o las condonaciones de deuda generan «riesgo moral». «El remedio termina siendo peor que la enfermedad», afirmó, tras argumentar que rescatar deudores particulares implica «meterle la mano en el bolsillo a toda la ciudadanía».
No obstante, el relato presidencial de estabilización y despegue —sustentado en la afirmación de que la actividad económica creció un 0.8% intermensual en junio y que 13 de los 15 sectores productivos muestran expansión— colisiona con indicadores locales y sectoriales de gravedad. Las cifras oficiales del primer semestre revelan que las ventas en supermercados, mayoristas y shoppings sufrieron una severa contracción generalizada, mientras que en la propia ciudad de Rosario la morosidad en los alquileres residenciales ya escaló al 5%.
El microcentro vallado y el repudio de la calle
La distancia física e ideológica entre el discurso oficial y el termómetro social se materializó en un severo operativo de seguridad en el macrocentro de Rosario, que incluyó vallas, drones y agentes de fuerzas federales portando armas largas.
A partir de las 17:00, una confluencia de organizaciones sindicales y sociales concentró en Plaza Sarmiento para marchar hacia la intersección de Corrientes y Córdoba, sede de la Bolsa de Comercio. La columna de manifestantes, que logró avanzar sobre el primer retén de calle Rioja, se encontró cara a cara con un cerrado cordón de la Prefectura Naval Argentina a escasos metros del ingreso al edificio corporativo.
La movilización, motorizada por la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) Rosario —que aglutina a gremios clave como Camioneros, Recolectores de Rosario, Siconara, Dragado y Balizamiento, y sindicatos ferroviarios y aeronáuticos—, sumó también la adhesión de la CGT Rosario, los docentes universitarios de Coad, ATE, Aceiteros y agrupaciones de jubilados y estudiantes. Durante la jornada de protesta, los organizadores declararon formalmente al presidente Milei como “Persona No Grata” en Rosario, repudiando los efectos del ajuste fiscal, el congelamiento de ingresos y el deterioro del empleo.
Demandas de federalismo en el frente interno
El descontento con la gestión nacional no provino únicamente de las organizaciones populares en el espacio público. En el marco formal del aniversario corporativo, las autoridades locales y provinciales expusieron marcadas divergencias respecto a la distribución de recursos y el impacto territorial de las políticas de la Casa Rosada.
El intendente de Rosario, Pablo Javkin, aprovechó su discurso para demandar ante el auditorio un «federalismo serio y real», en clara alusión a la centralización de recursos que afecta a las administraciones locales. Por su parte, el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, redobló el posicionamiento santafesino con un fuerte reclamo en torno a las retenciones agropecuarias que penalizan la producción de la provincia. «A nadie le va a faltar alimentos ni medicamentos mientras sea gobernador», sentenció Pullaro, marcando una distancia ética sustancial frente a la rígida prescripción de ajuste del gobierno nacional.
La jornada en Rosario expuso así dos realidades inconexas: un plano oficialista focalizado en justificar el rigor fiscal y el repliegue del Estado frente a las contingencias de los deudores privados, y una realidad territorial signada por la militarización de los accesos públicos, la caída del consumo y un extendido frente de resistencia sindical y política que cuestiona las bases mismas del modelo económico libertario.

