El ejército israelí reconoció por primera vez el bombardeo de infraestructura civil en territorio libanés. Mientras los ataques alcanzan zonas residenciales de Beirut, la administración de Israel advierte que el país enfrentará «costes crecientes» si no cesa la resistencia de Hezbolá.
La infraestructura como blanco: Israel profundiza su ofensiva en Líbano
Bajo la firma de los cronistas de la agencia teleSUR (en base a despachos de Al Jazeera y otras agencias internacionales), se dio a conocer que la incursión militar israelí en territorio libanés ha entrado en una fase de reconocimiento público de objetivos no militares. El viernes 13 de marzo, las fuerzas de defensa de Israel destruyeron el puente de Zrarieh, una vía de comunicación vital sobre el río Litani, marcando un hito en la actual escalada.
Según la información relevada, esta acción representa la primera ocasión en que el Estado de Israel admite públicamente haber atacado infraestructura civil desde el inicio de las hostilidades el pasado 2 de marzo. El argumento esgrimido por el mando militar es que estos pasos son utilizados por combatientes de Hezbolá para trasladarse entre el norte y el sur; sin embargo, los reportes indican que la fuerza atacante «no presentó evidencias que sostuvieran esta afirmación«.
La advertencia de la «devastación» y la presión sobre el gobierno libanés
La estrategia de Israel no se limita al terreno militar, sino que incluye una fuerte presión psicológica sobre la población civil de Beirut a través de la distribución de volantes que advierten una escala de destrucción idéntica a la sufrida por la Franja de Gaza. En este sentido, el ministro de Defensa, Israel Katz, fue tajante al señalar que el gobierno libanés enfrentará «costes crecientes debido a los daños a la infraestructura y la pérdida de territorio» mientras Hezbolá mantenga su capacidad operativa.
Esta política de «costes crecientes» ya tiene un impacto directo en la movilidad de los no combatientes. Organizaciones locales advirtieron que la destrucción del puente de Zrarieh afectará severamente a los civiles que intentan huir hacia el norte para escapar de los bombardeos. La intención parece clara: forzar una capitulación política mediante el desmantelamiento de las bases materiales de la vida cotidiana en el Líbano.
Un saldo humanitario que escala en zonas residenciales
La violencia no ha dado tregua en los centros urbanos. Durante la jornada del viernes, los ataques israelíes alcanzaron barrios de Beirut que hasta ahora no habían sido blanco de proyectiles, como Bourj Hammoud, Nabaa y Jnah. En el distrito de Bourj Hammoud, un dron impactó contra un edificio de viviendas, profundizando el temor en áreas periféricas de la capital libanesa.
El costo humano se traduce en cifras alarmantes: al menos 17 personas murieron en bombardeos recientes en Fawwar y Arki, entre ellas cinco niños. El Ministerio de Salud Pública del Líbano reportó que, en menos de dos semanas, «los ataques israelíes han causado al menos 773 muertes y 1.933 heridos, incluyendo a 103 niños«.
El contexto regional: De la represalia al desplazamiento masivo
El origen de este nuevo capítulo de violencia se remonta al 2 de marzo de 2026, cuando Israel inició su ofensiva tras recibir drones y cohetes de Hezbolá en su territorio. Dicha acción de la organización libanesa fue, a su vez, una respuesta a los ataques israelíes contra Irán que terminaron con la vida del líder supremo iraní.
La consecuencia social más dramática de este tablero geopolítico es el desplazamiento forzado. Actualmente, alrededor de 800.000 personas, es decir, una de cada siete personas en la población libanesa, han tenido que abandonar sus viviendas ante el avance de las llamas y los escombros. Mientras Israel intensifica su amenaza de una devastación total, la comunidad internacional observa un patrón de destrucción que, de no detenerse, convertirá al Líbano en un nuevo espejo de la tragedia que hoy atraviesa Gaza.

