La Patria Grande no se rige por fronteras administrativas: se define en la trinchera del proyecto nacional y popular.
América Latina no es un mero escenario geográfico, es un campo de batalla geopolítico en el que se enfrentan dos modelos antagónicos. Por un lado, la estrategia de las potencias hegemónicas y los poderes financieros transnacionales, que buscan convertir a nuestra región en una cantera proveedora de materias primas baratas, fragmentada y endeudada. Por el otro, el proyecto histórico de la Patria Grande: industrial, soberano, multipolar e integrado.
En este mapa regional, la alianza estratégica entre Argentina y Brasil constituye el motor gravitacional indispensable. La integración sudamericana no es una abstracción lírica ni un mero catálogo de buenas intenciones multilaterales, es una necesidad material y económica concreta.
Sin una articulación productiva, energética y financiera de escala continental, nuestras naciones quedan expuestas a los dictados del Fondo Monetario Internacional y la liquidez especulativa del capital financiero global.
Esta semana el encuentro en la sede del Instituto Patria junto a los militantes del Núcleo del Partido de los Trabajadores (PT) en Argentina, bajo la premisa del respaldo activo a la conducción de Luiz Inácio Lula da Silva, demostró que la diplomacia de los pueblos opera allí donde las elites coloniales intentan levantar barreras.
Durante la jornada, el senador Humberto Costa, Secretario de Relaciones Internacionales del PT, reafirmó la densidad del lazo político entre ambas naciones:
“Compañeros y compañeras del núcleo del PT en Argentina, un gran abrazo para ustedes, para nuestros compañeros peronistas y también para toda la gente que hace el Instituto Patria. Queremos agradecerles por esa movilización por la reelección del presidente Lula. Argentina tiene muchos votantes brasileños y ese trabajo de la campaña del presidente Lula no solo es fundamental para que podamos continuar en Brasil con este proyecto de inclusión social que nuestro gobierno ha hecho desde el primer momento, sino también para decir que nuestra lucha es absolutamente solidaria con los argentinos por la liberación de Cristina Kirchner y por la construcción de una amistad cada vez mayor entre nuestros pueblos. ¡Estamos juntos!”
El mensaje trasciende la cortesía diplomática: establece que el destino del gobierno popular brasileño está indisociablemente ligado a la suerte de la democracia en Argentina.
La persecución judicial no es un fenómeno accesorio, es el instrumento predilecto del poder hegemónico para intervenir la economía de los Estados soberanos. En Brasil, la proscripción y el encarcelamiento ilegal de Lula a través de la red de corrupción judicial del Lava Jato tuvo como objetivo directo la entrega de la cuenca petrolera de Pré-Sal, la privatización de empresas estratégicas y el remate de la soberanía industrial en favor de corporaciones multinacionales.

En Argentina, el Partido Judicial aplica el mismo libreto contra Cristina Fernández de Kirchner. La persecución a Cristina no busca únicamente acallar una voz disidente: intenta proscribir el modelo económico de desendeudamiento, soberanía energética, paritarias libres, desarrollo científico-tecnológico e industrialización que los gobiernos nacionales y populares representaron.
Cuando la ultraderecha gobernante impone el saqueo de los recursos naturales, la destrucción de la industria nacional y la entrega del patrimonio soberano, el orden financiero necesita inhabilitar judicialmente a los liderazgos populares capaces de encauzar la conducción económica del país.
Denunciar la persecución y demandar la plena libertad y absolución de Cristina es defender la soberanía misma de la patria.
El corazón de la alianza Argentina-Brasil reside también en la complementariedad industrial y energética de sus economías. El intento de desmantelar el MERCOSUR por parte de las administraciones neoliberales responde a la urgencia del capital transnacional por romper la densidad productiva regional. Por eso atacan a los líderes que defendieron el plan del Mercosur.
La construcción de un nuevo orden multipolar exige que América Latina hable con voz propia en escenarios multilaterales como los BRICS, la UNASUR y la CELAC. La fortaleza económica de un Brasil industrializado conducido por Lula y la recuperación del rumbo nacional en la Argentina son los requerimientos materiales para disputar el sentido geopolítico del siglo XXI.
Desde el Instituto Patria, el mandato histórico permanece inalterable: la integración regional no se pide, se construye organizando el poder popular.
Por todo esto: Lula Presidente! Cristina libre para una democracia plena!

