Guillermo Moretti, uno de los vicepresidentes de la Unión Industrial Argentina (UIA) y referente de la Federación Industrial de Santa Fe, trazó un duro diagnóstico sobre el estado del sector fabril en una entrevista con la periodista Nancy Pazos en Radio 10. Con una perspectiva crítica frente a la actual coyuntura económica, el empresario advirtió que la recesión golpea con especial dureza a la actividad constructora e industrial, remarcando que «la caída es muy muy fuerte en todo lo que sea la construcción». Esta desaceleración generalizada no solo frena el crecimiento del sector privado, sino que empieza a traducirse en despidos y en una ociosidad de las plantas fabriles que ya operan por debajo del 50% de su capacidad productiva.
Rosario y el desplome acumulado en el corazón fabril
El retroceso productivo no se manifiesta de manera homogénea en el territorio nacional, pero los datos oficiales de la provincia de Santa Fe —donde se ubica Rosario, señalada como la ciudad con mayor densidad fabril de Argentina— evidencian una caída sistemática en la facturación a valores constantes durante los últimos tres ejercicios. Según las estadísticas de la Federación Industrial santafesina, tras una contracción del 26,4% en 2024 respecto a 2023, la actividad retrocedió un 8,8% adicional en 2025, acumulando una baja extra del 10,2% en el primer semestre de 2026. Ante este panorama continuo de deterioro, Moretti fue categórico al señalar que «la caída de este año es peor que la del año anterior», confirmando que el entramado de pequeñas y medianas empresas está lejos de encontrar un piso en su actividad.
La pinza de costos y la erosión del mercado interno
La crisis de rentabilidad empresaria se explica por una pinza letal entre la evolución de los precios de los productos manufacturados, la inflación general y el desmedido aumento de las tarifas de los servicios públicos de energía. Durante el año 2025, mientras la inflación general trepó al 243% y los servicios escalaron un 400%, los productos de origen industrial apenas pudieron actualizarse en un 144%. Esta brecha de rentabilidad devora los márgenes de las fábricas y, en paralelo, destruye los ingresos de los hogares argentinos, provocando una retracción alarmante en el consumo masivo que golpea incluso a la alimentación. El dirigente industrial resumió este cuadro social de descapitalización al afirmar que «a los trabajadores se le va terminando la capacidad de consumo».
Costos logísticos: el absurdo del transporte interno
A la caída de la demanda interna se suman distorsiones de carácter estructural que restan competitividad a las economías regionales frente al mercado internacional, especialmente en lo que refiere a la logística del transporte por carretera. La desregulación tarifaria de los fletes terrestres y el aumento de insumos clave como el combustible generan anomalías geográficas que desalientan la integración nacional, encareciendo el traslado hacia las terminales portuarias. El directivo santafesino graficó este estrangulamiento con un contraste revelador: «Si vos traés desde Jujuy al Puerto Rosario en camión te sale más caro que sacarlo desde el puerto de Rosario al puerto de Rotterdam».
Políticas públicas y el dilema del desarrollo nacional
El debate de fondo planteado por la representación industrial excede la mera administración de la crisis cambiaria o inflacionaria y apunta directamente a la necesidad de implementar políticas de Estado que protejan el empleo de los habitantes. Moretti remarcó la urgencia de redefinir el rol estatal frente a las corrientes globales y locales que marginan la actividad productiva de las pymes, enfatizando «la importancia que tiene el Estado en tomar las distintas políticas para que haya un desarrollo para la Argentina». Sin este andamiaje de fomento productivo, el sostenimiento de una población de 47 millones de habitantes se presenta como un desafío social y político de extrema fragilidad para el corto y mediano plazo.

