La recesión en el mercado interno argentino sumó un nuevo capítulo en marzo de 2026. Según los datos oficiales del INDEC, las ventas totales a precios constantes en supermercados registraron una caída del 5,1% respecto al mismo mes del año anterior. El dato no solo confirma la tendencia negativa del primer trimestre —que ya acumula una baja del 3,1%— sino que expone el agotamiento de la capacidad de compra de los hogares.
Pese a que la serie desestacionalizada mostró una variación nula (0,0%) respecto a febrero, el estancamiento en niveles históricamente bajos impide hablar de una recuperación. La realidad de las góndolas desmiente cualquier relato de reactivación inmediata.
Financiar el plato de comida
Uno de los datos más alarmantes que arroja el informe técnico es la composición del gasto según el medio de pago. En un contexto de pérdida de poder adquisitivo, las tarjetas de crédito se han convertido en el principal sostén del consumo alimentario, representando el 44,9% de las ventas totales.
Mientras tanto, las ventas en efectivo solo alcanzan el 16,6%, lo que sugiere que una porción mayoritaria de la población ya no cuenta con liquidez para afrontar los gastos básicos de subsistencia. El crecimiento del 47,5% interanual en el uso de «otros medios de pago» (billeteras virtuales y QR) también refleja un desplazamiento hacia herramientas digitales que, en muchos casos, ofrecen créditos de corto plazo.
Ajuste en el empleo y brecha territorial
La crisis del sector no solo se manifiesta en la facturación, sino también en la estructura laboral. El personal ocupado total en supermercados alcanzó los 96.782 asalariados en marzo, lo que representa una reducción del 2,3% en la plantilla laboral respecto al año pasado. El eslabón más débil de la cadena, el de «cajeros, administrativos y repositores«, sufrió la mayor caída con un retroceso del 2,6% interanual.
En términos territoriales, la desigualdad se profundiza. Mientras la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) lidera las ventas por habitante con $140.980, provincias como Santiago del Estero apenas alcanzan los $13.134 por habitante. Esta brecha de más de diez veces evidencia un país fragmentado donde el acceso a bienes de consumo masivo está condicionado por la jurisdicción de residencia.
Precios que no dan tregua
Aunque el informe destaca aumentos nominales en rubros como Carnes (41,9%) y Panadería (27,0%), estos incrementos deben leerse bajo la lupa de la caída general de las ventas constantes. Estos saltos en precios corrientes, muy por encima del promedio de ventas, señalan que el gasto de las familias se concentra cada vez más en alimentos básicos esenciales, resignando otros rubros como «Electrónicos y artículos para el hogar«, que cayeron un 7,2% en términos nominales.
La Encuesta de Supermercados de marzo de 2026 es el reflejo de una economía que ajusta por el consumo básico. Con menos empleados en las cajas y más deudas en las tarjetas, el escenario para el segundo trimestre sigue marcado por la incertidumbre y la pérdida de bienestar social.

