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Financiar la góndola: Miceli advierte sobre la «bicicleta para comer» y el fracaso del modelo de consumo

La exministra Felisa Miceli analiza la caída del consumo y el endeudamiento de las familias en la economía real.

En una entrevista exclusiva para el programa «La García» conducido por Cynthia García en la emisora de las Madres de Plaza de Mayo, AM 530, la exministra de Economía Felisa Miceli cuestionó la veracidad del relato gubernamental sobre la supuesta mejora en los indicadores de consumo. Al analizar la divergencia entre el optimismo del Poder Ejecutivo y el verdadero estado de las finanzas hogareñas, la economista criticó duramente la desconexión presidencial, señalando que «cada vez se aleja más la realidad del presidente» de la vida cotidiana del ciudadano común. La exfuncionaria contrastó las narrativas virtuales difundidas por el oficialismo con el estancamiento y la recesión que se perciben en la calle.

El supermercado como trinchera financiera

Frente a la justificación oficial que minimiza la crisis financiera familiar atribuyendo el endeudamiento al consumo suntuario de electrodomésticos, Miceli contrapuso las preocupantes estadísticas de compras financiadas con plásticos en la canasta básica. En lugar de adquirir tecnología, la economista explicó el drama de las familias que recurren de forma sistemática a los plásticos en las grandes cadenas comerciales, advirtiendo que «la gente cuando no tiene plata este mes una manera de estirar su posibilidad de consumo… es patear para adelante» la compra diaria de alimentos mediante una preocupante bicicleta financiera. Esta dinámica, lejos de representar un aumento genuino de consumo, refleja una estrategia de supervivencia básica ante el agotamiento del efectivo.

Las cifras del INDEC respaldan esta lectura al mostrar contracciones sostenidas de ventas tanto en supermercados como en mayoristas y centros comerciales. Miceli desmintió de manera contundente la versión oficial que asocia el endeudamiento familiar a compras extraordinarias del pasado, remarcando que «no hay de dónde agarrarse para poder decir que la deuda de la gente corresponde a que se vendieron más televisores», ya que las propias estadísticas del sector demuestran una caída constante en esas ventas desde el año 2018. Esta manipulación discursiva busca instalar la idea de un endeudamiento voluntario e irresponsable por parte de la población, invisibilizando la emergencia alimentaria.

Iniciativas congeladas ante una crisis de fondo

La falta de respuestas estatales no se debe a la ausencia de alternativas técnicas, sino a una parálisis deliberada en los ámbitos institucionales de toma de decisiones. De acuerdo con la exministra de Economía, las propuestas de alivio y reestructuración de pasivos familiares presentadas en el Congreso nacional se encuentran completamente bloqueadas por la alianza de gobierno: «hay 30 proyectos que no se tratan ninguno están todos cajoneados». Esta inacción parlamentaria deja a millones de hogares argentinos sin redes de contención frente a las crecientes tasas de interés y el acoso financiero de las entidades bancarias.

Sin embargo, la especialista advirtió que las regulaciones financieras orientadas a refinanciar deudas son meros paliativos temporales que no desactivarán la bomba de tiempo económica si no se abordan las causas subyacentes del empobrecimiento. Miceli analizó que, de no mediar una recomposición salarial, las familias volverán a quedar atrapadas en la misma espiral de endeudamiento ya que «el desfasaje es estructural no es coyuntural… el desfasaje entre sueldos y precios». En consecuencia, cualquier medida aislada que postergue los vencimientos de deuda sin corregir los salarios reales solo pospondrá temporalmente el colapso financiero familiar.

La ideología detrás del congelamiento del salario

El verdadero obstáculo para revertir esta tendencia reside en la matriz ideológica y en las prioridades de acumulación que rigen el actual modelo económico. Según Miceli, la administración se opone doctrinariamente a cualquier medida de estímulo a los salarios o las jubilaciones debido a una arraigada premisa macroeconómica: «en su esencia en su alma en su carozo está la convicción de que si mejoran los ingresos de la población la población va a demandar más». Desde la óptica oficial, un incremento del consumo popular desataría de inmediato aumentos especulativos de precios por parte de las corporaciones concentradas.

En lugar de intervenir regulando los mercados concentrados o mitigando los excesivos márgenes de ganancia de los proveedores concentrados de servicios y energía, el Gobierno nacional opta por ahogar la demanda doméstica. La exministra concluyó con dureza que las prioridades oficiales se encuentran alineadas con los intereses corporativos antes que con el bienestar social, asegurando que la actual gestión «prefiere que nos muramos de hambre antes de que tomar medidas para mitigar la concentración económica». Así, el endeudamiento de los hogares se consolida como una variable de ajuste estructural para sostener el equilibrio macroeconómico propuesto por el programa actual.

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