El ejército israelí ejecuta una operación de reconfiguración territorial en la Franja de Gaza mediante la construcción de una barrera de tierra masiva que ya alcanza los 23 kilómetros de extensión. Esta infraestructura, según revela un informe de teleSUR basado en datos de The Cradle, divide el enclave costero y se interna en áreas que, bajo los acuerdos de cese al fuego de octubre de 2025, debían permanecer fuera del control militar inmediato.
La fragmentación del mapa gazatí
Las imágenes satelitales confirman que la obra atraviesa comunidades palestinas previamente demolidas, cubriendo más de la mitad de la longitud total de la Franja. Mientras el mando militar justifica la medida bajo la premisa de «impedir infiltraciones y proteger tanto a tropas como a las comunidades israelíes», la magnitud de las demoliciones y la nivelación de tierras agrícolas sugieren una intención de permanencia que trasciende la seguridad táctica. Ante este escenario, el Dr. Mohammad Abu Afash, director de Ayuda Médica en la zona, advierte que «la situación requiere una intervención urgente» para frenar el deterioro de las condiciones de vida de la población desplazada.
El estancamiento de la «Línea Amarilla»
La denominada «Línea Amarilla» fue concebida originalmente como un límite temporal para el repliegue de tropas en el marco de un plan de paz estadounidense. Sin embargo, la construcción actual sobrepasa este perímetro por márgenes que van desde los 400 metros en Jan Yunis hasta los 1.300 metros en sectores de Rafah. Esta expansión territorial, acompañada de la creación de nuevas redes viales y bases militares sobre ruinas palestinas, ha transformado lo que debía ser una demarcación de tregua en una frontera de facto. En este contexto de asedio constante, Abu Afash señala que es imperativo «suministrar medicamentos, insumos médicos y servicios de atención sanitaria antes de que la crisis empeore».
Colapso sanitario tras la ocupación
La consolidación de la barrera física se produce en paralelo a una crisis de salud pública que organizaciones internacionales califican de crítica. La destrucción de hospitales y la falta de infraestructura básica han facilitado la propagación de enfermedades infecciosas, detectándose recientemente un brote de varicela con casi 10.000 casos en campamentos de desplazados. La gestión de esta emergencia resulta casi imposible bajo la fragmentación territorial impuesta, lo que refuerza la denuncia de Abu Afash sobre la necesidad de suministros, dado que «el sector médico ha colapsado» tras meses de hostilidades y bloqueos sistemáticos.

