La desinflación que celebra el Poder Ejecutivo encuentra una explicación severa en la recesión profunda de la economía real. En entrevista con la periodista Cintia García durante el programa La García por AM 530 (Somos Radio), el magíster en Economía Política y director del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), Hernán Letcher, desarticuló los festejos oficiales en torno al último Índice de Precios al Consumidor (IPC).
Para el titular del CEPA, el 1,7% de variación mensual no refleja un éxito macroeconómico, sino el síntoma de una contracción destructiva del consumo popular. “Con lo que masacraste la actividad y el consumo, que te dé 1,7% la inflación es un escándalo”, sentenció Letcher, caracterizando el proceso económico bajo el concepto noventista de la «paz de los cementerios».
El sesgo del IPC: alzas en lo esencial y caída en el consumo postergable
El análisis detallado de la estructura de precios revela que las mayores subas se concentraron en rubros inflexibles a la baja, como educación, salud y servicios esenciales. Por el contrario, los componentes que arrastraron el índice hacia abajo corresponden a sectores prescindibles —como prendas de vestir y recreación— donde el consumo directamente colapsó por falta de ingresos.
Letcher enfatizó que la medición tradicional del haber real mediante el deflactado simple por IPC oculta el estrangulamiento del «ingreso disponible». Al descontar de los salarios los montos fijos dedicados al transporte, los servicios públicos e insumos básicos de subsistencia, el margen sobrante de las familias trabajadoras muestra un deterioro infinitamente más grave que el informado por las estadísticas promedio.
Financialización de la subsistencia: tarjetear la comida y morosidad límite
Esta brecha estructural entre ingresos reales y gastos ineludibles empujó a amplios sectores de la población a situaciones financieras críticas. Ante la insuficiencia salarial, los hogares recurren sistemáticamente al endeudamiento con tarjeta de crédito o préstamos personales para comprar alimentos y abonar cuotas escolares.
El director del CEPA alertó sobre los niveles gravísimos de morosidad que registra el sistema financiero. Las familias alcanzaron el límite material de ajuste cotidianos, evaluando incluso el corte de servicios básicos en el hogar para cerrar el mes. A su vez, los bancos restringen el crédito y endurecen costos financieros, drenando aún más capacidad de compra de la economía real para destinarla al pago de intereses.
Derecho a la vivienda: alquileres que duplican la inflación
A este panorama se suma el impacto de la desregulación en el mercado inmobiliario. Datos expuestos en el programa a partir de relevamientos de Inquilinos Agrupados confirman que el ajuste de los contratos de alquiler duplica la tasa de inflación en el Gran Buenos Aires y en diversas regiones del país.
Letcher precisó que la liberación contractual y la flexibilización de los plazos de renovación no generaron mayor accesibilidad ni frenaron las subas. Al contrario, la dinámica de mercado mantiene precios dolarizados e incrementos acumulados inviables para los inquilinos, demostrando la ineficacia del esquema de desregulación y de tipo de cambio planchado.
Crisis industrial sin piso: parques industriales en alerta roja
El aspecto más alarmante señalado por el economista reside en el sector manufacturero, donde no se divisa un suelo para la actividad. A diferencia de otros ciclos recesivos que registran un rebote técnico rápido, la producción industrial continúa en una pendiente negativa continua sin señales de reactivación.
Reuniones recientes con autoridades de cámaras industriales de parques estratégicos, como Pilar y San Martín, confirman proyecciones dramáticas: directivos de esos nucleamientos prevén la desaparición de entre 40 y 50 pymes fabriles antes de fin de año si no se modifica el rumbo.
La combinación de tarifas al alza, tasas de interés en aumento, caída del poder adquisitivo y apertura irrestricta de importaciones amenaza la estructura productiva. En rubros especialmente sensibles como el textil, la oferta importada ya abastece cerca del 70% del mercado interno, destruyendo capacidad instalada de manera irreversible.

