Tras meses de silencio, el teléfono rojo volvió a sonar. El asesor presidencial ruso, Yuri Ushakov, informó que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, inició este lunes una llamada con su par ruso, Vladímir Putin, que se extendió por una hora. Según el Kremlin, el diálogo fue “profesional, franco y constructivo”, una terminología diplomática que intenta dar previsibilidad a una relación cruzada por conflictos activos.
El eje central de la conversación fue el desarrollo de la guerra en Irán. Putin, según las fuentes rusas, insistió en la necesidad de una salida política y diplomática, apoyándose en sus contactos con líderes del Golfo Pérsico y el presidente iraní, Masoud Pezeshkian. Por su parte, Trump ofreció su valoración sobre la operación militar conjunta con Israel, calificando la instancia del diálogo como “no infructuosa”.
El petróleo como arma de presión
La guerra no solo se libra en el terreno. La comunicación entre los mandatarios coincidió con una jornada de extrema volatilidad en los mercados energéticos. El precio del barril de crudo llegó a rozar los 120 dólares para luego retroceder por debajo de los 90, ante la incertidumbre sobre el control del Estrecho de Ormuz.
Putin advirtió sobre el riesgo de una parálisis total de la producción petrolera en la zona del Golfo en el próximo mes si no cesa la desestabilización. Para la región y para Argentina, este escenario tiene implicancias directas: en nuestro país, los combustibles ya registraron saltos del 7%, impactando en la estructura de costos federal.
Ucrania y Venezuela: monedas de cambio
El intercambio no se limitó a Medio Oriente. Trump reiteró su interés en alcanzar un alto el fuego en Ucrania, mientras el Kremlin aprovechó para subrayar los avances de sus tropas en el frente de batalla, utilizándolos como factor de presión para forzar una negociación por parte de Kiev.
Asimismo, la situación en Venezuela formó parte de la agenda. La mención al país caribeño en este marco refuerza la lectura de que la seguridad energética global es hoy la prioridad máxima de las potencias, por encima de las retóricas sobre democratización o soberanía.
La distancia entre el discurso y la realidad
A pesar del tono “constructivo” difundido por las oficinas de prensa, la realidad en el terreno contradice la calma diplomática. Mientras los líderes hablaban, se confirmaba la séptima baja estadounidense en el conflicto y surgían evidencias de que un ataque de EE. UU. habría sido responsable de una explosión en una escuela iraní con al menos 165 víctimas fatales.
La comunicación, más que un principio de paz, parece ser un intento de gestionar el caos para evitar que la escalada bélica termine por hundir la economía global, en un momento donde la inteligencia estadounidense ya advertía que la intervención militar difícilmente logre un cambio de régimen en Teherán.
Fuente: AP News // RT (Russia Today)

