Colombia se encamina hacia un balotaje definitivo el próximo 21 de junio, en un escenario de polarización extrema que ha dejado al sistema electoral bajo la lupa. Con el 100% de las mesas informadas en el preconteo, el abogado de ultraderecha Abelardo de la Espriella obtuvo el 43,74% de los votos, frente al 40,91% del candidato oficialista Iván Cepeda.
Sin embargo, la institucionalidad del proceso ha sido puesta en duda desde lo más alto del Poder Ejecutivo. El presidente Gustavo Petro anunció que no reconoce los resultados del preconteo gestionado por una firma privada, alegando que los algoritmos del software fueron alterados tres veces en la última semana. Según Petro y Cepeda, existe un desfase de entre 866.000 y 885.000 cédulas entre el censo oficial y el utilizado por la empresa contratada.
El fantasma del fraude y la injerencia
La narrativa de la irregularidad no se limita a cuestiones técnicas. Iván Cepeda, en declaraciones recogidas por teleSUR y Sputnik Mundo, denunció maniobras de supresión de votos en zonas populares mediante el cambio imprevisto de puestos de votación horas antes de los comicios.
El candidato oficialista fue más allá y señaló una abierta intromisión de gobiernos extranjeros, mencionando específicamente al presidente ecuatoriano Daniel Noboa y sectores diplomáticos de Estados Unidos como cómplices en un intento de desestabilizar la votación progresista en el sur del país. Cepeda calificó la situación como una estrategia de sectores tradicionales vinculados a intereses geoestratégicos de Washington.
El colapso de la derecha tradicional
Uno de los datos políticos más significativos de la jornada fue el hundimiento del Centro Democrático. La candidata de Álvaro Uribe, Paloma Valencia, obtuvo un magro 6,92%, una cifra históricamente baja para el movimiento que dominó la política colombiana por décadas.
Expertos consultados por Página|12 sugieren que el electorado uribista optó por el «voto útil», desplazándose hacia la propuesta de «mano dura» de De la Espriella. Valencia ya ha manifestado su apoyo incondicional al candidato de ultraderecha para evitar la continuidad del «neocomunismo».
Dos modelos antagónicos frente a frente
Abelardo de la Espriella: Un «outsider» con residencia en Estados Unidos y nacionalidad italiana, admirador confeso de Javier Milei y Nayib Bukele. Propone la construcción de megacárceles, la eliminación de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y una «motosierra» estatal para reducir el gasto público. Su pasado como abogado de paramilitares y narcotraficantes ha sido un eje central de las críticas de sus opositores.
Iván Cepeda: Histórico defensor de los derechos humanos y pieza clave en los procesos de paz. Su programa busca consolidar las reformas sociales de Petro, como la reforma agraria y la educación pública gratuita, bajo la promesa de defender a sectores vulnerables y minorías étnicas.
Con una participación del 57,7%, superior a la de 2022, Colombia se prepara para tres semanas de campaña que prometen ser hostiles. Mientras De la Espriella arenga desde escenarios blindados hablando de «ponerle la raya al tigre», el Pacto Histórico apuesta a una revisión minuciosa de las actas por parte de las comisiones escrutadoras antes de emitir un juicio definitivo sobre la transparencia del sistema.

