El primer ministro británico, Keir Starmer, anunció formalmente la intención de su administración de prohibir el acceso a redes sociales para todos los menores de 16 años en el país.
De ratificarse la medida por el Parlamento, el Reino Unido se convertiría en el segundo país del mundo en implementar una restricción de este tipo, tras la experiencia pionera de Australia en 2025.
La decisión surge a partir de una consulta pública que recolectó más de 100.000 respuestas, donde nueve de cada diez padres respaldaron el veto ante la creciente preocupación por el bienestar emocional de sus hijos.
«Las redes sociales están haciendo infelices a los niños», afirmó Starmer, quien enfatizó que estas plataformas facilitan el hostigamiento y afectan la salud mental de los jóvenes.
La estrategia «Australia Plus» y el control de algoritmos
El proyecto británico se enmarca en una estrategia de seguridad digital más amplia denominada “Australia Plus”. Esta normativa no solo apunta a las redes sociales tradicionales como TikTok, Instagram, Facebook y YouTube, sino que contempla restricciones adicionales para funciones específicas en plataformas de videojuegos y servicios de streaming.
Entre las medidas técnicas analizadas, el gobierno prevé limitar el desplazamiento infinito (infinite scrolling), las notificaciones push y los sistemas de recomendación personalizada, al considerar que estas funciones están diseñadas para incrementar la adicción digital.
Asimismo, se prohibirían los mensajes directos con desconocidos en plataformas de juegos como Roblox y el uso de chatbots de acompañamiento romántico para menores de 18 años.
Para garantizar el cumplimiento, se reforzarán mecanismos de verificación de edad mediante análisis facial, validación de datos bancarios e identificaciones digitales.
No obstante, quedarán exentos servicios de mensajería como WhatsApp y Signal, así como plataformas educativas.
Impacto en la salud mental y el desarrollo cerebral
La base científica del reclamo gubernamental coincide con investigaciones recientes sobre el neurodesarrollo. Según el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (Ontsi) de España, el 33% de los adolescentes de entre 12 y 16 años se encuentra en riesgo de hacer un uso compulsivo de servicios digitales.
El informe detalla que el uso problemático se asocia a menores niveles de autoestima, depresión, ansiedad y trastornos del sueño.
Por su parte, la Dra. Teresa Torralva, en una guía para la institución INECO, explica que el cerebro adolescente atraviesa una maduración asincrónica: el sistema emocional (límbico) alcanza su máxima reactividad antes de que la corteza prefrontal —encargada del control de impulsos— termine de desarrollarse. Esto hace que los jóvenes sean particularmente sensibles a las recompensas inmediatas de los «likes» y a la aprobación social.
Un estudio de la UOC y la UPF añade una dimensión de género al conflicto, señalando que las chicas valoran de forma más negativa el impacto de Instagram y TikTok sobre su bienestar psicológico.
Según las investigadoras Mònika Jiménez y Mireia Montaña, las adolescentes sienten una mayor presión por la imagen física y la validación externa, lo que aumenta el riesgo de padecer trastornos de la conducta alimentaria (TCA).
El escenario internacional y la resistencia de las plataformas
El anuncio británico ha generado un rechazo inmediato por parte de los gigantes tecnológicos. Empresas como Meta, YouTube y Snapchat advirtieron que prohibir el acceso a redes reguladas podría empujar a los jóvenes hacia alternativas menos seguras y no supervisadas. «Las prohibiciones corren el riesgo de aislar a los adolescentes de sus comunidades», señaló un portavoz de Meta en declaraciones recogidas por el medio WIRED.
A nivel europeo, España también ha dado pasos hacia una regulación similar. En septiembre de 2025, el Congreso de los Diputados aprobó la tramitación de una ley orgánica para la protección de menores en entornos digitales, la cual propone elevar la edad mínima de registro en redes sociales de 14 a 16 años.
Mientras el debate legal avanza, organismos internacionales como la OMS e UNICEF insisten en que, si bien el control es necesario, la clave reside en la alfabetización digital y el acompañamiento familiar para desarrollar la autorregulación en los menores.

