98 años del nacimiento de Ernesto Guevara: entre Rosario y el mundo
Este domingo 14 de junio de 2026, se cumplen 98 años del nacimiento de Ernesto “Che” Guevara en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Según consigna el diario Primera Edición, existe una controversia histórica sobre la fecha precisa, ya que algunas fuentes sugieren que el nacimiento ocurrió en realidad el 14 de mayo, un mes antes de lo registrado oficialmente.
Hijo de una familia que alternaba su vida entre Buenos Aires y Caraguatay, en la provincia de Misiones —donde poseían plantaciones de yerba mate—, Guevara pasó gran parte de su infancia en Córdoba. La familia se trasladó a esa provincia en 1930 buscando un clima favorable para tratar el asma persistente que afectó a Ernesto desde temprana edad, permaneciendo allí durante 17 años.
Formación y ascenso de un líder revolucionario
Guevara se destacó no solo como médico, sino también como político, escritor y periodista. Su rol histórico se consolidó como uno de los principales ideólogos y comandantes de la Revolución cubana entre 1953 y 1959. Tras el triunfo del movimiento, Guevara asumió responsabilidades de Estado en Cuba hasta 1965, desempeñándose como presidente del Banco Nacional y ministro de Industria, además de encabezar diversas misiones diplomáticas internacionales.
Su pensamiento estaba centrado en la necesidad de expandir la lucha armada en el Tercer Mundo para enfrentar el imperialismo. Esta convicción lo llevó a liderar movimientos guerrilleros en diversos países de América Latina y en África, hasta su captura y posterior ejecución clandestina en Bolivia en octubre de 1967, a la edad de 39 años (aunque las fuentes indican que tenía 41 en el momento de su fallecimiento en términos de proyección de edad de su lucha).
El ideal del «Hombre Nuevo» y la batalla cultural
Más allá de su faceta militar, el legado de Guevara incluye una profunda producción teórica. En un artículo publicado originalmente en Página| 12, el periodista Luis Bruschtein destaca que Guevara fue un revolucionario de la acción que utilizó sus escritos como «armas de demolición» para operar sobre la realidad.
Uno de sus aportes más significativos fue la conceptualización del «Hombre Nuevo». Según Bruschtein, Guevara sostenía que para que un proceso revolucionario fuera sustentable, era indispensable una transformación de la subjetividad y de los procesos culturales. En este marco, el «Che» defendió la primacía de los estímulos morales sobre los materiales, argumentando que el motor de la sociedad debía ser la solidaridad y el deseo de ser útil a la comunidad, en lugar del consumo o el éxito individual.
Esta visión impulsó la implementación del trabajo voluntario en Cuba y generó debates económicos sobre la desaparición del dinero en la cadena de producción. Aunque algunas de estas ideas fueron descartadas en su momento por la necesidad de eficiencia económica del Estado cubano, Bruschtein señala que la esencia de su pensamiento persiste en lo que hoy se denomina la «batalla de ideas».
Tras su ejecución, la figura de Guevara trascendió el plano político para convertirse en un icono global de libertad y justicia, cuya imagen —basada en la célebre fotografía de Alberto Korda— fue adoptada por la juventud del Mayo del 68 y persiste en los movimientos sociales contemporáneos. Este proceso de mitificación se completó en 1997, cuando sus restos fueron finalmente localizados en Bolivia, exhumados y trasladados a Cuba para ser enterrados con honores de Estado, cerrando así el ciclo histórico del máximo referente revolucionario del siglo XX.

