La salud como privilegio y el desfinanciamiento federal
En una entrevista concedida a Roberto Caballero en el programa Caballero de Día por Somos Radio AM 530, la psicóloga e investigadora en Salud Colectiva, Alicia Stolkinner, cuestionó con dureza el rumbo de las políticas sanitarias del Gobierno nacional. Para la especialista, la propuesta de modificar la actual Ley de Salud Mental representa un retroceso conceptual y material, ya que «es una poderosa trampa porque más allá de que podemos discutir cómo revierte categorías… no va a poner plata». Esta falta de inversión estatal, según su análisis, empuja al sistema hacia un modelo donde la atención de calidad queda restringida a sectores con capacidad de pago en sanatorios privados de lujo.
La fragmentación del sistema sanitario también afecta la equidad territorial. Stolkinner recuperó conceptos históricos para señalar que el Estado nacional debe intervenir financieramente para evitar que los ciudadanos tengan accesos desiguales según la riqueza de su provincia, advirtiendo que el modelo actual apunta a «destruir el Estado que en algún punto garantiza derechos para el conjunto de la población». En este marco, la salud deja de ser entendida como un bien público para transformarse en un espacio de oportunidad comercial.
Necropolítica y la gestión del desamparo
Uno de los puntos más críticos de la entrevista fue la suspensión del programa Remediar, que garantizaba el acceso a medicamentos básicos. La investigadora no dudó en calificar esta decisión como una forma de gestión de la muerte: «Eso ya es necropolítica directamente… la política de la muerte». El retiro de estas prestaciones básicas deja a vastos sectores de la población en una situación de «desamparo», obligándolos a abandonar tratamientos médicos y encomendarse a la fe ante la falta de respuestas institucionales.
Este escenario impacta directamente en el tejido social, manifestándose en un incremento de lo que Stolkinner denomina «violencia inorgánica». La especialista señaló que se observan «episodios extrañísimos de aumento de violencia dentro de las escuelas inclusive», además de una opacidad creciente en las estadísticas de violencia familiar debido al cierre de servicios de atención. Cuando los dispositivos de asistencia desaparecen, la demanda se invisibiliza hasta que el conflicto escala a situaciones extremas como el femicidio.
Subjetividades en crisis: del «no hay futuro» a la construcción colectiva
El análisis de Stolkinner también abordó el clima emocional de la época, describiendo una tendencia hacia la «depresión social» y la tristeza. Para las nuevas generaciones, la falta de una perspectiva de crecimiento se traduce en una consigna de «non future», similar a la surgida en las reformas neoliberales previas. Según la psicóloga, el modelo actual está subordinado a la acumulación de ganancias a costa de la vida misma, generando una sensación de que «la neta no hay futuro» entre los jóvenes.
Sin embargo, frente a lo que definió —citando a Spinoza— como la producción deliberada de «pasiones tristes» que buscan desmovilizar a la ciudadanía, Stolkinner propuso una resistencia basada en los vínculos primarios. La experta enfatizó la necesidad de recuperar la potencia colectiva y la alegría como herramientas políticas, concluyendo que, ante el desprecio por lo común, hoy más que nunca «hay que militar la amabilidad» y confiar en la capacidad de los grupos sociales para reinventarse, tal como ocurrió en otros momentos trágicos de la historia argentina.

