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Crisis económica: Tiempo de ruptura del modelo

El modelo se agotó, lo que cruje es la idea de economía y sociedad que soñó el gobierno de Cambiemos.


Por Roberto Feletti

En la columna pasada advertíamos que el programa económico había ingresado en un “punto de ruptura”, dado que la repetición de las políticas aplicadas era insuficiente para contener la escalada de las variables. En efecto, ni la venta de reservas internacionales ni la suba de la tasa de interés frenan la disparada del tipo de cambio y de los precios.

Los agentes económicos consideran agotada la presente etapa de abultada renta primaria y financiera solventada con endeudamiento del sector público y una inexplicable asistencia del FMI, procediendo, en consecuencia, a consolidar los beneficios obtenidos y aguardar el próximo dispositivo económico.

Esta realidad ha arrinconado a un Gobierno que esta semana planteó la reestructuración de la deuda contraída con los mercados durante su gestión. Por ello, ha incorporado medidas parciales de regulación cambiaria para impulsar el ingreso de divisas por exportaciones y limitar la salida por dividendos de los bancos. Nada de eso impidió la caída vertiginosa de las reservas internacionales, ni la salida de depósitos de los bancos, ni la suba de riesgo país hasta los niveles de hace quince años.

Estamos ante los síntomas inequívocos de ruptura de un programa económico que, en el escaso tiempo de mandato de un gobierno constitucional, ha colocado a la Argentina en una situación de colapso socioeconómico que remeda las crisis de 1989 y 2001. 

Sin embargo, esas crisis que surcaron los conflictos y los fracasos de las dos primeras décadas de democracia se encuentran teñidas del saldo horrendo de una dictadura cívico-militar y de la conmoción mundial que significó el fin de la Guerra Fría. En cambio, este abismo en el cual el gobierno de Cambiemos ha depositado a la Argentina en un breve lapso sólo puede ser explicado desde una concepción de clase social privilegiada y un deseo de liderazgo absoluto que pretendió ejercer el presidente Macri.

Endeudamiento público descomunal en un bienio, apertura comercial irrestricta en un mundo en guerra proteccionista y la recomposición brutal de las ganancias del sector primario y financiero a expensas de los ingresos populares. Estas medidas sólo pueden ser llevadas adelante por quienes pretenden resucitar un país modelado hace 140 años, de espacios vacíos para ser explotados y pocos habitantes, predominantemente inmigrantes. Ese diseño involucra una valoración peyorativa de la soberanía popular expresada en elecciones.

El presidente Macri se equivoca cuando culpa a los argentinos de la crisis como resultado de su voto. Quienes le dan la espalda son los agentes económicos, que perciben el final abrupto y rápido de su modelo imaginario y se retiran a recontar los ingentes beneficios de la ilusión macrista esfumada.

Como ya se dijo, el pueblo argentino concurrió a las urnas sereno y el veredicto de los comicios arrojó la esperanza de recuperar un país viable que le permita abandonar una vida de subsistencia para reconstruir proyectos de vida.

Desde la semana próxima nada será como se venía desarrollando. Se caminará, no sin dolor, hacia un nuevo esquema de economía y sociedad. Es tiempo de ruptura con la recreación de un pasado de hace un siglo y medio.

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