El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció a través de su cuenta en Truth Social la firma de un convenio de seguridad «indefinido» con el Reino de Dinamarca y las autoridades de Groenlandia. Según la retórica de la Casa Blanca, el acuerdo otorga a Washington el «control permanente sobre la seguridad y todas las demás necesidades» de la isla. Para reforzar el relato oficial, el secretario de Estado, Marco Rubio, sostuvo ante la cadena estadounidense Fox News que el pacto garantiza la protección del territorio «a costo cero» para los contribuyentes de su país, argumentando que Dinamarca carece de la capacidad financiera para defender el área por sus propios medios.
Sin embargo, detrás del encuadre defensivo y de la narrativa triunfalista impulsada por la administración republicana, analistas e informes internacionales remarcan que el verdadero eje de la disputa radica en el valor geoeconómico y las riquezas naturales que alberga el subsuelo groenlandés.
El tesoro oculto bajo el hielo: tierras raras, energía y minerales críticos
La fijación de Washington con la isla insular no es casual ni puramente simbólica. El subsuelo de Groenlandia contiene inmensas reservas de minerales valiosos y estratégicos para la transición tecnológica y la industria militar. Entre ellos destacan yacimientos de tierras raras, uranio, oro, plata, cobre, plomo, zinc, grafito, olivino, criolita y mármol, así como depósitos de carbón y piedras preciosas.
A esta riqueza minera se le suman considerables reservas potenciales de petróleo y gas natural. Pese a que solo se han explorado pequeñas porciones de la isla debido al espeso manto de hielo y las extremas condiciones climáticas, la paulatina retirada de los glaciares abre un horizonte comercial que despierta la codicia de las grandes potencias mundiales.
Un cerco militar y diplomático frente a Rusia y China
En el plano geoestratégico, la ubicación de Groenlandia resulta determinante: representa la ruta más corta entre Europa y América del Norte. En la isla, el Ejército estadounidense opera de forma permanente la base aérea de Pituffik, un nodo clave dentro de su sistema de alerta temprana de misiles balísticos.
Con el nuevo pacto, Washington busca ampliar su despliegue mediante la colocación de radares destinados a vigilar los accesos marítimos entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido, paso obligado para los buques de la Armada rusa y sus submarinos nucleares. Asimismo, el texto firmado establece que ningún adversario de Estados Unidos podrá instalar bases, mantener presencia militar ni realizar «inversiones sensibles» en la isla sin la aprobación explícita y por escrito de la Casa Blanca, cerrando así la puerta al capital chino y a la influencia militar de Moscú.
Entre la narrativa triunfalista de Washington y el freno institucional europeo
A pesar de las afirmaciones de Trump sobre la obtención de un «sueño hecho realidad», las autoridades de Copenhague y Nuuk salieron a matizar el alcance real de las concesiones. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, subrayaron mediante comunicados oficiales que el convenio reconoce la soberanía del Reino de Dinamarca, su integridad territorial y el derecho inalienable del pueblo groenlandés a la autodeterminación.
En la misma perspectiva, el ministro de Asuntos Exteriores de la isla, Múte B. Egede, declaró en una entrevista con medios locales recogida por RT que no se cruzó ninguna de las «líneas rojas» autonómicas. Egede aclaró que Groenlandia siempre estuvo dispuesta a profundizar la cooperación en defensa, pero sin ceder soberanía sobre el territorio ni sobre sus recursos.
De la extorsión arancelaria a la ratificación del statu quo
Este entendimiento cierra un período de alta tensión geopolítica iniciado en 2019 y profundizado en 2025, cuando Trump llegó a contemplar el uso de la fuerza militar y aplicó un arancel del 10 % a las exportaciones de aliados de la OTAN que desplegaron tropas en la isla para realizar maniobras preventivas. Las sanciones económicas fueron anuladas tras un encuentro entre Trump y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que sentó las bases de la negociación final.
Analistas citados por The New York Times, así como comentaristas de los medios daneses TV2 (Torsten Jansen) y Berlingske (Jacob Heinel Jensen), coinciden en que el pacto no aporta atribuciones sustanciales inéditas a Estados Unidos respecto a las ya fijadas en el tratado bilateral de 1950. Expertos como Imran Bayoumi, del Atlantic Council, y Marc Jacobsen, del Colegio Real de Defensa de Dinamarca, señalan que el resultado permite a la Casa Blanca proyectar un triunfo narrativo hacia su electorado, mientras Dinamarca preserva el statu quo legal y Groenlandia obtiene garantías de inversión para su desarrollo socioeconómico. El documento definitivo se firmará la próxima semana en el marco de la Asamblea General de la ONU y requerirá ratificación parlamentaria.

