Durante más de cuatro décadas, Carlos Alberto Solari fue una de las figuras más influyentes de la cultura argentina. Cantante, compositor y líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y más tarde de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, construyó una obra que trascendió al rock para convertirse en un fenómeno social y generacional, dijo el diario Tiempo Argentino.
Su muerte, a los 77 años, cierra una trayectoria única en la música popular del país. Nacido en Paraná y criado en La Plata, el Indio representó mucho más que un artista: fue una referencia cultural que acompañó distintas etapas de la historia argentina, desde la contracultura de los años setenta hasta los desafíos sociales y políticos de las últimas décadas.
La leyenda comenzó a gestarse a mediados de los años setenta con Los Redondos, un proyecto artístico independiente que combinaba música, teatro y poesía. Con el tiempo, aquella experiencia se transformó en el fenómeno más convocante del rock argentino, consolidando una mística que convirtió cada recital en un acontecimiento multitudinario.
La muerte de Carlos Alberto “Indio” Solari, ocurrida este viernes 5 de junio de 2026 a los 77 años, cierra uno de los capítulos más trascendentes de la historia del rock y la cultura popular argentina. El artista falleció en su residencia de Parque Leloir, donde atravesaba desde hacía una década el avance del Parkinson, enfermedad sobre la que alguna vez reflexionó con crudeza: “Esta es una enfermedad que te obliga a aprender a vivir de nuevo”, según consignó el diario Página/12.
Esa lógica contribuyó a forjar el mito ricotero y a consolidar las multitudinarias “misas”, encuentros que reunieron a cientos de miles de seguidores en distintos puntos del país. El vínculo con su público fue siempre uno de los pilares de su carrera. En una de sus últimas apariciones públicas, a través de un mensaje en un recital de Los Fundamentalistas, expresó: “Los quiero mucho, los respeto mucho como público. Son de los mejores del planeta”.
En el plano político, el Indio manifestó en sus últimos años simpatía por el peronismo y el kirchnerismo, aunque mantuvo una mirada crítica sobre la relación entre arte y militancia. Defendía la autonomía de la creación artística y sostenía que los músicos no debían convertir sus obras en herramientas de propaganda. Al mismo tiempo, su producción estuvo atravesada por una permanente preocupación por los sectores más vulnerables de la sociedad.
Su última gran distinción llegó en mayo de este año, cuando la Universidad de Buenos Aires le otorgó el Doctorado Honoris Causa. Debido a su estado de salud, no pudo asistir a la ceremonia, pero agradeció el reconocimiento mediante un mensaje grabado. El homenaje simbolizó el reconocimiento institucional a una figura nacida en los márgenes culturales de los años setenta y convertida con el tiempo en una referencia ineludible de la identidad argentina contemporánea.
Con su partida, el país despide a un artista singular, capaz de construir una obra que desafió interpretaciones simples y que acompañó durante décadas las búsquedas, frustraciones y sueños de millones de argentinos.

