La reciente edificación de la tradicional caminata hacia el santuario bonaerense volvió a exponer la profunda articulación entre la fe popular y el deterioro socioeconómico que atraviesa la Argentina. En declaraciones realizadas al programa Caballero de Día —conducido por Marcos Citadini, Flor Ibáñez y Natalia Salvo en Somos Radio AM 530—, el sacerdote Francisco «Paco» Olveira, referente del movimiento Curas en Opción por los Pobres, confirmó que la movilización «fue muy muy masiva» a pesar de las inclemencias climáticas. Más allá del habitual fenómeno de devoción religiosa, Olveira interpretó que la masividad respondió directamente a la angustia colectiva provocada por el desempleo, la pérdida del poder adquisitivo y el endeudamiento familiar. Desde su rol de acompañamiento territorial, remarcó que «el caminar también es un acto de lucha, un acto de resistencia» frente a las políticas de ajuste que impactan de lleno en los sectores más postergados de la sociedad.
El choque de lecturas dentro de la Iglesia: neutralidad versus compromiso político
El punto de mayor tensión política de la entrevista se centró en el balance de la homilía pronunciada por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva. Si bien el prelado porteño enumeró problemáticas concretas como las deudas urbanas y las afecciones en salud mental, su llamado a erradicar la polarización política encontró un contrapunto explícito en el sector progresista de la Iglesia. Cuestionando la búsqueda de una equidistancia institucional que diluya las responsabilidades del poder económico y político, Olveira polemizó abiertamente con la máxima autoridad eclesiástica de la capital al sostener que «no hay que terminar con la grieta; hay que saber de qué lado de la grieta estamos». Para el referente territorial, la aparente neutralidad obtura la capacidad de señalar las causas estructurales del empobrecimiento.
Cuestionamiento de fondo al modelo económico y las narrativas del odio
El sacerdote profundizó su caracterización del rumbo de la administración nacional conducida por Javier Milei, ubicándola en las antípodas de la doctrina social de la Iglesia y del magisterio del Papa Francisco. En ese contexto, Olveira argumentó que el actual programa oficial representa «un proyecto antievangélico, un proyecto anticristiano, que no piensa en las mayorías y en los pobres». Asimismo, contrapuso la apelación a la pacificación con la asimetría registrada en la violencia verbal y física del escenario político argentino contemporáneo. Al evaluar las tensiones en el debate público, el integrante de Curas en Opción por los Pobres recordó que la agresión más grave no fue discursiva sino institucional, enfatizando que «a la que le fueron a pegar un tiro en la cabeza y no la mataron de milagro fue a Cristina», en clara alusión al intento de magnicidio contra la exvicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Mercantilización de la fe y tensiones ideológicas en la región
Finalmente, el análisis trascendió las fronteras nacionales para abordar la reconfiguración del mapa político y religioso en América Latina, haciendo hincapié en el avance de expresiones conservadoras apoyadas por sectores evangélicos neopentecostales en países como Brasil. Olveira advirtió con preocupación sobre cómo determinados discursos ético-religiosos son instrumentados para direccionar el voto de los sectores populares en contra de sus propios intereses de clase. Al analizar este fenómeno transnacional, denunció la proliferación de estructuras donde «se vuelve una mercancía la fe», generando una alienación ideológica que conduce a que «en nombre de Dios defendamos posturas que son absolutamente antievangélicas». De este modo, la intervención del sacerdote expuso las fracturas internas del campo religioso frente a los procesos de precarización y avance de las ultraderechas en la región.

