Los recientes datos oficiales del INDEC reflejan un incremento del 4,1% en los niveles de pobreza en Argentina, alcanzando al 32,3% de la población —más de 15 millones de personas—, con focos territoriales críticos como la ciudad de Concordia, donde el indicador trepa al 56,2%. En este escenario de marcada recesión y pérdida del poder adquisitivo, la especialista en salud mental, investigadora y docente Alicia Stolkiner profundizó sobre las implicancias subjetivas y sociales de la crisis durante una entrevista brindada a la periodista Cintia García en el programa La García, emitido por Radio AM 530 (La Radio de las Madres). Stolkiner cuestionó las lecturas que naturalizan el empobrecimiento y remarcó que «siempre que aumenta la pobreza por un lado, aumenta la concentración de la riqueza por otro», desarmando el discurso oficial sobre la generación previa de riqueza como condición para la distribución.
Inequidad estructural frente a las lecturas punitivistas
El debate público suele vincular de forma lineal el deterioro socioeconómico con el aumento del delito y las conductas agresivas. Sin embargo, la investigadora precisó que el foco conceptual debe desplazarse de la carencia material hacia la desigualdad estructural de la sociedad. Al analizar los mecanismos de tensión social, la docente enfatizó que «no es la pobreza la que produce violencia, es la inequidad», diferenciando la mera escasez económica de los procesos de exclusión deliberada que fracturan la convivencia.
Sobremortalidad en adultos mayores: medicación inaccesible y desamparo
La crisis económica y las políticas de recorte presupuestario muestran su cara más severa en las estadísticas de mortalidad del sector pasivo. Durante el diálogo radial, la especialista advirtió sobre la existencia de una sobremortalidad en adultos mayores de 65 años, vinculada al haber jubilatorio insuficiente y a las barreras de acceso a tratamientos farmacológicos esenciales. Stolkiner señaló con preocupación que este fenómeno responde a la consolidación de «una sociedad para la cual la vida de determinadas personas no tiene ningún valor», manifestándose en formas silenciosas de abandono terapéutico.
El suicidio como primera causa de muerte violenta en la juventud
El impacto del deterioro social también se registra de manera alarmante en la franja poblacional de 15 a 35 años. Los registros estadísticos reflejan que las muertes por autoprovocación han pasado a encabezar la nómina de decesos violentos en este grupo, desplazando a los siniestros viales. Al examinar este indicador epidemiológico en provincias como Entre Ríos, San Luis y Salta, Stolkiner subrayó que «los suicidios ahora superan los accidentes», lo que evidencia un profundo sufrimiento psíquico e impulsivo en los sectores jóvenes ante la falta de horizontes.
El mandato de la felicidad continua y la trampa del individualismo
El análisis de la especialista no se limita a las variables macroeconómicas, sino que aborda las exigencias culturales de la época. La difusión de mandatos que promueven el éxito individual constante genera techos de expectativa irrealizables que derivan en frustración. La investigadora observó que el contexto actual se agrava porque «nos venden una felicidad continua y permanente como objetivo de salud mental», un parámetro inalcanzable que profundiza la sensación de aislamiento y desesperanza en los sujetos.
La inflación del yo y el debilitamiento de los lazos comunitarios
La ruptura de las redes de contención social y la mirada del semejante como un rival configuran un terreno de alta vulnerabilidad psíquica. Basándose en su extensa trayectoria clínica, la docente advirtió sobre los riesgos de promover un hiperindividualismo que anula la solidaridad colectiva. En ese sentido, Stolkiner remarcó que «si todos los otros son enemigos o competidores, esa inflación del yo explota», haciendo un Ilamado a recuperar la pertenencia comunitaria como resguardo frente al desamparo.
Servicios de salud mental colapsados y la urgencia de redes de acompañamiento
Frente a la alta demanda de atención psicológica y psiquiátrica, el sistema público de salud muestra signos de saturación que dificultan la respuesta oportuna en situaciones de crisis. La especialista compartió experiencias recientes sobre las severas dificultades para gestionar internaciones o dispositivos asistenciales en el ámbito metropolitano. En este marco, Stolkiner confirmó que «los servicios de salud mental están absolutamente colapsados en este momento», por lo que recalcó la necesidad de activar redes afectivas y espacios de escucha comunitaria no medicalizados.
Crueldad institucional, violencia simbólica y cuerpos descartables
El cierre de la entrevista dejó una reflexión crítica sobre el clima de época y los discursos dominantes en los medios y la política. La investigadora alertó sobre la naturalización de mensajes que promueven el goce del sufrimiento ajeno y la deshumanización de los sectores más vulnerables. Con tono categórico, Stolkiner concluyó que «se ha profundizado un sistema de segregación y de fomento de la crueldad en los vínculos», donde la violencia simbólica ubica a miles de personas en la condición de objetos descartables.

