La justicia federal estadounidense enfrenta un desafío que trasciende lo penal para adentrarse en el terreno de la legitimidad constitucional. En la segunda audiencia ante la Corte Federal del Distrito Sur de Manhattan, el proceso contra el presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, quedó marcado por la imposibilidad de la defensa de acceder a recursos económicos debido a las propias sanciones de Washington. Según reportó la corresponsal de Prensa Latina, Deysi Francis Mexidor, la jornada estuvo dominada por la pregunta de si un Estado puede “bloquear los fondos del acusado y exigirle que se defienda al mismo tiempo”.
El analista político Josafat Hernández, en declaraciones para Sputnik Mundo, sostiene que esta situación evidencia que para la nación norteamericana “la legalidad del proceso queda totalmente de lado”, priorizando una agenda de confrontación. Esta asimetría jurídica plantea una contradicción fundamental con la Sexta Enmienda de la Constitución de EE.UU., que garantiza el derecho a una defensa efectiva. Al respecto, Hernández señaló que el mandatario se encuentra “indefenso, sin ninguna posibilidad de poder acceder a recursos que le permitan mostrar su inocencia” debido al cerco financiero.
La «rendija» jurídica y el argumento de la mala fe
A pesar de la gravedad del planteo, el juez Alvin Hellerstein rechazó desestimar los cargos de forma inmediata, aunque dejó abierta una instancia crítica para el Departamento del Tesoro. Según la información publicada por teleSUR, el magistrado sugirió que podría revisar su postura si se determina que el Gobierno estadounidense actuó de “mala fe” al retener los recursos destinados al equipo legal. Esta decisión, para el abogado venezolano Juan Martorano, consultado también por Sputnik, constituye un punto de inflexión donde el juez busca proteger la integridad del sistema federal, pues “el sistema de justicia federal de EEUU no pretende suicidarse ni acabar con jurisprudencias que tienen siglos”.
Sin embargo, la presión política sobre el estrado es ostensible. Momentos antes de la audiencia, Donald Trump calificó públicamente a Maduro como un “hombre peligroso”, vinculándolo con el narcotráfico sin presentar pruebas en ese contexto. Martorano advierte que estos movimientos demuestran que “el caso no se está manejando jurídicamente, se está manejando políticamente”, funcionando más como un mecanismo de presión territorial que como un juicio ordinario.
Implicancias y el factor humanitario
El proceso, que se inició tras lo que las autoridades de Caracas denuncian como un secuestro mediante una incursión aérea el pasado 3 de enero, mantiene a la pareja presidencial bajo custodia en Brooklyn desde hace más de 80 días. En este escenario, la defensa, liderada por Barry Pollack —conocido por representar a Julian Assange—, insiste en que el bloqueo de la OFAC hace inviable un juicio con garantías mínimas, afirmando que “Washington viola la Sexta Enmienda y el derecho al debido proceso” al asfixiar financieramente a los acusados.
Más allá de la geopolítica, la audiencia reveló un aspecto humanitario hasta ahora silenciado: el estado de salud de Cilia Flores. Según Martorano, el juez Hellerstein debió ordenar “exámenes exhaustivos” para la primera dama debido a una condición cardíaca delicada. Mientras tanto, en las afueras del tribunal, la movilización popular persiste, evidenciando una tensión que, en palabras de los analistas, el sistema judicial “por su propia naturaleza, no tiene forma de registrar”, pero que condiciona cualquier salida política al conflicto.

