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Trump y la guerra con Irán: Las cuatro opciones de The Economist

Un informe del semanario británico The Economist, difundido por RT, advierte que la administración Trump carece de una estrategia de salida exitosa tras cuatro semanas de hostilidades. El bloqueo del estrecho de Ormuz y el costo civil marcan el ritmo de un conflicto estancado.

La administración de Donald Trump transita la cuarta semana de una escalada bélica contra la República Islámica de Irán sin un plan de contingencia sólido. Un reciente análisis publicado por el semanario británico The Economist y recogido por la señal RT sostiene que el mandatario estadounidense enfrenta un escenario donde tiene cuatro caminos posibles, bajo la premisa de que «ninguna de las cuales es buena». Mientras el discurso oficial desde Washington intenta proyectar una posición de fuerza, la realidad en el terreno muestra un conflicto empantanado con graves consecuencias humanitarias y económicas.

La diplomacia herida y el fantasma de la «victoria» narrativa La primera opción, un acuerdo de alto el fuego, aparece hoy como la alternativa más remota. La desconfianza de Teherán se profundizó tras haber sido atacada en pleno proceso de conversaciones previas. En este contexto, cualquier mesa de negociación enfrentaría exigencias contrapuestas: Estados Unidos buscaría límites al programa de misiles, mientras que Irán, tras sufrir el asesinato de su Líder Supremo y cúpula militar, exigiría «reparaciones por la guerra». Esta distancia insalvable hace que la salida diplomática sea vista con escepticismo por los analistas internacionales.

Ante la imposibilidad de un pacto, algunos asesores de la Casa Blanca sugieren la que califican como la opción más fiel al estilo del presidente: declarar un triunfo unilateral y retirarse. Según el medio citado, esto consistiría en «vender una agresión inconclusa como un triunfo decisivo», basándose en la supuesta destrucción de infraestructuras militares iraníes. Sin embargo, este relato choca con la realidad estratégica, ya que una retirada prematura dejaría el estrecho de Ormuz bajo control persa, manteniendo la inestabilidad en una ruta por donde circula el 20% del petróleo mundial.

Prolongación del asedio o la peligrosa «huida hacia adelante» La tercera vía que baraja el Pentágono junto a sus aliados israelíes es la prolongación de la campaña de bombardeos. El objetivo declarado sería erosionar la capacidad de respuesta iraní o forzar un colapso gubernamental. El riesgo de esta estrategia es la capacidad de Irán para «golpear otros frentes», intensificando ataques contra infraestructuras críticas en los países del Golfo Pérsico que respaldan la logística estadounidense. Esta situación de desgaste no solo agrava la crisis energética global, sino que profundiza la tragedia social que ya cuenta más de 1.300 civiles fallecidos en suelo iraní.

Finalmente, aparece la opción de máxima tensión: la escalada directa para forzar una rendición. Bajo el concepto de «escalar para desescalar», propuesto por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, se baraja la toma de terminales petroleras clave como la isla de Jarg. No obstante, el análisis advierte que esta maniobra obligaría a las tropas estadounidenses a mantener posiciones bajo un «fuego casi seguro de drones». En última instancia, el conflicto iniciado el 28 de febrero demuestra que, a pesar de la retórica de «destrucción total», el gobierno de Trump «no tiene una forma fácil de terminar lo que empezó».

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