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¿Periodista o criminal? La historia de Julian Assange

Héroe, espíritu altruista, periodista comprometido con la verdad… para muchos, Julian Assange es todo eso desde que WikiLeaks publicara las imágenes de un helicóptero estadounidense asesinando a civiles inocentes en Bagdad. Pero no todos comparten esa opinión: para ciertos poderosos individuos, es un villano egocéntrico, un espía que merece algo mucho peor que pasar años encerrado en una embajada y más tarde en una cárcel británica. ¿Qué hay de cierto en todo de lo que se le acusa?


Julian Assange se atrevió a hacer lo que nadie había hecho nunca: creó un buzón digital anónimo conectado a la organización mediática WikiLeaks para permitir la transmisión de enormes volúmenes de datos y facilitar las filtraciones de informantes.

Entre las revelaciones de WikiLeaks figuran archivos que documentaron la realidad de la industria internacional de la vigilancia masiva. «¿Quién de ustedes tiene un iPhone? ¿Quién de ustedes tiene un Blackberry? ¿Quién de ustedes usa Gmail? Pues bien: la han fastidiado», advirtió Assange en 2011.

Los Papeles de Afganistán e Irak —documentos clasificados del Pentágono sobre las acciones bélicas de EE.UU. en esos dos países 2004 y 2009— fueron la mayor filtración de la historia y arrojaron luz sobre crímenes de guerra presuntamente perpetrados por Washington y sus aliados, sin que ningún miembro del Ejército estadounidense haya afrontado responsabilidades por ellos.

«Es interesante lo difícil que es detener a organizaciones como WikiLeaks. Y no acabará con WikiLeaks, incluso aunque WikiLeaks desapareciera, cosa que no parece que vaya a pasar. Se ha convertido en una especie de movimiento guerrillero que lucha por la libertad de expresión». Vaughan Smith, periodista de investigación

Los cables diplomáticos de EE.UU. filtrados por WikiLeaks en 2010 contienen correspondencia diplomática norteamericana desde 1966 hasta 2010 e incluyen 100.000 documentos señalados como «confidenciales» y 15.000 como «secretos». «Si imprimiéramos todos esos cables, cubrirían la distancia que hay entre Moscú y San Petersburgo», comparó Assange para dar a entender la magnitud del material divulgado.

Durante una entrevista en 2011, el fundador de WikiLeaks afirmó que «casi todas las guerras iniciadas en los últimos 50 años han sido resultado de mentiras en los medios de comunicación». «Básicamente, al pueblo no le gusta la guerra, y hay que engañar al pueblo para meterlo en una guerra», razonó.

Descontento mediático

Buscado por el Gobierno de EE.UU. por revelar información clasificada, Assange nunca ha sido del agrado de los medios de comunicación tradicionales, «pues su modelo de publicación representaba una amenaza para su existencia», sostiene la escritora e investigadora académica Suelette Dreyfuss. Renata Avila, exabogada de WikiLeaks, lamenta que ahora los periodistas «no pueden ni siquiera escribir una pequeña nota informando sobre su caso de forma respetuosa».

En los últimos años, los epítetos recibidos por Assange variaron desde «huésped irrespetuoso» y «desagradable» que tiene «problemas de higiene» y deja «excremento embadurnado en las paredes» en un artículo The Guardian, hasta «narcisista con un concepto exagerado de su propia importancia» y comparaciones con un vagabundo en The New York Times. «Lo acusaron de manchar de heces las paredes, lo cual es una locura. Es mentira», comenta a RT el excónsul de Ecuador en Londres, Fidel Narváez.

«No se me ocurre ningún otro periodista o editor que haya ganado grandes premios internacionales de periodismo y de quien los medios de comunicación se hayan quejado porque sus calcetines estuvieran sucios o no se hubiera lavado el pelo. Venga ya, ¿en serio?», agrega Dreyfuss. Periodistas de The Guardian y The New York Times que colaboraron en el pasado con Assange se negaron a hacer comentarios para esta película.

«Podían colaborar con Julian para conseguir la información que poseía, y al día siguiente publicar un artículo tendencioso sobre él; como Bill Keller, en aquella época redactor jefe del New York Times, que lo comparó con un vagabundo. Lo convirtieron en un asunto personal». Angela Richter, directora teatral

En 2011, cuando un tribunal británico le concedió la libertad bajo fianza con la condición de que no abandonara el país, el fundador de WikiLeaks vivió un tiempo en la casa de campo del periodista de investigación Vaughan Smith, la cual se convirtió en su oficina principal hasta que se instaló en la Embajada de Ecuador en Londres bajo asilo político, lugar donde pasaría casi siete años sin salir.

«Nos conocimos antes de que viniera a la embajada, y básicamente, la posibilidad de que Ecuador lo protegiera surgió de esa amistad. Era su última opción», comenta el excónsul Narváez, quien recuerda cómo la misión diplomática se convirtió tras la llegada del australiano en «el lugar más vigilado del mundo durante muchos años».

«El nuevo Gobierno decidió cambiar la política exterior ecuatoriana. Decidieron tener una relación diferente con EE.UU. Y Julian era un obstáculo», agrega Narváez. Ahora Assange está recluido en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh, donde se le niega el derecho de relacionarse con otros presos, denuncia el director de documentales John Pilger. «Me dijo que cuando ve a la gente pasando por delante de su celda, le entran ganas de hablar con ellos», señala.

Assange, ¿espía o periodista?

Según el Departamento de Justicia de EE.UU., que solicita su extradición, Julian Assange no solo recibió información de un informante, porque de ser así no habría hecho nada ilegal, ya que los periodistas tienen derecho a hacerse con información de sus fuentes aunque esta sea clasificada. Sin embargo, el Gobierno estadounidense sostiene que Assange actuó en connivencia con la exsoldado Chelsea Manning y le ayudó a acceder a la información clasificada con el propósito de perjudicar al país norteamericano.

¿Quién es Assange al final? Mientras Washington espera demostrar que es un espía, no un periodista, la periodista Mary Kostakidis lo ve como un «idealista» que «tiene la misión de empoderar la gente con información». «Si a Julian Assange, un editor, lo mandan a la cárcel precisamente por serlo, por informar, y por ninguna otra razón, entonces no hay reglas. En este juego no hay reglas», comenta a su vez el periodista Johannes Wahlstorm.

«Obviamente, WikiLeaks es algo bueno, pero eso tiene un precio», concluye el excónsul ecuatroriano.

 

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