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La crisis incubada por el ajuste de Martínez de Hoz precipitó cambios en meses previos a la guerra

La debacle económica había estallado con un fuerte salto devaluatorio en la moneda y el retorno de procesos inflacionarios y, sobre todo, con la inmensa carga del endeudamiento externo, que pasó de US$ 8.000 millones en 1975 a US$ 45.000 millones en 1983, cuando la dictadura dejó el poder.POR LEANDRO SELÉN

La guerra de Malvinas se llevó a cabo en medio de una crisis económica incubada por el plan de ajuste implementado desde el inicio de la dictadura por el primer ministro de Economía de esos siete años, José Alfredo Martínez de Hoz, y que mostró su descalabro en 1981 con la implosión del modelo de «la tablita», instrumento de devaluación periódica y controlada.

La crisis había estallado con un fuerte salto devaluatorio en la moneda y el retorno de procesos inflacionarios y, sobre todo, con la inmensa carga del endeudamiento externo, que pasó de US$ 8.000 millones en 1975 a US$ 45.000 millones en 1983, cuando la dictadura dejó el poder.

La incertidumbre económica que se precipitaba aceleró la transición del entonces dictador Jorge Rafael Videla a otro dictador, Roberto Viola.

Tras la crisis producida por Martínez de Hoz llega el equipo económico de Lorenzo Sigaut, autor de la frase «el que apuesta al dólar, pierde».

El plan de Sigaut «fracasa, porque se produce un alza de la inflación muy importante, y una pérdida de poder adquisitivo real», explicó a Télam Martin Cuesta, historiador de la UBA e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

A fines de 1981, Leopoldo Galtieri realiza un golpe dentro del golpe, desplaza a Viola, toma el poder y nombra a Roberto Alemann como ministro de Economía, «quien adopta medidas ortodoxas», indicó Cuesta.

Al respecto, precisó que «entre enero y marzo hace un programa ortodoxo clásico, de los que vimos muchas veces en Argentina», y añadió que Alemann «hablaba del plan de las 3D: desregulación, desinflación y desestatización».

De todos modos, señaló que «lo único que llevó a cabo fue una baja de inflación y una fuerte desregulación, lo cual generó una importante devaluación en enero (de 1982), pero no se logra privatizar nada por la oposición del gobierno».

Luego del primer shock, el tipo de cambio se estabiliza y baja la inflación, y a fines de marzo Alemann viaja al exterior para tratar de arreglar la deuda pública de ese momento, que alcanzaba los US$ 17.000 millones, con el objetivo de refinanciar los intereses de ese año.

«Ahí se entera, estando en el exterior, que se tomó Malvinas. A los militares les importaba la guerra, no el plan económico», puntualizó Cuesta.

Durante los días siguientes al inicio de la guerra, el 2 de abril, hubo una corrida de depósitos bancarios para refugiarse en el dólar.

Durante los días siguientes al inicio de la guerra, el 2 de abril, hubo una corrida de depósitos bancarios para refugiarse en el dólar.

Cuesta recordó que «Alemann en una entrevista con (el periodista Bernardo) Neustadt, dijo que ‘a los argentinos les gusta ir a la guerra con efectivo'», para justificar la salida de depósitos.

También destacó que «la guerra se financió con recursos propios», por eso «no generó déficit».

En este punto, discrepan el exsecretario de Hacienda de la dictadura Manuel Solanet y el propio Alemann.

Solanet dijo que en la guerra se gastaron US$ 500 millones, pero Alemann respondió a un periodista de Télam en 1990 que el conflicto armado habían costado US$ 400 millones.

Apenas se declara la guerra, el Reino Unido bloqueó el ingreso de las exportaciones argentinas y a los quince días el resto de Europa Occidental siguió los mismos pasos.

Como consecuencia, las exportaciones cayeron 70%, generando problemas de liquidez de divisas.

«También se bloquearon los bienes de argentinos en Inglaterra. Al entonces jugador de la Selección argentina y del Totenham de ese país, Osvaldo Ardiles, se los bloquearon», recordó Cuesta.

En reciprocidad, la dictadura militar bloqueó los bienes de las compañías británicas en Argentina, y «eso significaba que no se les podía pagar deuda a los bancos ingleses», remarcó el historiador.

Ante esta situación, Alemann resuelve pagar intereses que se vencían en una cuenta especial aparte, para no entrar en default, pero les propone a los acreedores reestructurar la deuda y los bancos aceptan porque no tenían otra salida: el país estaba en guerra.

A partir de ahí, el equipo económico establece un control del mercado de divisas y de la emisión monetaria, y vuelve a haber inflación.

«Por más que la guerra fue lejos del continente, hubo cierta volatilidad, subió la tasa de interés. Y cuando el conflicto termina con la derrota viene la debacle, el tipo de cambio se va por las nubes, hay salidas de depósitos, se sube la tasa de interés para controlar la fuga, pero no se puede», repasó Cuesta, quien graficó que en aquel momento se produjo «un estallido inflacionario».

La devaluación entre enero y junio de 1982 trepó al 321% y el dólar pasó de cotizar de $ 9.500 a principios de ese año a $ 40.000 al fin del primer semestre.

«Junio fue terrible a nivel económico», evaluó el investigador, ya que Galtieri renuncia a su cargo, el Ejército toma el control del Ejecutivo y nombra al frente a Reynaldo Bignone, quien designa a José María Dagnino Pastore como ministro de Economía y a Domingo Cavallo al frente del Banco Central.

De todos modos, «no hay confianza, sigue alta la inflación», analizó Cuesta, quien subrayó que «Dagnino Pastrore y Cavallo duraron un mes, pero fue intenso».

Cuesta explicó que «Dagnino Pastore necesitó urgentemente resolver en los papeles el conflicto bélico porque Galtieri nunca firmó la rendición, quería dinero del Fondo Monetario Internacional (FMI) y los ingleses estaban en el organismo».

Entonces, recordó el investigador, «Pastore se reunió con ingleses en Montevideo y Cavallo lo buchoneó», con lo cual ambos salieron inmediatamente eyectados del gobierno de facto.

Ahí aparece Jorge Wehbe como ministro de Economía y Julio Del Solar asume en el BCRA.

La guerra le costó a la Argentina entre US$ 400 millones y US$ 500 millones, no generó déficit porque se afrontó con recursos propios, pero las sanciones internacionales de Europa golpearon en el frente externo, ya que produjeron una caída del 70% en las exportaciones, con la consecuente escasez de divisas.

«La salida económica fue arreglar con FMI y acreedores. Y tratar de llevar el barco hasta la entrega del poder. En medio de una alta inflación», describió Cuesta.

El PBI de 1982 cayó 3,2% y se sumó así al derrumbe de 5,4% de 1981, para recuperarse 4,1% en 1983.

En 1983, la inflación llegó al 344%, que se sumaba a las ya elevadas cifras de 1982, con el 165%, y de 1981, en la que alcanzó el 104%.

Y en materia de endeudamiento externo, el gobierno militar dejó al país con una deuda de US$ 45.100 millones.

Siete años antes, en 1976, la deuda sumaba US$ 9.700 millones.

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