Opinión

El sionismo más violento se disputa el poder en Israel

Por Alberto Rodríguez García / ¿Votarías? Es el dilema al que se enfrentan miles de palestinos atrapados en un país dominado por el odio y el supremacismo sionista.


El 9 de abril Israel celebra unas elecciones legislativas cuyo resultado aunque parece difícil de prever, es de todo menos esperanzador para los palestinos.

Uno de los temas que más se ha repetido en la campaña electoral de los diferentes partidos de derecha judía es el racismo anti-árabe, y más concretamente anti-palestino. Si bien saltó a los medios la polémica por el spot en el que la candidata Ayelet Shaked banalizaba el fascismo, lo cierto es que este no ha sido el video más lamentable de los sionistas.

Para promocionar su campaña electoral, Anat Berko del Likud difundió un video en el que simulaba que iba a ser secuestrada por su marido disfrazado de palestino. Entonces, empezaba a enumerar sus ‘exitos’ en la lucha contra la resistencia palestina para terminar mofándose de los árabes y su idioma.

«Los palestinos no le ven el sentido a participar en unas elecciones que solo sirven para legitimar el sistema israelí y afianzar su espejismo de democracia liberal». 

El principal opositor a Benjamín Netanyahu, Benjamín ‘Benny’ Gantz (del partido Azul y Blanco / Kahol Lavan), a pesar de presentarse como la opción moderada de centro izquierda, ha llevado el lenguaje beligerante al siguiente nivel. En su spot electoral se limita a mostrar un funeral palestino mientras un número en mitad de la pantalla asciende hasta llegar a 1.364. Esta cifra es el número de palestinos (supuestamente militantes) de cuya muerte fue responsable Gantz durante la Operación Borde Protector, en la que las fuerzas israelíes bombardearon salvajemente Gaza ente julio y agosto de 2014.

Por si esta exaltación de la muerte no fuese suficientemente repulsiva, de acuerdo a Naciones Unidas, de los 2.104 palestinos que murieron en los bombardeos de 2014, 1.462 de ellos eran civiles; 495 niños y 253 mujeres. Estas son las muertes de las que Benny Gantz está tan orgulloso. Gantz también forma coalición con el Telem de Moshe Ya’alon, el mismo que prefiere a ISIS antes que a Irán en su vecino Siria. Sería anecdótico de no ser porque el partido Azul y Blanco es la fuerza que está disputando la hegemonía del Likud.

¿Cómo alguien puede considerar esta fuerza moderada o mínimamente centrista? Sencillo: porque lo que hay enfrente es aún peor. La anexión unilateral del Golán Sirio, hacer capital de Israel el Jerusalén ocupado o afirmar que Israel es solo para los judíos son algunos elementos del discurso más radical y reaccionario de Netanyahu; involucrado en al menos 3 casos de corrupción y malversación.

Por si este supremacismo no fuese ya de por sí alarmante, el Likud de Netanyahu quiere formar coalición con el partido supremacista, racista y violento Poder Judío (Otzma Yehudit), que aboga por la expulsión de todos los árabes de Israel incluyendo Gaza y Cisjordania. Sus políticas de segregación racial quieren prohibir incluso cualquier tipo de matrimonio o relación entre árabes y judíos. Estos son los aliados de Netanyahu, actual Primer Ministro de Israel.

En este contexto, los palestinos no le ven el sentido a participar en unas elecciones que solo sirven para legitimar el sistema israelí y afianzar su espejismo de democracia liberal.

Los palestinos, que tradicionalmente han sido parte de la vida política incluso más que la población israelí, con índices de participación electoral que superaban el 75%, ya no le ven el sentido a seguir participando. Desde 1967 la participación ha caído en picado, y solo un 63% de los palestinos votaron en 2015.

Lo máximo a lo que aspiran los árabes es a un 16% de la representación mientras que el 84% de los votantes son judíos. Casi 3 millones de palestinos en Cisjordania y entorno a 2 millones en Gaza no van a poder votar, lo que reduce la representación de la población nativa a una minoría en su propia tierra.

«Los sionistas no solo odian a los musulmanes; también desprecian a los cristianos ortodoxos y a los drusos. Desprecian a cualquiera que no comulgue con sus ideas de superioridad judía». 

Esto sucede en un país donde el racismo es endémico. En una sociedad podrida que expulsa y margina a los nativos. Una sociedad podrida que va a las colinas a disfrutar de cómo su aviación bombardea civiles gazatíes. Una sociedad podrida que busca eliminar cualquier resquicio de la historia y la cultura palestina. No son raros los casos de agresiones a ciudadanos solo por hablar árabe en lugar de hebreo. Los sionistas no solo odian a los musulmanes; también desprecian a los cristianos ortodoxos y a los drusos. Desprecian a cualquiera que no comulgue con sus ideas de superioridad judía.

No ha habido en la historia de Israel una sola coalición de gobierno que integre a fuerzas árabes. Incluso, en este «circo electoral» se ha intentado sabotear a la coalición de islamistas y nacionalistas árabes Balad-Raam (Lista Árabe Unificada). A principios de marzo, el Comité Electoral Central israelí intentó evitar que esta fuerza pudiese presentar candidatos a las elecciones.

El electorado palestino está huérfano de hogar y de representantes. Aun yendo a votar, se espera que Balada-Raam no saque más de cuatro asientos en el parlamento (Knesset) de 120 asientos. La otra fuerza izquierdista Hadash-Tal, formada a partir de varios partidos de izquierda y el Partido Comunista, tampoco tiene una capacidad real de realizar cambios. Solo se espera que saque entre 7 y 8 escaños. A niveles prácticos, la izquierda en Israel está muerta.

Una de las principales figuras de Hadash-Tal, Aida Touma-Sliman llama al voto útil contra los sionistas radicales. Sin embargo, ¿cuán útil es el voto? Tras años luchando en el Knesset no ha logrado nada. Su partido solo pudo llorar mientras veía cómo se aprobaba la ley del «Estado Nación» que reconocía a Israel como estado únicamente judío, y eliminaba la oficialidad del árabe.

¿Sirve de algo votar?

Este es el debate entre los árabes y los palestinos estas elecciones. Mientras que la mayoría, fruto de la desidia, llama al boicot para no legitimar el sistema israelí, gente como el artista Tamer Nafar llama a votar, aunque sea para no terminar en una situación peor.

En una canción que se viralizó, Tamer Nafar reflejaba las 2 visiones de los palestinos de cara a las elecciones. Por un lado están el desasosiego y la indiferencia, la visión de la rebelión como única vía: «Israel está utilizando a los árabes para parecer liberal, pero es el mismo gobierno que bombardea Gaza».

«PARA LOS PALESTINOS ESTAS ELECCIONES SON SOLO UN PASO MÁS HACIA LA OSCURIDAD DE UN TÚNEL QUE PARECE NO TENER LUZ AL FINAL».

En el otro lado, se enfrenta a sí mismo con un rayo de esperanza para lograr algo por muy poco que sea: «No subestimes su fascismo. Mira lo que hicieron a nuestros abuelos (…) yo quiero hacer el boicot, pero he decidido que no quiero estar fuera. Por mis hermanos y hermanas en el 67 voy a votar. Por la marcha del retorno voy a votar. No tiene sentido tirar una herramienta cuando apenas tenemos herramientas».

Hay quienes pueden tildar a Nafar de idealista, pero… ¿cuál es la otra opción?

Israel es un país que ha violado y viola reiteradamente las resoluciones de Naciones Unidas. Para los palestinos ahora mismo resulta imposible negociar con un ocupante orgulloso de sus crímenes. En este contexto… ¿votarías?

¿Votarías en un país cuyos últimos 6 gobernantes han sido sionistas que abogan por la destrucción de Palestina? ¿Votarías en un país que ha sido liderado por criminales de guerra como Ariel Sharon? ¿Votarías en un país que ensalza el odio desmesurado de Avigdor Lieberman? ¿De Gantz? ¿De Gabi Ashkenazi? ¿De Moshe Y’alon? ¿De Netanyahu? ¿Votarías en un país que cada día se expande con asentamientos colonos ilegales que no respetan tus derechos más básicos?

Para los palestinos estas elecciones son solo un paso más hacia la oscuridad de un túnel que parece no tener luz al final.

Fuente: RT Actualidad

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