Ante la falta de tratamiento legislativo en la Cámara de Diputados, el Poder Ejecutivo Nacional oficializó este viernes la salida de tropas por decreto para participar en maniobras militares internacionales. A través del DNU 650/2026, el presidente Javier Milei autorizó el desplazamiento de personal y medios de las Fuerzas Armadas hacia la República de Panamá, eludiendo el procedimiento ordinario que exige la intervención previa del Congreso de la Nación.
La medida tiene como objetivo principal la participación argentina en el Ejercicio Multinacional “PANAMAX 2026”, una invitación cursada por el Gobierno de los Estados Unidos que se desarrollará entre el 27 de julio y el 15 de agosto de 2026. Según los considerandos de la norma, la urgencia radica en la inminencia de las fechas: el despliegue debe comenzar este mismo lunes, lo que tornó «imposible» seguir los trámites legislativos habituales.
El bypass legislativo como método
El trasfondo de esta decisión revela una profunda desconexión entre el Ejecutivo y el Poder Legislativo. El Gobierno sostiene que envió oportunamente el proyecto de ley para autorizar el Programa de Ejercitaciones Combinadas (período septiembre 2025 – agosto 2026), pero el texto permanece cajoneado en la Cámara baja sin tratamiento.
Para justificar el uso de un Decreto de Necesidad y Urgencia en una materia de sensibilidad institucional, el decreto argumenta que la no participación afectaría el adiestramiento militar y privaría a las fuerzas locales de la oportunidad de «operar con otras Naciones» con mayor experiencia. Sin embargo, la Constitución Nacional establece mecanismos claros que el Gobierno decidió simplificar mediante la firma de todo el gabinete.
ANAMAX 2026: ¿Adiestramiento o subordinación estratégica?
Más allá de la justificación técnica sobre la «interoperabilidad«, la participación argentina en el PANAMAX 2026 se inscribe en un complejo entramado geopolítico que diversos analistas y sectores sociales denuncian como una «subordinación estratégica» al Comando Sur de los Estados Unidos.
Este ejercicio, que simula una intervención militar para «recuperar» el control del Canal de Panamá ante una supuesta amenaza hostil, coloca a las Fuerzas Armadas locales bajo el mando directo de Washington. En términos de política exterior, esto representa el abandono de la histórica proclama de América Latina como «Zona de Paz» para integrar al país en el teatro de operaciones de la denominada «Gran Norteamérica«.
La integración de Argentina en el componente de fuerzas especiales del PANAMAX no es un hecho aislado. Se suma a la reciente compra de aviones F-16, cuya operatividad depende de la aprobación y repuestos de EE.UU., y a ejercicios previos como «Daga Atlántica«, realizados también sin el aval del Congreso.
Este alineamiento incondicional responde a la doctrina de «reparto de cargas» (burden sharing), donde los países del sur asumen los costos operativos y el despliegue de personal para custodiar los recursos críticos de la región —como el litio y las vías navegables— bajo la conducción y los objetivos del Pentágono.
El control posterior
Con el uso recurrente de los DNU para saltear el debate parlamentario, el Ejecutivo no solo elude el control institucional, sino que evita una discusión de fondo sobre los riesgos de involucrar al país en hipótesis de conflicto ajenas a sus intereses nacionales.
Ahora, el Ejecutivo deberá dar cuenta de esta salida de tropas por decreto ante la Comisión Bicameral Permanente del Congreso en un plazo de diez días hábiles. Será en ese ámbito donde se discutirá si la demora legislativa realmente constituía una «necesidad y urgencia» o si se trata de un nuevo avance del Poder Ejecutivo sobre facultades que, por naturaleza, son propias del debate parlamentario.

