En una sesión marcada por la controversia procedimental y el rechazo de la oposición, la Cámara Alta dio luz verde al tratado birregional. Mientras el oficialismo celebra la «vuelta al mundo», senadores opositores denuncian un «vaciado institucional» y expertos alertan sobre pérdidas millonarias en recaudación y un golpe irreversible al sector manufacturero.
En una jornada de alta tensión parlamentaria, el Senado de la Nación aprobó el Acuerdo de Asociación Estratégica entre el Mercosur y la Unión Europea. La sanción se produjo en un contexto de celeridad extrema que la oposición calificó como un «tratamiento express», tras más de 20 años de negociaciones estancadas que el actual Gobierno buscó cerrar de forma inminente.
La votación: entre la disciplina del recinto y el reclamo federal
Aunque el oficialismo logró imponer su mayoría para habilitar el tratamiento, la sesión estuvo teñida por denuncias sobre la metodología de debate. Durante la sesión especial, se cuestionó que el miembro informante destinara apenas siete minutos para fundamentar un proyecto de cuatro mil páginas, lo que fue calificado por la oposición como una «vergüenza» institucional.
La aprobación se da bajo una fuerte presión de las administraciones que buscan una apertura comercial irrestricta, a pesar de que el bloque regional aún no ha resuelto las profundas asimetrías internas, especialmente con Brasil. La votación refleja una fractura entre quienes ven en el acuerdo una «salida al mundo» y los sectores que advierten sobre la vulnerabilidad de las economías regionales de provincias industriales como las del Litoral y el centro del país.
El estallido de Mayans: «Usted no puede hacer cualquier cosa»
El senador José Mayans (Unión por la Patria) protagonizó los cruces más álgidos con la presidencia de la Cámara. Mayans denunció una «violación flagrante del sistema» y una falta total de respeto por la oratoria reglamentaria. «No se puede establecer una lista de oradores y votar cualquier cosa; usted sea respetuoso del cuerpo«, lanzó el formoseño, llegando a utilizar metáforas ásperas para criticar la arbitrariedad del manejo de la sesión.
En su alocución, Mayans recuperó una perspectiva histórica crítica, señalando que Estados Unidos y las potencias europeas siempre han visto a la región como un «patio trasero«. Advirtió que, sin reservas técnicas como las que tomó Brasil, la industria argentina quedará «aplastada«. «Hacemos una licitación para que vendan los europeos; somos unos capos terribles sin ningún tipo de reserva«, ironizó, señalando además que sectores sensibles como el farmacéutico verán aumentos del 30% en los medicamentos por la supremacía del sistema de patentes europeo.
El veredicto de los expertos: asimetrías y «sótano» fiscal
La comunidad académica y centros de estudios como el CESO y el Observatorio de la UBA coinciden en un diagnóstico sombrío para la estructura productiva nacional.
Impacto Fiscal: Se estima una caída en la recaudación estatal para Argentina de unos 1.400 millones de dólares una vez alcanzado el máximo nivel de desgravación. A esto se suma una pérdida adicional de 140 millones por la eliminación de derechos de exportación.
Desindustrialización: Los expertos advierten que la liberalización arancelaria beneficiará a la UE en el 90% de sus exportaciones industriales de alta tecnología, mientras que el Mercosur seguirá limitado a exportaciones extractivas de bajo valor agregado.
Sector Textil y Género: Investigaciones señalan que el empleo de las mujeres en el sector de la confección podría caer entre un 25,9% y un 35,5% debido a la competencia de importaciones europeas que utilizan reglas de origen flexibles para triangular producción de Asia.
Propiedad Intelectual: El Observatorio de la UBA destaca que, aunque el Mercosur logró mantener algunas «líneas rojas», el bloque cedió en indicaciones geográficas, otorgando protección exclusiva a 355 nombres europeos, lo que tendrá un «enorme impacto económico» en la industria alimenticia local.
En conclusión, los especialistas consideran que el acuerdo, tal como fue aprobado, refuerza una «matriz extractivista» en el Cono Sur a cambio de abrir las puertas a manufacturas industriales y productos agroindustriales europeos fuertemente subsidiados.

