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A 11 años de Ni Una Menos, hubo movilizaciones en todo el país contra la violencia y por justicia

A 11 años del primer hito, marchas en todo el país denunciaron el ajuste y exigieron justicia por los recientes femicidios.

A once años del primer hito que transformó la conversación pública en Argentina, la movilización del 3 de junio de 2026 evidenció una profunda politización de las demandas feministas y recuperó su carácter estrictamente federal. La jornada, que comenzó con una concentración masiva frente al Congreso de la Nación y se replicó en centros urbanos como Córdoba, Mendoza, Tucumán, Santa Fe y Misiones, no solo recordó a las 3.205 víctimas de femicidio contabilizadas desde 2015, sino que se posicionó como una respuesta territorial al «antifeminismo de Estado». Bajo un escenario de ajuste económico y retroceso en políticas públicas, el colectivo Ni Una Menos denunció lo que denomina un «modelo de crueldad» vinculado directamente a la inacción judicial en los barrios populares.

Un grito federal por las pibas de las provincias

La movilización tuvo un fuerte anclaje en el interior del país, motorizada por el dolor urgente de crímenes recientes que conmocionaron a la opinión pública nacional. En Córdoba, la desaparición y femicidio de Agostina Vega (14) transformó la marcha en un masivo pedido de justicia, donde su abuela Elizabeth denunció la desidia inicial de las autoridades: “Cuando el fiscal Garzón nos recibió, cambió todo en la causa… ahí empezaron a buscar en serio”. Simultáneamente, en Misiones, el nombre de Dulce María Beatriz Candia (17) encabezó las columnas que reclamaron un freno a la crueldad sobre los cuerpos de las adolescentes.

Este mapa de la indignación se replicó en Santa Fe, donde la asamblea local exigió la aparición con vida de Mónica Estefanía Aquino, y en Neuquén, donde se denunció un récord de cinco femicidios en lo que va del año. Según el análisis de Alejandra Lazo en la revista Quórum, aunque las cifras oficiales de la Corte Suprema mostraron una reducción de femicidios en 2025, la persistencia de la violencia cotidiana exige mecanismos estables de protección, advirtiendo que “detrás de cada estadística hay historias concretas, muchas veces atravesadas por el miedo y la falta de respuestas oportunas”.

Territorios en crisis: el impacto del ajuste en los barrios

La movilización tuvo un marcado carácter social y territorial, donde la precariedad económica apareció como una nueva forma de violencia. Según relató la militante popular Norma Morales a la periodista Euge Murillo en Página|12, la situación en los barrios es crítica y exige volver a poner en el centro la solidaridad comunitaria. Morales advirtió que “no podemos hablar de violencia de género sin hablar también de hambre, endeudamiento, precarización laboral y desmantelamiento de las políticas públicas de cuidado”.

Este diagnóstico se vincula con las denuncias presentadas en el documento final de la marcha, donde se señaló el crecimiento del endeudamiento, especialmente entre las mujeres, y la ausencia de políticas de prevención. El reclamo se alejó de una agenda «monocorde» para integrar la lucha de otros sectores vulnerados, como los jubilados. Dolores, una manifestante de 72 años entrevistada por Murillo, sintetizó esta confluencia al afirmar que “los feminismos tienen que estar con los jubilados y los jubilados con los feminismos, la lucha es una sola”.

La justicia en el centro del debate: de los femicidios a la persecución política

El documento oficial de la jornada, elaborado en asambleas previas, exigió reformas profundas en el sistema judicial, citando fallas sistémicas en casos recientes como los de Agostina Vega y el triple lesbicidio de Barracas. En un giro político significativo, una columna multitudinaria se desplazó desde el Congreso hasta el domicilio de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner para denunciar su situación judicial.

En la crónica de Camila Pace para Página|12, se destaca la lectura del documento por parte de la cantante Cazzu y la actriz Thelma Fardin, quienes enfatizaron el rechazo al uso del Poder Judicial como herramienta de disciplinamiento. La militante Daiana, consultada por Pace, sostuvo que la liberación de la exmandataria es una prioridad para el movimiento, señalando que “por ser mujer, y por el rol de poder que tuvo en algún momento, está sufriendo injusticias por parte del poder judicial”. El senador Eduardo «Wado» de Pedro también participó de la marcha, subrayando que “los varones no podemos mirar para otro lado, tenemos el deber de desarmar esas desigualdades”.

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