En una nueva muestra de alineamiento con el capital transnacional, el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, se presentó como uno de los oradores centrales en la edición 2026 del Council of the Americas. El evento, celebrado en el Alvear Palace Hotel de Buenos Aires y coorganizado por la Americas Society/Council of the Americas (AS/COA) en asociación con la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), sirvió para que el mandatario salteño expusiera el potencial minero provincial ante el establishment financiero de los Estados Unidos.
Bajo el título «Minería: Inversión, Desarrollo y Oportunidades para Argentina», Sáenz compartió panel con el gobernador de Jujuy, Carlos Sadir. Durante su alocución, el mandatario salteño se esforzó por mostrar a su provincia como un territorio dócil y seguro para los desembolsos de las corporaciones extranjeras.
Millonarias proyecciones para el sector privado
Para seducir al auditorio liderado por la presidenta de la AS/COA, Susan Segal, y el titular de la CAC, Natalio Mario Grinman, Sáenz detalló el flujo de divisas que maneja la actividad extractiva en la provincia. El gobernador precisó que durante el último año se aprobaron en Salta inversiones mineras que superan los 5.000 millones de dólares.
A su vez, proyectó un horizonte de inversiones de 12.000 millones de dólares para los próximos años en la explotación de recursos como boratos, litio, cobre, plata y oro. Frente a estas cifras, que benefician principalmente a los balances de las firmas multinacionales, el mandatario salteño prometió mantener inalterables las condiciones impositivas y legales.
Para garantizar este escenario de previsibilidad, Sáenz destacó la alianza regional que mantiene Salta con las vecinas provincias de Catamarca y Jujuy. Según explicó, este bloque trabaja coordinada y solidariamente para asegurar que las reglas de juego permanezcan fijas, buscando dar la «confianza y seriedad» que demandan los grupos inversores extranjeros.
El respaldo al RIGI y el blindaje corporativo
La pieza central del planteo de Sáenz ante el empresariado estadounidense fue su explícito respaldo al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), la controvertida herramienta promovida por el gobierno nacional de Javier Milei —encargado de cerrar la jornada en el hotel Alvear—. Sáenz ponderó positivamente que el RIGI otorgue a los inversores masivos beneficios aduaneros, tributarios y de diversa índole.
Lejos de plantear objeciones sobre la pérdida de soberanía fiscal que este régimen implica para las provincias, el gobernador salteño enfatizó que es fundamental «que eso se pueda aprovechar» y, sobre todo, «que se mantenga en el tiempo». Sáenz reclamó que estas ventajas impositivas se consoliden como «políticas de Estado» irreversibles.
Para el mandatario, estas políticas deben durar en el tiempo independientemente de los gobiernos que vengan y de su signo político. El argumento del gobernador se acopla de manera exacta a las demandas de estabilidad de los mercados financieros globales, asumiendo que el único desarrollo viable proviene de la facilitación fiscal al capital externo.
La metáfora de la «familia» frente a la tensión territorial
El discurso de Sáenz también buscó neutralizar los cuestionamientos socioambientales y las tensiones que genera el avance minero sobre las poblaciones locales. El gobernador aseguró que su administración «no quiere empresas meramente extractivas», y definió la relación entre las corporaciones mineras y las comunidades de la zona como la de «una familia que va a vivir y convivir durante mucho tiempo».
Esta edulcorada caracterización de convivencia armónica pretende matizar el profundo impacto territorial que conllevan los proyectos de litio y cobre. El mandatario defendió la existencia de mesas de trabajo conjuntas entre empresas, proveedores y comunidades, junto a las normativas provinciales que exigen mano de obra y proveedores locales.
No obstante, en un contexto blindado por las exenciones del RIGI, estas instancias asoman más como mecanismos de pacificación y facilitación de la licencia social que como espacios reales de redistribución de la riqueza o decisión soberana. Mientras Sáenz pide «dejar de lado las peleas políticas» para «generar confianza» ante los inversores extranjeros, el destino de los recursos de Salta queda condicionado por los términos que el gobernador peronista fue a refrendar en el hotel más exclusivo de la burguesía porteña.

