Crónica de un desguace anunciado: el retroceso de la soberanía nuclear
En una entrevista concedida al programa Caballero de Día por Somos Radio AM 530, Daniel Sánchez, coordinador de la mesa nacional de ATE en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), trazó un panorama sombrío sobre la actualidad del sector. Según el dirigente, la gestión actual ha impuesto una lógica de confrontación, señalando que se ha llegado a «militarizar a los centros atómicos y tratarnos a todos los trabajadores como si fuéramos terroristas». Esta situación, lejos de ser un hecho aislado, se enmarca en un contexto de fuerte ajuste presupuestario que pone en riesgo la continuidad operativa de instalaciones críticas para el país.
El impacto en la autonomía tecnológica y la salud
La preocupación de los trabajadores no se limita a las condiciones laborales, sino que alcanza al corazón del desarrollo científico nacional. Sánchez advirtió sobre la posible privatización de Nucleoeléctrica Argentina (NASA) y del reactor RA-10, una pieza clave para la medicina nuclear. El entrevistado calificó estas intenciones como un «atentado a nuestra soberanía energética y nuestra autonomía tecnológica», enfatizando que el RA-10 es fundamental para la producción de radioisótopos destinados al tratamiento del cáncer. Este giro en la política nuclear representaría el abandono de un consenso histórico que, durante décadas, consideró al desarrollo atómico como una política de Estado estratégica.
Desigualdad salarial y denuncias de corrupción
El relato de Sánchez expone una brecha creciente entre la realidad de los técnicos y la de los altos mandos del sector. Mientras especialistas que operan con uranio enriquecido perciben salarios que rondan los 900.000 pesos, se han hecho públicos presuntos gastos irregulares por parte de altos funcionarios de NASA. El dirigente mencionó que, en medio de la política de austeridad, se detectaron gastos por «330.000 dólares con tarjetas corporativas» vinculados a viajes y consumos personales de directivos, lo cual profundiza el malestar en las bases.
El ocaso del CAREM y la fuga de profesionales
Uno de los puntos más críticos del diagnóstico es la paralización del proyecto CAREM, el primer reactor modular de potencia íntegramente diseñado en el país. Sánchez lamentó que la obra, que supo emplear a cientos de personas, hoy se encuentre abandonada: «hoy es un pastizal, tenemos compañeros que se han quedado a bancar que no se oxide ni se pierda la trazabilidad». Esta falta de horizonte profesional ha provocado una «fuga de cerebros» hacia empresas extranjeras instaladas en el país, estimándose que entre «300 y 500 compañeros» altamente calificados ya han dejado sus puestos en el sector público.
Un cambio de paradigma geopolítico
Finalmente, la entrevista permitió vislumbrar un trasfondo geopolítico en el que Argentina pasaría de ser un productor de tecnología de punta a un mero proveedor de materias primas. Sánchez sostuvo que el plan de fondo es la entrega de recursos a intereses externos, afirmando que «lo que quieren de la Argentina es nuestro uranio y que lo exporte Estados Unidos». Según esta visión, el desmantelamiento de la CNEA no solo responde a un ajuste fiscal, sino a un programa deliberado para impedir que el país garantice su propia seguridad energética mediante centrales nucleares de construcción nacional.

