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¿Se puede derrotar al crimen organizado? Un estado del norte de México muestra un camino

Los autores del libro ‘Jaque mate al crimen organizado’ explican cómo se logró en el norte de México una reducción significativa de la violencia en seis años de políticas contra narcotraficantes, y cómo mantener los avances.

«El problema de la seguridad se puede resolver, este libro contiene una experiencia exitosa que sintetiza los pasos para poder cumplirlo», dijo a Sputnik el politólogo Rubén Aguilar Valenzuela, autor del libro publicado el mes pasado por editorial Planeta.

La obra es un análisis de la administración de Rubén Moreira, coautor del libro y actual líder de la bancada del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la Cámara de Diputados, quien gobernó el norteño estado minero y agrícola de Coahuila, fronterizo con EEUU.

Su gestión logró disminuir drásticamente los indicadores del crimen al implementar entre 2012 y 2017 una «estrategia multidimensional para disminuir la rivalidad delincuencial».

La esencia del planteamiento, explica Aguilar, es que «que el problema solo se puede resolver si los estados [la federación mexicana tiene 32], en el marco de una estrategia deciden enfrentarlo y lo hacen con sus propias fuerzas de seguridad».

Los autores sostienen que las fuerzas federales, militares y policiales, actúan en este engranaje, «pero no son las responsables de la estrategia».

En otras palabras, las Fuerzas Armadas del Ejército y la Marina ofrecen una contribución valiosa, «pero sobre ellos no recae la responsabilidad de devolverle la paz a la ciudadanía».
Voluntad política

La pieza maestra de la estrategia es «la voluntad política del gobernador para asumir la misión de hacerle frente al crimen organizado con sus propios recursos», sin entregar la responsabilidad a las fuerzas federales y menos a los militares.

En seis años, en Coahuila los asesinatos por rivalidad delincuencial bajaron 92%, los homicidios dolosos 87%, los secuestros 91%, las extorsiones 70%.

El libro plantea que «lograr un cambio en la percepción de la población sobre seguridad debería ser una meta, para que la población sienta que puede salir por las noches».

Transitar sin preocupaciones y de manera segura por todas las carreteras, tiene otra consecuencia virtuosa: «para que tenga más oportunidades de empleo debido al retorno de las inversiones».
El eje del planteamiento vuelve a lo local: «No es el Gobierno federal, sea cual sea su estrategia, quien puede resolver el problema de la violencia en los estados, que a pesar de la evidencia continúan con la operación de estrategias equivocadas, que han mostrado su fracaso», sostiene Aguilar.

Una crítica

El excanciller Jorge Castañeda, coautor con Aguilar Valenzuela de otros dos libros sobre seguriad (La guerra fallida y Los saldos del narco), señala en el prólogo a esta nueva obra que una muestra de la reducción de la violencia en Coahuila es que los homicidios dolosos bajaron de 51,3 mensuales en 2011 a solo 10 al mes en 2017.
El prologuista indica que, aparte de reconocer los datos positivos, se debe observar que Coahuila «ocupa el quinto lugar en el país en lo que a su Producto Interno Bruto per cápita se refiere».

Además, en ese estado desértico, sus cuatro grandes ciudades: Saltillo, su capital, Torreón, la minera Monclova y Piedras negras, en la frontera con EEUU, «son mayoritariamente de clase media», y pocos estados ven concentrada en tan pocas ciudades su población.

En otras palabras, aunque por su configuración geográfica de 151.000 kilómetros habitados por más de tres millones de habitantes, «es difícil en materia de seguridad, por ser fronterizo y, a la vez, incluir una ciudad que es cruce de rutas del narcotráfico, se trata de una entidad afortunada desde muchos puntos de vista».

Castañeda pone por ejemplo que pagarle sueldos tan elevados a la Policía Estatal, como los que se describen en este libro «no resultaría sencillo para la gran mayoría de entidades federales» mexicanas.

Doce acciones

La llamada «estrategia multidimensional» está compuesta de doce acciones, que permitieron el abatimiento de los niveles de violencia en el estado.

La primera acción es «tomar las decisiones necesarias» para lo cual se requiere de voluntad política para «tomar acciones que no siempre son populares para la sociedad».

Las siguientes cuatro son: «nunca autoengañarse», comprender que la violencia «no se da por generación espontánea y es multifactorial», construir respuestas con bases científicas, y «conocer otras experiencias» sobre todo las ofrecidas por las agencias de

Naciones Unidas.

Otras cinco acciones comprenden: «reflexionar continuamente sobre su mejora y analizar todos los acontecimientos» relacionados; fortalecer la policía; hacer uso eficiente de los recursos financieros; mejorar la legislación en materia de seguridad, y coordinar las acciones con otras autoridades.

Las últimas dos medidas se refieren a establecer relaciones con la sociedad civil organizada y «comunicar asertivamente frente a los voceros del crimen organizado».

Aguilar puntualiza que » la estrategia de ‘guerra’ para enfrentar la violencia y al crimen organizado que siguió la administración de Felipe Calderón [2006-2012] y la de Enrique Peña Nieto [2012-2018] fracasó».

Y ahora, la política de «abrazos y no balazos» del presidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), también «ha incrementado los niveles de violencia y los asesinatos dolosos» en el país latinoamericano.

Fuente: Sputnik

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