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Literatura

Recuerdos de la Memoria

Judith Said* presenta dos documentos históricos, redactados para la apertura del programa “Memoria en Movimiento” impulsado por la Secretaría de Comunicación Pública y la Secretaría de D.D.H.H en el año 2011. El segundo pertenece al entonces Secretario de DDHH de la Nación Eduardo Luis Duhalde.


Por Judith Said*

Marzo casi se puede decir que es el mes de la movilización y no sólo en las calles, sino en el cuerpo, en los recuerdos… Entonces me pregunto por qué no recrear textos con los que, desde el gobierno, buscábamos fortalecer la conciencia social, con el repudio al golpe cívico-militar y con el inmenso valor de las luchas de nuestras compañeras y compañeros detenidos-desaparecidos siempre presentes.

Con esa idea, en el año 2011 trabajamos en el rescate de textos y poemas: «Siempre tu palabra cerca«, de Joaquín Areta, «Poemas»de Ana María Ponce, «El por qué de mi lucha. 30 años en la vida gremial del pueblo aguilareño»de Avelino Bazán, 76/11 Afiches, momentos que hicieron historia. Los invito a recrear la lectura el prólogo y el texto de Eduardo Luis Duhalde.

Memoria en Movimiento: Voces, Imágenes, Testimonios

La frase «No hay sujeto sin memoria», que aparece como un paradigma inapelable habitado por múltiples sentidos, propone el ejercicio constante de reflexión acerca de la identidad histórica.

¿Cómo se conforma nuestra identidad histórica? ¿Somos lo que hacemos, lo que amamos? ¿Somos lo que deseamos? ¿Cuáles son nuestros sueños? ¿Cómo pensamos nuestro futuro?

Junto a una historia escrita, se encuentra una historia viva que se perpetúa o se renueva a través del tiempo y es allí donde la memoria rescata del pasado esta realidad habitada por múltiples sentidos. La memoria, nuestra memoria, está en permanente movimiento, poniendo en evidencia nuestras contradicciones, la forma de pensarnos y soñar nuestro futuro.

Durante el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976 la Argentina vivió su época más oscura.

La persecución política e ideológica, la implantación del terror, el secuestro y desaparición de personas, la existencia de Centros Clandestinos de Detención y Exterminio, la apropiación de niños y el exilio dejaron una profunda impronta en nuestra identidad.

Transitar ese pasado a través de la palabra y el pensamiento de los actores sociales que formaron parte de la resistencia a la dictadura posibilita la construcción de una sociedad sustentada en los valores de la verdad, la justicia y la memoria.

Desde hace más de 30 años, los referentes y militantes, sociales, políticos, culturales, los familiares de las víctimas del Terrorismo de Estado y los sobrevivientes pusieron en marcha estrategias comunicacionales colectivas, a partir de las cuales cambiaron el mapa histórico de nuestra memoria reciente que hoy se constituye como un testimonio vivo de esa lucha.

Esta colección busca interpretar y comprender ese territorio de la memoria, habitado por una pluralidad de voces, historias, acciones, recuerdos, imágenes, pensamientos, en definitiva, la palabra vida de sus protagonistas.

Los entresijos de la Memoria, por Eduardo Luis Duhalde

En la mitología griega existía el Leteo, el río del olvido. A él iban a beber los muertos para olvidar las vidas pasadas. Este río, tan mencionado a lo largo de la literatura, sobrevivió y ganó fama, lo que no sucedió de igual modo con la existencia del otro río, el Mnemosine, el que, según algunas religiones mistéricas, sus aguas al ser bebidas hacían recordar todo y alcanzar la omnisciencia.

La negación y el olvido no traen desesperación ni turbulencia a la conciencias, pero tienen su enorme e inconmensurable costo. Por eso se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con una misma piedra. El recuerdo suele recrear el dolor y la angustia frente al pasado que no podemos modificar retrospectivamente. Pero no es la simple remenbranza, ese acto involuntario, que de pronto, ante una referencia, un nombre y hasta un olor, despiertan presencias, situaciones, desgarros y ausencias, el que se constituye en la antítesis del Olvido. La elaboración del recuerdo, su resignificación, lo que llamamos Memoria, es la que actúa como su verdadera antítesis, la que opera como imperativo frente a los actos conscientes y obliga una toma de partido sobre los hechos pasados, en función del presente y del futuro. Ella parte de una premisa individual y colectiva: “el que olvida repite”. La Memoria crece sobre las huellas imborrables de lo vivido. Narración y simbolización en la resignificación del horror implica su iluminación significante: analizar la sistematicidad de su práctica ilegal y su persistencia en el tiempo, sus causas y efectos, desde las miradas cruzadas de los actores sociales víctimas.

Porque el Movimiento de Derechos Humanos fue custodio de esa memoria histórica, no les dio resultado a los que intentaron en nuestro país sembrar agujeros negros en la Memoria (como la perversión del dictador Videla, que decía ufano que “los desaparecidos, no están vivos ni muertos, no están”) ni las falsas memorias sobre lo que realmente ocurrió, como la de aquellos que quisieron convertir el genocidio de un pueblo, en una lucha entre “dos demonios”.

Ello fue parte de un proyecto más vasto. Borrar aquellas huellas del modelo de país en pugna con el modelo neocolonial o del capitalismo dependiente, enseñoreado durante décadas en detrimento del modelo nacional, con raíces profundas y que hiciera eclosión con el Peronismo en 1945, y fueron bandera de las generación de los años 60 y 70.

La memoria ficcional del neoliberalismo construyó un discurso donde las resistencias nacionales fueron presentadas como violencias generadoras de la “legítima contra-violencia estatal”, y no como su envés: ahogar en sangre la lucha de un pueblo por liberarse de los yugos que amuraron las minorías del privilegio y los intereses foráneos, hasta llegar al Estado Terrorista, donde quisieron convertir la Argentina en un gran campo de concentración para imponer mediante el horror el disciplinamiento social. Luego de ello, tras el fracaso dictatorial, apelaron a la visión espectral diseminada en el discurso “democrático” demonizando a las víctimas que encarnaban los ideales de su generación.

Pero la Memoria, junto a la Verdad y el reclamo de Justicia, se abrió paso envuelta en los pañuelos blancos y se convirtió a partir del 2003 en el fundamento ético del Estado conducido por Néstor y Cristina. Nunca la asunción de la Memoria, la Verdad y la Justicia podría haberse abierto paso a través del neoliberalismo salvaje, la deslegitimación del Estado, y con la ausencia de un modelo de transformación nacional como el que ellos pusieron en marcha.

Y porque la Memoria no sólo hace justicia, sino que tiene un gran valor instrumental (decía Teodoro Adorno, que es ese relampagueo en nuestras conciencias en un momento de peligro) es preciso no ahorrar esfuerzos por fortalecerla. Con ese fin, la Secretaría de Comunicación Pública, junto con la Secretaría de Derechos Humanos y el Archivo Nacional de la Memoria, han aunado en este proyecto. Aquellas voces, que en su momento parecían meramente testimoniales, hoy las revalorizamos en lo que fueron: el discurso comunicacional de la resistencia que desnudó a la dictadura y a las complicidades, confusiones o debilidades de una subsiguiente democracia débil.

Los textos de la Colección, y las piezas gráficas que integran la muestra 76.11 Afiches. Momentos que hicieron historia, nos hablan del coraje y la lucidez creciente de un Movimiento de Derechos Humanos en marcha constante, abriéndose paso en la Historia.

* Judith Said, ex Directora Nacional de Sitios de Memoria.

Fuente: APU

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