El 4 de julio de 1992 fallecía en Buenos Aires, a los 71 años, Astor Pantaleón Piazzolla, uno de los músicos argentinos más influyentes del siglo XX y una figura decisiva en la proyección internacional de nuestra cultura. Bandoneonista, compositor, arreglador y director, su obra transformó para siempre el tango, incorporando elementos del jazz y de la música académica sin perder la esencia porteña que lo acompañó durante toda su vida.
Treinta y cuatro años después de su partida, su legado permanece vigente en los principales escenarios del mundo. Sus composiciones forman parte del repertorio de orquestas sinfónicas, conjuntos de cámara, quintetos de tango y músicos de los más diversos géneros, confirmando que su búsqueda artística trascendió cualquier frontera estilística.
Un marplatense con alma universal
Astor Pantaleón Piazzolla nació el 11 de marzo de 1921 en Mar del Plata. Era hijo de los inmigrantes italianos Vicente «Nonino» Piazzolla y Asunta Mainetti. Cuatro años después, la familia se radicó en Nueva York, ciudad que marcaría profundamente su personalidad y su forma de entender la música.
Sobre esa identidad múltiple, el propio Piazzolla resumía: «Nací en Mar del Plata, me crié en Nueva York, encontré mi camino en París, pero cada vez que subo a un escenario la gente sabe que voy a tocar música de Buenos Aires». Durante su infancia atravesó una dificultad física que condicionó sus primeros años: nació con un defecto congénito en el pie derecho que lo obligó a someterse a varias operaciones. Aquella experiencia fortaleció un carácter decidido que conservaría toda su vida.
Su padre, convencido de que debía superar cualquier limitación, le enseñó incluso a boxear para darle confianza. Pero fue otro regalo el que cambiaría definitivamente su destino: un bandoneón comprado en una casa de empeños de Nueva York cuando Astor tenía apenas ocho años.
El encuentro que pudo cambiar la historia
Entre las anécdotas más conocidas de su juventud figura su encuentro con Carlos Gardel en Nueva York. El padre de Astor había tallado un pequeño gaucho de madera para obsequiarle al Zorzal Criollo. El joven Piazzolla fue quien llevó personalmente el regalo al hotel donde se hospedaba Gardel y, desde entonces, comenzó a acompañarlo como guía por la ciudad.
Gardel lo invitó a participar en la película «El día que me quieras» (1935), donde interpretó a un canillita. Incluso llegó a proponerle que integrara la gira que realizaría por América Latina. Los padres de Astor decidieron que era demasiado joven para emprender semejante viaje. Aquella decisión terminó salvándole la vida: Gardel fallecería pocos meses después en el accidente aéreo de Medellín.
El nacimiento de un nuevo tango
Ya instalado nuevamente en la Argentina, Piazzolla integró la orquesta de Aníbal Troilo y comenzó a destacarse como arreglador y compositor. Sin embargo, su verdadera revolución llegaría en la década de 1950. Luego de estudiar en París con la célebre compositora Nadia Boulanger, comprendió que no debía renunciar al tango para convertirse en un compositor «serio». Por el contrario, debía encontrar una voz propia a partir de sus raíces.
Así nació el llamado «nuevo tango»: una propuesta que incorporaba armonías contemporáneas, contrapuntos, improvisaciones y estructuras provenientes de la música clásica y del jazz. La reacción inicial fue dura. Muchos sectores tradicionalistas lo acusaron de «matar el tango». Lejos de retroceder, Piazzolla respondió con una convicción que mantuvo hasta el final de su vida: «Mi sueño es imponer mi música, la música de mi país, en todo el mundo».
Con el paso del tiempo, aquella música que generó controversias terminó por convertirse en uno de los mayores símbolos culturales de la Argentina.
Un creador incansable
Compuso más de mil obras, escribió música para alrededor de cuarenta películas y dejó piezas que hoy forman parte del patrimonio musical universal.
Entre ellas se destacan «Adiós Nonino» -escrita tras la muerte de su padre y considerada una de las obras más emotivas del repertorio argentino-, «Libertango», «Balada para un loco», «Oblivion», «Las cuatro estaciones porteñas», «La serie del Ángel», «Concierto para bandoneón», «Le Grand Tango» y «Suite Punta del Este», entre muchas otras.
Su música fue interpretada por artistas tan diversos como Gerry Mulligan, Gary Burton, Yo-Yo Ma, Gidon Kremer, Daniel Barenboim y numerosas orquestas de todo el mundo.
Un legado que sigue creciendo
En agosto de 1990, mientras se encontraba en París, sufrió una trombosis cerebral que deterioró progresivamente su salud. Permaneció dos años alejado de la actividad artística hasta su fallecimiento, ocurrido durante su internación en un sanatorio de Palermo en la ciudad de Buenos Aires.
La antropóloga María Susana Azzi en su biografía «Astor Piazzolla» publicada por Editorial Ateneo, sintetizó en una entrevista cual fue el alcance de su figura al afirmar que «Piazzolla rompió un paradigma musical». También destacó que su obra «continuará inspirando a muchas clases de músicos y será una influencia importante en la música del siglo XXI».
Fuente: Secretaría de Cultura

