Historia

Juan José Castelli, “el orador de la revolución”

El 25 de mayo de 1811, Juan José Castelli, reconocido posteriormente como un “hijo legítimo del Plata”, festejó el aniversario de la revolución en Titicaca (frontera entre Perú y Bolivia) desde donde manifestó que dicho acontecimiento «hizo estremecer a los enemigos del hombre frente a las legiones de la patria, afirmando que “la América del Sur debe formar una sola gran familia”, y que los representantes de todas sus regiones tenían que congregarse en una augusta asamblea para fijar las bases de una confederación.

Y pocos días antes ha afirmado que “la América del Sur debe formar una sola gran familia”, y que los representantes de todas sus regiones tenían que congregarse en una augusta asamblea para fijar las bases de una confederación.

Nacido en Buenos Aires el 19 de julio de 1764, primero entre ocho hijos de un médico veneciano, estudió de chico con los jesuitas y luego fue enviado al tradicional Colegio Montserrat de Córdoba, donde conoció a muchos de los futuros revolucionarios.

Estudió filosofía y estaba pronto a ordenarse en el sacerdocio, pero la muerte de su padre le permitió cambiar de rumbo y partió hacia Charcas para estudiar leyes. De regreso a Buenos Aires, comenzó una activa participación en la política colonial que le ganó la enemistad de los comerciantes y regidores españoles, primero en el Consulado, y luego en el Cabildo.

Luego de la corta vida de sus pioneros proyectos periodísticos, como el Telégrafo Mercantil, consciente como pocos de una nueva identidad que nacía en el pueblo rioplatense, participó del rechazo a la invasión inglesa y, tras la invasión napoleónica a España, compartió con Belgrano el proyecto de lograr la emancipación con una monarquía constitucional encabezada por la Infanta Carlota.

Finalmente, Castelli, primo y amigo de Manuel Belgrano, fue uno de los máximos conspiradores cuando llegó Mayo de 1810. En aquellos días, fue comisionado para intimar al virrey Cisneros a que cesara en su cargo y, el decisivo 22 de mayo, fue el encargado de defender la posición patriota en las sesiones del Cabildo. Por esto y mucho más, fue llamado “el orador de la revolución”.

Nombrado vocal de la Primera Junta, fue el encargado de reprimir la contrarrevolución de Santiago de Liniers en Córdoba y no le tembló el pulso a la hora de ordenar su ejecución. Luego se le encomendó la misión de ocupar el Alto Perú, junto al Ejército del Norte, donde impuso un gobierno revolucionario, liberando a los pobladores nativos de los servicios personales y de la esclavitud, y fusilando a varios funcionarios reales.

Hacia mediados de 1811, fue vencido por las fuerzas realistas en Huaqui. A su regreso a Buenos Aires, el Triunvirato lo procesó y encarceló, aunque el juicio nunca llegó a su fin. Un año más tarde, moriría de un fulminante cáncer de lengua, el 12 de octubre de 1812. Lejos de todo optimismo, cerraba sus días con aciagas palabras: “si ves al futuro dile que no venga”.

Reproducimos en esta oportunidad el prefacio a la primera edición de Castelli, el adalid de Mayo, elogioso estudio que publicó hacia 1949 el historiador paraguayo Julio César Chaves, quien definió al comprometido patriota en virtud de su amplio conocimiento de todos los aspectos y rincones de la vida colonial como un “hijo legítimo del Plata”.


Fuente: El Historiador de Felipe Pigna

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