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El Grupo de Puebla, ¿volverá América Latina a girar hacia la izquierda en un mundo derechizado?

En julio pasado se realizó el primer encuentro de ‘Progresivamente’: un grupo de expresidentes, candidatos a presidentes y dirigentes de América Latina que se plantean un nuevo horizonte progresista luego del auge de los gobiernos conservadores. Se juntaron en la ciudad de Puebla, México, de la cual el grupo toma el nombre coloquial, y se espera que en noviembre próximo, en Buenos Aires, este grupo tenga un segundo encuentro, probablemente tras el triunfo en primera vuelta de Alberto Fernández.


En su página oficial, ‘Progresivamente’ anuncia la coordinación de 30 líderes de 10 países. Dentro de los expresidentes se destacan Lula da Silva y Dilma Rousseff (Brasil), Fernando Lugo (Paraguay), Ernesto Samper (Colombia), Leonel Fernández (República Dominicana), con José Luis Rodríguez Zapatero (España) como voz iberoamericana. Además aparecen los dirigentes Carlos y Marco Enríquez Ominami por Chile, junto al exsecretario de la OEA José Miguel Insulza; Yeidckol Polevsky, representante de Andrés Manuel López Obrador, presidente de México; y Daniel Martínez, candidato a presidente del Frente Amplio de Uruguay. ¿Cuál sería el eje de coordinación de gobiernos del Grupo de Puebla? Montevideo-Buenos Aires-La Paz-Ciudad de México como esquema de trabajo inicial ideal, siempre y cuando Fernández triunfe y el Movimiento al Socialismo y el Frente Amplio no sean derrotados.  

El Grupo de Puebla se diferencia del enfoque que el Grupo de Lima tuvo con el tema Venezuela: ‘Progresivamente’ se posicionó claramente en defensa de la soberanía venezolana ante la activación del TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) en el marco de la Organización de Estados Americanos. A la vez, se pronunció a favor de una solución pacífica y dialogada a la crisis económica, política e institucional del país que gobierna Maduro.

«No hay representantes del PSUV en este nuevo esquema, lo que permite actuar efectivamente como posibilitador de diálogo en el país caribeño y a la vez escapar al veloz etiquetamiento de la derecha continental respecto a Venezuela».

Hay que destacar, no obstante, que no hay representantes del Partido Socialista Unido de Venezuela en este nuevo esquema, cosa que sí sucede, por caso, en el Foro de San Pablo, que se reunió este año en Caracas. Este último dato permite dos posibilidades: actuar efectivamente como posibilitador de diálogo en el país caribeño y la vez escapar al veloz etiquetamiento de la derecha continental respecto a Venezuela (en un chantaje absurdo e irresponsable de las fuerzas conservadoras de la región, cualquier proyecto que se piense transformador o cuestionador del status quo es actualmente tachado de «madurista» aún cuando critique públicamente diversas circunstancias que acontecen en ese país).  

«El progresismo ante el desafío de adueñarse del mañana» es una de las ideas centrales de este nuevo nucleamiento latinoamericano. «Escuchar, pensar, proponer y debatir» son las cuatro palabras que aparecen en el sitio oficial, donde también se puede leer parte de la caracterización que este grupo hace sobre la situación continental.

¿A QUE LE DA IMPORTANCIA EL GRUPO DE PUEBLA?

Al triunfo y la gestión de López Obrador en México, a la posibilidad de mantener los gobiernos progresistas de Uruguay y Bolivia, al crecimiento de las fuerzas de izquierda en Colombia (por primera vez ingresaron al ballotage, de la mano de Gustavo Petro, quien terminó sacando más de 8 millones de votos en 2018) y lógicamente a la actual descomposición política del macrismo en Argentina, que podría posibilitar la llegada del Frente de Todos a la Presidencia del país en caso de repetirse un escenario similar a las PASO.

«¿Estará el progresismo latinoamericano a la altura para avanzar en una integración más amplia que la que se trabajó en la primera década de este siglo XXI? Primero hablarán las urnas y luego los presidentes. Mientras tanto, el Grupo de Puebla muestra músculo y una creciente coordinación».

Además, si bien el GDP plantea una agenda que podríamos denominar «positiva», surge en un contexto en el cual Jair Messias Bolsonaro aumenta su confrontación pública con las fuerzas nacional-populares de la región: ‘Progresivamente’, por tanto, también es una reacción al reaccionario jefe de Estado brasileño.  

¿Volverá América Latina a girar hacia la izquierda en un mundo derechizado, donde Donald Trump, Marine Le Pen, Boris Johnson y Matteo Salvini son tendencia política? ¿Qué papel cumplirá el Grupo de Puebla en el esquema de gobierno de Alberto Fernández? Ambas preguntas se podrán contestar recién tras las elecciones de octubre próximo.

Mientras tanto, los líderes progresistas se juntan y diagraman un nuevo escenario. Un nuevo horizonte. La cumbre de la semana pasada entre Alberto Fernández y Evo Morales Ayma es parte del mismo entramado, tras casi cuatro años de una política exterior basada en un «volver al mundo» que, al final de la película, fue más el pedido de auxilio al Fondo Monetario Internacional que la cumbre del G20 en Buenos Aires. ¿Estará el progresismo latinoamericano a la altura para avanzar en una integración más amplia que la que se trabajó en la primera década de este siglo XXI? Primero hablarán las urnas y luego los presidentes. Mientras tanto, el Grupo de Puebla muestra músculo y una creciente coordinación. 

Por Juan Manuel Karg

Politólogo UBA / Analista Internacional

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