El realizador, guionista y director de fotografía Juan Carlos Desanzo murió a los 88 años. Dejó una obra diversa que atravesó más de seis décadas y combinó política, melodrama y tensión social en títulos como Eva Perón, En retirada y El Polaquito.
El realizador Juan Carlos Desanzo murió a los 88 años y dejó una trayectoria extensa dentro del cine argentino. Su obra atravesó más de seis décadas y combinó política, tensión social y melodrama sin buscar consensos fáciles.
Director, guionista y, ante todo, director de fotografía, Desanzo participó en distintas etapas de la producción nacional. Desde el cine político de los años ’60 y ’70 hasta las ficciones más industriales de los ’90, mantuvo una identidad propia y una mirada reconocible.
De la fotografía al compromiso político
Antes de ponerse detrás de la cámara como realizador, Desanzo construyó su prestigio en la dirección de fotografía. Trabajó en títulos fundamentales como La hora de los hornos, Juan Moreira y La tregua. Esa experiencia marcó su modo de narrar.
A lo largo de su filmografía, la puesta en escena ocupó un lugar central. Cada encuadre sostuvo una intención dramática clara. Incluso cuando eligió formatos más clásicos, nunca abandonó la conciencia visual que definió su estilo.
Su debut como director llegó con En retirada, en plena transición democrática. Allí abordó las huellas de la dictadura en la vida cotidiana. La película evitó el discurso explícito y prefirió explorar los pliegues morales de sus personajes. De ese modo, instaló un tono sobrio y reflexivo.
Entre el mito y la marginalidad
Durante los años ’90 alternó entre el thriller, el drama político y propuestas más cercanas al gran público. En ese período estrenó Eva Perón, una aproximación íntima a la figura de Eva Duarte.
Lejos del biopic espectacular, la película se concentró en los últimos días de la dirigente y en la dimensión política de su enfermedad. La decisión generó debates, aunque reafirmó su voluntad de evitar miradas obvias o complacientes.
Otra obra destacada fue El Polaquito, recordada por nuevas generaciones. Allí narró la historia de un chico que sueña con cantar tango en medio de la marginalidad urbana. El cruce entre tradición musical y crudeza social produjo una película áspera y sensible a la vez.
La ciudad, filmada con textura casi documental, volvió a ocupar un rol narrativo clave. Así, Desanzo demostró que la atmósfera no era decorativa, sino parte esencial del relato.
Con su muerte se cierra un recorrido diverso, atravesado por la historia política argentina y por una mirada cinematográfica que nunca buscó la unanimidad.

