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«Proyecto Patagonia», conflictos e intereses en la formación de reservas naturales

Juan Dickinson retrata la intención de una fundación por crear un parque binacional con Chile, en Santa Cruz, para preservar el ecosistema, el que se oponen sus pobladores.


«Proyecto Patagonia», de Juan Dickinson, retrata la intención de la fundación Rewilding Argentina de crear un parque binacional con Chile, en Santa Cruz, para preservar el ecosistema, pero que encuentra la oposición de los pobladores, quienes los acusan de tener otros intereses y de buscar expulsarlos del lugar, filme que se puede ver en Cine.ar este jueves a las 20 y, gratis, a partir del viernes, en Cine.ar Play.

«Tratamos de no tomar posición porque hay una aparente polémica en los trabajos de las fundaciones. Ellos tienen ciertas críticas respecto al tratamiento tradicional que ha tenido el medio ambiente en la zona», dijo Dickinson a Télam.

El filme está bien nivelado. Con entrevistas por igual a ambos lados de la contienda, el realizador de «Perros del fin del mundo» hace una radiografía de cómo los conflictos y los intereses, por más bienintencionados que sean, pueden poner en peligro cosas tan necesarias e importantes como la preservación del medio ambiente, ante una crisis climática que se encuentra al borde del punto de no retorno y que llevaría a la Tierra a ser un planeta prácticamente inhabitable para la especie humana.

«Nosotros, si bien pensamos que estas posturas son interesantes, porque hay problemas en el medio ambiente, no pensamos que sea así en la actividad de los habitantes de esta zona. Ellos han cuidado el medio ambiente. De hecho, siguen estando las especies tradicionales de animales y vegetales. El tema es complejo y todos los actores tienen que ponerse de acuerdo», señaló.

El proyecto nace cuando el multimillonario estadounidense Douglas Tompkins tuvo la epifanía de crear una reserva binacional entre Chile y Argentina en la estepa patagónica. Luego de su muerte, la familia donó tierras y dinero para poder crear este gran parque, cuya génesis encontró la aprobación de los habitantes locales.

Sin embargo, tras un buen comienzo y diálogo de ambas partes, pronto los locales comenzaron a sentir resquemor y notar cierto mal trato para con ellos. Como ejemplo, la Fundación Rewilding (ex Flora y Fauna) reintrodujo especies autóctonas como el puma, que comenzó a comerse las ovejas de los productores. Además, empezó a prohibirle a los mapuches de la zona que recojan las plantas para sus medicinas ancestrales.

Así, lo que en un comienzo empezó como una convivencia en armonía en pro del bien común, se convirtió en una batalla política que involucró hasta al exjefe de Gabinete Marcos Peña.

«En el Gobierno anterior hubo apoyo a una declaración para pre aprobar la reserva, sin que ésta se haya constituido en los hechos. Todo esto genera una especie de pelea que se produce porque las partes quieren defender sus intereses de corto plazo, mientras que todos deberían estar pensando en proteger a largo plazo», dijo Dickinson.

Por un lado, los ambientalistas acusan a los habitantes de haber introducido especies foráneas y de realizar actividades nocivas para el ecosistema, como el sobrepastoreo, mientras que los locales los acusan de tener negocios inmobiliarios y no respetar sus costumbres.

Yo diría que viendo el accionar de las fundaciones se podría decir que hay algo que no está del todo bien.
JUAN DICKINSON

«Aunque hay técnicos que nos cuentan que ha habido sobrepastoreo, esto ya está controlado y no tiene un impacto desfavorable, como tampoco el ganado bovino. Las prácticas ecológicas de la región no son conducentes a un deterioro. Las tierras que compran están en muy buen estado de conservación», señaló.

¿Cuánto puede tener de cierto el que habla de «cultura y tradición» si esa misma «cultura» puede ser la que llevó al colapso climático en el que vivimos?

Juan Dickinson: No hay duda de que el medio ambiente está crisis y de que este tipo de iniciativas tiene cosas que son recomendables, es un esfuerzo por devolver las cosas a un estado anterior. Es un esfuerzo interesante y lo que no nos parece es presentar este tipo de iniciativa como un conflicto. Lo que vemos es que las cosas se hacen de tal manera que suscita conflicto entre la gente que vive y conoce muy bien el lugar. Los que quieren llevar el medio ambiente a un final feliz y mejor, deben tomar la experiencia de los que viven en la zona.

Los pobladores, en tanto, huelen que hay algún negocio espurio detrás.

JD: Es verdad que vemos que algunos habitantes de esta zona sienten que las actividades de las fundaciones son un poco raras, que hay algo que no está bien. Yo diría que viendo el accionar de las fundaciones se podría decir que hay algo que no está del todo bien. Hay reservas que se han completado (como Monte León, en la costa de Santa Cruz) y los resultados no son buenos. Es un parque inoperante, no va nadie, está cerrado frecuentemente, sin instalaciones apropiadas y no genera turismo. Da lugar a esta pregunta de cuál es el objetivo real. Yo, personalmente, pienso que no hay malas intenciones.

Por otro lado, ¿qué atractivo hay en estas zonas alejadas y casi inhóspitas para que filmes, como en «Perros de fin del mundo»?

JD: El atractivo es evidente. Son zonas impagables, que existen en muy pocos lugares del mundo y excepcionales en cuanto a la gente y la naturaleza. Para todo el equipo filmar allá fue una experiencia increíble, con cosas nuevas todos los días. Fue muy duro filmar, pero nos ha dado muchas recompensas y cosas que ya son parte de algo vivido que es irreemplazable. También para nosotros ha sido muy interesante participar en la problemática de la región y como se prepara para el futuro. Queremos contribuir a que este futuro sea mejor.

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