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Líbano bajo la doctrina del «modelo Gaza»: la ofensiva israelí ya deja más de 1.300 muertos

Al cumplirse un mes de la incursión militar, el Gobierno libanés denuncia la intención de Israel de ocupar el 8% de su territorio nacional. Con más de 1.300 muertos y un millón de desplazados, el conflicto escala con ataques a las fuerzas de paz de la ONU y un alineamiento regional cada vez más complejo.

Líbano bajo la doctrina del «modelo Gaza»: la ofensiva israelí ya deja más de 1.300 muertos

La ofensiva aérea y terrestre lanzada por Israel sobre territorio libanés el pasado 2 de marzo cumple 30 días con un saldo humano devastador y una pretensión política clara: la reconfiguración territorial del sur del país. Según datos del Centro de Operaciones de Emergencia del Líbano, publicados originalmente por teleSUR con información de la agencia EFE, la cifra de víctimas asciende a 1.345 muertos y 4.040 heridos. En este escenario de violencia sistemática, el reporte destaca que «entre las víctimas fatales se registran 125 niños», lo que evidencia el impacto indiscriminado de los bombardeos sobre la población civil.

La doctrina de la demolición y el control territorial

El conflicto no se limita a un intercambio bélico con grupos armados, sino que revela objetivos de ocupación formal. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha manifestado abiertamente la intención de establecer una «zona de seguridad» hasta el río Litani, lo que implicaría el control del 8% del territorio nacional libanés. Al respecto, el ministro de Defensa del Líbano, Michel Menassa, denunció que «hablar de repetir el modelo de Gaza constituye un crimen atroz», rechazando categóricamente la demolición de viviendas y la apropiación de suelo soberano.

Este avance territorial ha provocado el desplazamiento forzado de más de un millón de personas, quienes huyen de los ataques concentrados en el sur, el este y los suburbios de Beirut. Las implicancias sociales son profundas, dado que la estrategia de Tel Aviv parece replicar el asedio total, bajo una lógica donde, según el gobierno israelí, se busca destruir la infraestructura civil para neutralizar amenazas, ignorando las fronteras internacionales.

Debilidad institucional y el rol de las fuerzas internacionales

En el frente político interno, el primer ministro libanés, Nawaf Salam, intenta desesperadamente desvincular al Estado de las acciones de Hizbulá y la Guardia Revolucionaria iraní para evitar una guerra civil. Salam ha sido enfático al señalar que el país no posee «intereses nacionales en dicha conexión bélica» y ha procedido a la ilegalización de las actividades armadas del grupo chií en el marco del conflicto actual. Sin embargo, la capacidad del Ejecutivo para frenar la incursión extranjera es mínima frente a la magnitud del despliegue israelí.

La tensión ha escalado también al plano diplomático internacional tras el impacto de misiles en bases de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (Unifil), afectando específicamente al contingente italiano en Shama. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha advertido de manera tajante que «los ataques contra cascos azules pueden constituir crímenes de guerra», exigiendo el respeto a la resolución 1701. Este hostigamiento a las fuerzas de paz ocurre en un contexto global donde el alineamiento belicista de potencias y aliados, incluyendo la reciente postura de Argentina de declarar a la Guardia Revolucionaria iraní como terrorista, dificulta cualquier vía de mediación neutral.

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