En el marco de un encuentro con trabajadores del sindicato SECAPI en la localidad bonaerense de Cañuelas, el diputado nacional Máximo Kirchner desplegó un discurso que osciló entre la crítica directa a la gestión económica de Javier Milei y un fuerte reproche hacia la conducción de la Confederación General del Trabajo (CGT). El dirigente enfatizó que, ante el deterioro social, «la solidaridad en estos tiempos más que un acto bondadoso es un acto necesario para cualquier argentino». Su presencia en el territorio bonaerense busca reforzar el vínculo con las bases sindicales y municipales en un contexto de creciente tensión interna dentro del peronismo.
El acceso a la tierra y la crítica al modelo «outsider»
Durante el acto, se destacó una iniciativa gremial para el acceso a lotes de vivienda, punto que Kirchner utilizó para contrastar la retórica oficialista con la realidad territorial. El diputado cuestionó la visión de propiedad privada del Ejecutivo nacional, señalando que «la propiedad privada de la gran mayoría de los argentinos y argentinas les está costando acceder», mientras el discurso oficial parece proteger únicamente a los grandes grupos económicos. Esta problemática habitacional se inscribe en un marco de retracción del poder adquisitivo que afecta la planificación de vida de las familias trabajadoras.
Kirchner también ensayó una autocrítica sobre el desempeño electoral de su espacio, instando a comprender por qué la sociedad optó por una opción que calificó de «antipolítica». Al respecto, sostuvo que el actual mandatario es un «economista formado en los paneles de la televisión» y que su ascenso obliga a la militancia a hacerse cargo de la hora actual con propuestas claras. El análisis sugiere que la falta de respuestas materiales concretas durante la gestión anterior facilitó el avance de discursos disruptivos que hoy ejecutan el ajuste.
Fractura expuesta con la conducción sindical
Uno de los puntos de mayor tensión política fue el reclamo de Kirchner hacia los líderes de la CGT por la omisión de Néstor y Cristina Kirchner en los discursos del pasado 1° de mayo. El legislador calificó estas actitudes como «miserias en la política» y advirtió que este tipo de divisiones facilitan el avance sobre los derechos laborales. La implicancia de este cruce revela una fractura profunda en la estrategia de la oposición frente a las reformas que impulsa la Casa Rosada.
El diputado defendió la gestión de la exmandataria, vinculando los logros en soberanía energética y derechos sociales con la necesidad de una conducción firme. Kirchner fue tajante al preguntar: «¿Cómo vamos a convocar a los argentinos y argentinas para un gobierno y que nos voten si tenemos este tipo de miserias entre nosotros y nosotras?». Sus palabras exigen una síntesis política que no ignore la historia reciente del movimiento, planteando que la unidad solo es posible si se priorizan los intereses de la mayoría trabajadora.
Federalismo de recursos y «corazón» fiscal
En el plano legislativo y económico, Kirchner se refirió a la necesidad de rediscutir la distribución de recursos entre el centro y las provincias. Propuso retomar mecanismos similares al Fondo Federal de la Soja para que la recaudación por retenciones vuelva a los municipios, criticando lo que llamó un «provincialismo egoísta bajo la pátila de un federalismo que se pronuncia» pero no se ejerce. Esta propuesta busca dar oxígeno a los intendentes y gobernadores que enfrentan el recorte de partidas nacionales.
Finalmente, el referente de La Cámpora cuestionó la naturaleza del equilibrio fiscal pregonado por el Ministerio de Economía. Aseguró que el ajuste actual «lo puede hacer cualquiera que no tenga corazón, cualquiera que no tenga alma», ya que se realiza desequilibrando la vida cotidiana de los jubilados y trabajadores. Kirchner concluyó reafirmando que el desafío del peronismo es construir una opción política que no frustre nuevamente a la sociedad y que tenga la capacidad de representar genuinamente al conjunto del pueblo.

