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Los expresidentes Mujica y Sanguinetti se despidieron de sus bancas de senadores

Mientras que José Mujica asegura que lo echó «la pandemia» por padecer una enfermedad autoinmune, Julio María Sanguinetti le dejará su lugar a Tabaré Viera, para dedicarse «a otras tareas».


Los octogenarios expresidentes José Mujica y Julio María Sanguinetti, dos pesos pesados de la política de Uruguay, renunciaron este martes a sus bancas de senadores, en el caso del «Pepe» para retirarse de la vida política en una decisión precipitada por la pandemia de coronavirus y Sanguinetti para dedicarse a «otras tareas».

Ambos líderes y adversarios políticos hicieron hoy a un lado los protocolos sanitarios y sellaron el fin de una etapa con un fuerte abrazo en la Cámara, frente al aplauso de todos los legisladores que se pusieron de pie y describieron la jornada como «día histórico», «gesto único» y «reflejo de la democracia».

La rivalidad política entre Mujica, por el Frente Amplio (FA), y Sanguinetti, por el Partido Colorado (PC), estuvo presente hasta último momento.

Tras las elecciones de 2019, el FA -en el poder durante 15 años- debió dejar el Gobierno a manos de la coalición liderada por el centroderechista Partido Nacional y de la cual Sanguinetti fue uno de los principales impulsores.

Mujica (2010-2015) dimitió hoy a su escaño y se retiró definitivamente de la política activa, en una decisión acelerada debido a su edad, a la pandemia de coronavirus y por padecer una enfermedad autoinmune.

«Esta situación me obliga, con mucho pesar por mi honda vocación política, a solicitar que gestione mi renuncia a la banca que me otorgó la ciudadanía», escribió el funcionario, de 85 años, en una carta leída hoy en sesión extraordinaria del Senado.

«Me está echando la pandemia. Ser senador es hablar con gente y andar por todos lados. Estoy amenazado por todos lados: por la vejez y por mi enfermedad. Si mañana aparece una vacuna yo no me puedo vacunar», agregó el dirigente del Frente Amplio (FA), que será reemplazado por Alejandro Sánchez.

Mujica, quien llegó a la Presidencia siendo uno de los políticos más populares y, a la vez, más resistidos del país por su pasado guerrillero, alcanzó una enorme proyección internacional por mantener un estilo alejado de los protocolos y sus discursos volcados a los valores humanos.

«En mi jardín hace décadas que no cultivo el odio, el odio termina estupidizando porque nos hace perder objetividad ante las cosas, el odio es ciego como el amor, pero el amor es creador y el odio nos destruye», manifestó el exmandatario.

«La biología impone cambios pero también tiene que haber actitud de cambio de dar oportunidad a nuevas generaciones y ayudar a construir el porvenir», sumó.

En esa línea, su discurso también fue dirigido a la juventud, a la cual pidió no dejarse vencer pese a las adversidades de la vida.

«He pasado de todo en la vida, estar seis meses atado con alambre con las manos en la espalda, irme de cuerpo por estar en un camión, estar dos años sin que me llevaran a bañarme y tener que bañarme con una taza. He pasado de todo, pero no le tengo odio a nadie y le quiero transmitir a los jóvenes que triunfar en la vida no es ganar sino levantarse cada vez que uno cae», finalizó.

Durante su adiós, también aseguró que se ve como «un consejero» de sus compañeros del Movimiento de Participación Popular (MPP), una idea que ya había deslizado en 2018, la primera vez que decidió dejar la banca por motivos «personales» y «cansancio de largo viaje».

La decisión de dejar la actividad parlamentaria también fue compartida por Sanguinetti, el líder de la restauración democrática después de 12 años de dictadura (1973-1985) y dos veces presidente de Uruguay por el PC.

Tras el discurso de Mujica, el dirigente también se tomó algunos minutos para despedirse del Senado y agradecer «el clima de respeto» que se mantuvo durante los meses de pandemia.

«Por la presente vengo a renunciar al cargo de senador que actualmente ocupo. Me motiva principalmente la necesidad de atender la secretaría general del Partido Colorado, mis actividades periodísticas y corresponsalías editoriales», escribió en su carta de renuncia leída en la sesión extraordinaria.

Sanguinetti, de 84 años, fue el primer mandatario posdictadura tras unas elecciones con candidatos proscriptos por el régimen; se erigió entonces como líder de la restauración democrática y fue reelecto en 1995.

El dirigente le dejará su lugar a Tabaré Viera para dedicarse «a otras tareas», como sus actividades periodísticas, además de «la necesidad de atender la secretaría general del Partido Colorado».

«Ustedes dirán ¿por qué este señor privilegia su partido y no disfrutar de este cuerpo? (…) Y es porque siento un enorme deber hacia mi partido y una profunda convicción sobre la importancia de los partidos políticos en la vida democrática», aseveró.

Mientras «la opinión de los ciudadanos es diversa, es veleidosa, los partidos son los que encauzan, orientan, vertebran, articulan, y eso es fundamental sobre todo en estos tiempos en que las burbujas publicitarias y la magia de las redes pueden entronizar (…) a figuras que no representan valores y que no dan la seguridad institucional de los países, porque son gente que no se siente atada», argumentó.

«El concepto de representación política hoy está en crisis. El ciudadano hace un Facebook y cree que con eso es partícipe de un diálogo universal y tiene la falsa sensación de ello. Y más que nunca entonces nos tenemos que aferrar a las ideas», resaltó Sanguinetti.

Mujica, el exguerrillero electo presidente que nunca abandonó la vida simple ni la lucha

El expresidente uruguayo José «Pepe» Mujica renunció este martes a su banca en el Senado, en una decisión precipitada por la pandemia de coronavirus, y anunció que se retira de la vida política, donde dejó una huella por la claridad de su discurso, un estilo alejado de los protocolos y una militancia contra las dictaduras y por la unión latinoamericana.

«Triunfar en la vida no es ganar. Es levantarse y volver a empezar cuando uno cae», señaló hoy el dirigente del Frente Amplio en la sesión extraordinaria en la que dejó su escaño.

Nacido el 20 de mayo de 1935 en el barrio Paso de la Arena, departamento de Montevideo, fue uno de los fundadores del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T), que en la década del 60 y 70 realizó asaltos, secuestros y ejecuciones en resistencia a la dictadura.

Pasó casi quince años de su vida en prisión y hoy, en su última sesión en la Cámara, recordó algunas situaciones que tuvo que enfrentar en ese período: «He pasado de todo en la vida. Estar seis meses atado con alambre con las manos en la espalda. Irme de cuerpo por no poder aguantar en un camión. Estar dos años sin que me llevaran a bañarme y tener que hacerlo con un frasco».

«Pero no le tengo odio a nadie», señaló el dirigente que, tras salir de la cárcel, fundó junto a otros líderes del MLN-T y otros partidos de izquierda el Movimiento de Participación Popular (MPP), dentro de la coalición frenteamplista.

Así, con su estilo llano, resultó elegido diputado y senador, y a sus 75 años se convirtió en el presidente electo de Uruguay al vencer en la segunda vuelta al expresidente derechista Alberto Lacalle en 2009.

Durante su presidencia donó casi el 90 por ciento de su sueldo. Mantuvo su Volkswagen fusco, de color celeste, y una casa en Rincón del Cerro, un barrio rural de la periferia de Montevideo, donde además mantiene una huerta junto a su mujer desde 2005, Lucía Topolansky, quien luego fue vicepresidenta de Uruguay.

Su rol como líder en América latina creció luego de la muerte del presidente venezolano Hugo Chávez, ocurrida el 5 de marzo de 2013.

Gracias a su modo de vida simple, alejado del confort y la excentricidad, Mújica abrió un debate sobre el futuro de la izquierda latinoamericana e intervino en el proceso de paz en Colombia al reunirse, en Cuba, con guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC).

Fiel a sus ideales, recibió en Uruguay a madres con niños huérfanos de la guerra en Siria y aceptó un pedido del ex presidente estadounidense Barack Obama para que llegarán a ese país seis presos de la cárcel de Guantánamo, propuesta de la que luego se arrepintió.

También le pidió a Estados Unidos que levantara el embargo económico a Cuba, causando el disgusto de la izquierda uruguaya cuando visitó a Obama en el Salón Oval de la Casa Blanca.

En 2012, el ex guerrillero tupamaro despenalizó el aborto y en agosto de 2013 entró en vigor en Uruguay la ley de matrimonio igualitario.

También impulsó la legalización de la marihuana en Uruguay, lo que convirtió a ese país en pionero de la industrialización de esa planta.

Entre sus fracasos, el exmandatario reconoció que no pudo dejar un sistema de educación pública eficiente, para que igualara las oportunidades de los pobres con aquellos de mejor condición social.

En 2015 le devolvió la banda presidencial a quién había sido también su antecesor, Tabaré Vázquez, y volvió al Senado, donde ya había estado entre 2000 y 2005.

Pese a la derrota del Frente Amplio a nivel nacional en las elecciones del año pasado y la llegada de Luis Lacalle Pou a la Presidencia, Mujica ratificó su banca que hoy deja, en una decisión acelerada por la pandemia, debido a su edad y por padecer una enfermedad autoinmune.

Julio María Sanguinetti, líder histórico de la restauración democrática en Uruguay

El expresidente de Uruguay Julio María Sanguinetti, quien hoy dejó su escaño en el Senado para dedicarse de lleno a la secretaría general de su Partido Colorado y a tareas periodísticas y editoriales, fue un actor clave de la restauración democrática uruguaya.

Sanguinetti, de 84 años, se erigió como líder de ese histórico proceso de retorno al Estado de derecho al convertirse en el primer presidente del país tras 12 años de dictadura (1973-1985), en unas elecciones con candidatos proscritos por el régimen.

Militante colorado desde su adolescencia, Sanguinetti comenzó a desempeñarse como periodista en la década de 1950 mientras cursaba la carrera de Derecho en la Universidad de la República, de la que egresó como abogado en 1961.

Un año más tarde obtuvo un escaño en la Cámara de Diputados y fue reelecto en 1966 y 1971.

En los años previos a la dictadura, el también escritor e historiador fue ministro de Industria y Comercio (1969-1972) durante el Gobierno de Jorge Pacheco Areco, y de Educación y Cultura (1972-1973) hasta el golpe de Estado de junio de 1973.

Con la llega del régimen militar, Sanguinetti fue proscrito políticamente y volvió a dedicarse a su actividad como abogado y periodista.

En esa época, fundó la Comisión del Patrimonio Histórico y presidió el Centro Regional para el Fomento del Libro y la Lectura en América Latina.

Pero en 1981 se convirtió en el principal dirigente colorado y tuvo un papel decisivo en las conversaciones con las Fuerzas Armadas que allanaron el camino para la restauración de la democracia.

Tras el Pacto del Club Naval de 1984, que posibilitó el regreso de la democracia a Uruguay, Sanguinetti fue nominado candidato a la presidencia por el Partido Colorado y ganó los comicios.

Durante su mandato (1985-1990), el mandatario de centroderecha adoptó importantes reformas democráticas y liberó a los presos políticos, incluidos los miembros de la organización Tupamaros.

También firmó los acuerdos para crear el Mercado Común del Sur (Mercosur) con la Argentina, Brasil y Paraguay.

Tras dejar el cargo, volvió a dedicarse unos años a su actividad profesional, sin dejar su militancia en el Partido Colorado, donde fue reelegido candidato presidencial para los comicios de 1994, en los que fue electo para un segundo mandato (1995-2000).

Sin embargo, tras el derrumbe político colorado tras la crisis de 2002, Sanguinetti decidió dejar la política «formal», aunque constantemente hacía apariciones públicas.

Estructurado, elocuente y académico, el político de tupidas cejas es considerado uno de los personajes más influyentes de la democracia uruguaya, por lo que, en las últimas elecciones internas de 2018, sus correligionarios le pidieron que se presente como precandidato para ayudar a levantar un partido que, en los sondeos, estaba en el olvido.

Si bien no logró vencer en las primarias, Sanguinetti sacó a relucir su capacidad negociadora y fue el artífice y motor del acuerdo entre cinco partidos que dio luz a la denominada coalición multicolor, vencedora de las últimas elecciones, tras más de 15 años de Gobierno del Frente Amplio.

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