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García Linera llamó a las fuerzas progresistas a reconstruir «esperanza colectiva» con nuevas reformas

El exvicepresidente de Bolivia realizó una exposición frente a una multitud en las escalinatas de la Facultad de Derecho de la UBA. «En este momento de emergencia tenemos que ajustar la riqueza, porque la otra opción es ajustar el salario, que quiere hacer la derecha», indicó.


Por Martín Piqué

El exvicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, aseguró que «la responsabilidad» de las fuerzas progresistas es «recuperar las banderas de la esperanza colectiva» con la gestación de «reformas de segunda generación», que deberían incluir «una reforma tributaria», una «transición energética» que desarrolle el litio, más control del Estado para aprovechar el «microciclo de precios altos de las commodities» y el fomento de «la economía digital».

«En este momento de emergencia tenemos que ajustar la riqueza, porque la otra opción es ajustar el salario, que quiere hacer la derecha. Hay varias técnicas, como el impuesto a las fortunas o la repatriación de dineros de los paraísos fiscales. Hasta (Joe) Biden está haciendo eso, el G-7 ha establecido un impuesto del 15% a las empresas», argumentó.

En una exposición realizada bajo el sol y frente a una multitud que ocupaba las escalinatas de la Facultad de Derecho de la UBA, el dirigente de la izquierda boliviana y académico reconocido en la región enumeró una lista de acciones «a modo de propuestas» para esta etapa, en la que incluyó también el desarrollo de políticas de innovación desde el Estado mediante la asociación de recursos públicos, privados y las universidades.

«Ni el neoliberalismo se presenta con novedades, ni el progresismo se presenta con un horizonte que pueda remontar las consecuencias de la crisis de la pandemia y de la crisis ambiental»

García Linera aclaró que este tipo de puntos programáticos emergen siempre desde las sociedades, para luego completar su serie de reformas proyectadas con una referencia al problema del endeudamiento externo, y entonces planteó «la derogatoria o la suspensión del pago de la deuda es una demanda mundial», definición que recibió el mayor aplauso de la tarde.

«Tenemos que hacerlo», insistió y luego se preguntó: «¿Dónde fue a parar la deuda? ¿Fue a parar a un barrio popular, a un salario de un trabajador, de una fábrica, a la actividad independiente de un compañero que tiene una microempresa, o paró en las grandes fortunas?», lo que generó la aprobación del auditorio, conformado por agrupaciones estudiantiles, docentes y gremialistas de los trabajadores de la UBA.

Álvaro García Linera en la Facultad de Derecho de la UBA. Foto: Eliana Obregón.

En su diagnóstico de la actualidad, el tres veces compañero de fórmula de Evo Morales (a quien acompañó como vicepresidente en sus mandatos, el último trunco por el golpe del 10 de noviembre de 2019) describió el presente como «un momento de estupor» y de «cierta parálisis» producto de lo que definió como una encrucijada «entre dos proyectos en pugna que se muestran débiles».

«Ni el neoliberalismo se presenta con novedades, ni el progresismo se presenta con un horizonte que pueda remontar las consecuencias de la crisis de la pandemia y de la crisis ambiental», fundamentó y agregó que para ser «honesto intelectualmente» él no veía posible en este contexto «una victoria de largo plazo» de la «oleada progresista» con diez o quince años de gobierno, como sí ocurrió en la primera década del siglo.

Entonces definió el presente como «un tiempo liminal, angustiante, a veces frustrante, pero al mismo tiempo especial, porque todo se puede crear» y, en ese sentido, alentó a los presentes, entre quienes había varios representantes del Frente de Todos como el senador Mariano Recalde o las legisladoras de CABA Lucía Cámpora y Maru Bielli, a «producir un horizonte que canalice la expectativa de la gente».

Sobre el accionar de la derecha

En otro tramo de la charla, García Linera analizó a la derecha actual, a la que definió como un «neoliberalismo zombie» que intentar «rodar para atrás la rueda de la historia» con un programa económico basado en «destruir empresas públicas, hacerlas deficitarias para después privatizarlas, repartirse tierras, asignar los créditos de los bancos a las familias y los conocidos, criminalizar a los sindicatos y garantizar el despido impune».

Como una particularidad de este etapa, el exvicepresidente de Bolivia advirtió que los hechos ocurridos en su país a partir de noviembre de 2019, que produjeron «37 muertos, 500 heridos de bala, 1200 detenidos en apenas un mes y medio», reflejaban que la derecha de Sudamérica hoy «es una derecha enfurecida y, si llega a ser necesario, también antidemocrática».

En ese sentido, planteó que personalidades emblemáticas de la derecha sudamericana como el escritor peruano Mario Vargas Llosa expresan «una concepción filosófica de la democracia que es instrumental y utilitaria» porque consideran que franjas de la población «al votar mal, se vuelven peligrosos», tesis en la que subyace la idea de restringir un derecho universal con variantes del voto calificado.

«Las derechas levantan el estandarte de una nueva guerra santa, con sus cascos, escudos, lanzas; son los nuevos cruzados que quieren enfrentar a los nuevos enemigos de la libertad: que somos los populistas, los progresistas», subrayó García Linera, para quien la nueva derecha de América Latina y España plantea que el conflicto «no es con un adversario político sino con un enemigo moral, lo cual es peor y más grave».

«En Bolivia nosotros tuvimos una empleada del hogar (trabajadora doméstica) como ministra de Justicia, un agricultor fue nuestro canciller, un minero fue nuestro ministro de Minería, y el Parlamento se llenó de olor a coca, a tierra y a sudor, el sudor del trabajador», agregó al hacer un balance del período en que acompañó a Morales en el gobierno (2006-2019), en el que llevaron el salario mínimo de «42 dólares a 300 dólares», destacó.

Esos resultados, al igual que el «empoderamiento» del pueblo y su acceso a espacios de decisión en el Estado, siguió García Linera, hicieron que sectores de la sociedad boliviana «con privilegios de casta y apellido» acumularan resentimiento «que escupieron y vomitaron en 2019, cuando se sacaron el traje de demócratas y el candado de la lengua para desatar el odio».

«La igualdad tiene entonces un precio y esa es una lección para todos. Es algo que uno tiene que prever. La lucha por la igualdad, que es un objetivo humano ético, tiene un costo. Los que pierden privilegios no estarán dispuestos a compartir», alertó el intelectual nacido en la ciudad de Cochabamba, que se formó con estudios del marxismo y cursó en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam).

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