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El Teatro Cervantes cumple 99 años

Su director, Rubén D’audia nos cuenta cómo se preparan para este aniversario. Además, conocé la historia del teatro fundado por un apasionado matrimonio español que se convirtió en patrimonio cultural de los argentinos.


Ruben D’audia asumió como director general en enero del 2020. Durante su gestión solo pudo estrenar a sala llena Teoría King Kong; luego llegaron los tiempos del asilamiento social y obligatorio. Ahora está esperanzado y confía en que si no son los 99 años, serán los primeros 100 años del Teatro Cervantes los que se celebren con una gran fiesta teatral ambulante que recorra cada rincón del país.

«Estamos cumpliendo 99 años en medio de esta situación difícil, ya que el medio teatral es uno de los más golpeados por las condiciones que nos impone la pandemia, pero gracias a las políticas que el Ministerio de Cultura ha planteado para el sector, en conjunto con las políticas que lleva adelante por el gobierno nacional, podemos estar a la altura de las circunstancias.

Es importante celebrar la historia como poner en relieve el presente porque todo lo realizado en estos meses -la confección de barbijos, el Cervantes Online, los concursos, becas, subsidios para el sector- fue posible gracias al compromiso, responsabilidad y convicción de los hombres y mujeres trabajadoras que forman parte del Cervantes, de nuestro teatro nacional».

Uno de los objetivos de Rubén D’audia es impulsar el carácter federal del Teatro, realzar su condición de ser el único teatro nacional. Paradójicamente, debido al APSO, las obras publicadas en el Cervantes Online fueron vistas por más de 600 mil personas en todo el país.

«Nosotros tememos claro que el streaming, que la reproducción audiovisual no se equipara al evento escénico, al fenómeno teatral, pero lo del Cervantes Online es algo novedoso y de lo cual uno puede realizar algunos aprendizajes. Las devoluciones que nos han hecho desde las diferentes provincias del país es muy emocionante. Porque cuando hemos subido «Sacco y Vanzetti» o «Jetattore!» la gente agradece desde un lugar muy genuino. El Teatro Nacional -entre sus tantas misiones- tiene que poder distribuir el capital cultural que esta sociedad va acumulando, y entendemos que no podemos menospreciar esta herramienta que nos otorga la tecnología para poder hacer llegar estos valiosos contenidos.

En otro plano, hay doce obras producto de la convocatoria Obras Cortas que las estamos haciendo en colaboración con las regiones del Instituto Nacional del Teatro y el jurado, que ha leído las más 1500 obras que nos han llegado, están formado por colegas de diferentes provincias. En este contexto tenemos claro que el Teatro debe tener una fuerte impronta federal porque es el teatro de la nación».

Un poco de la historia de este teatro centenario

La actriz y directora española María Guerrero siempre soñó con dirigir y actuar en un teatro esplendoroso. Le rogaba a su padre que por favor comprase el Teatro de Madrid pero no tuvo éxito. Fue recién cuando se casó con Fernando Díaz de Mendoza, otro amante de las artes escénicas, que pudo concretar ese deseo sin límites de construir un espacio magnífico y bello por donde se lo mire. Y lo construyeron en Buenos Aires.

Inspirada en la arquitectura de la Universidad de Alcalá de Henares (construida entre 1514 y 1533), cada rincón de España se puso a trabajar y embarcaron azulejos, telones, maderas y mármoles. Diez ciudades y setecientas personas trabajaron en el proyecto. La intención era reproducir un estilo renacentista y copiar la mayor cantidad de modelos clásicos que existían en distintos edificios de España.

Viviendo en un pequeño sector de aquel edificio en obra, invirtiendo todos sus ahorros, préstamos y aportes voluntarios de los prestigiosos círculos sociales, financieros y artísticos de Buenos Aires, el matrimonio Guerrero y Díaz de Mendoza -junto a sus tres hijos Fernando, Carlos y María, que también formaban parte de la compañía- levantaron aquel teatro anhelado al que decidieron llamar Teatro Cervantes, en homenaje al mentor del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

María Guerrero muestra a Díaz de Mendoza y a otros acompañantes los planos del Cervantes en un diario de la época.

En 1918 el matrimonio le encarga a los arquitectos Aranda y Repetto la construcción del teatro en un terreno ubicado en la esquina de Libertad y Córdoba. Buscaban que fuera “… no sólo una sala de espectáculos sino un monumento de belleza a la gloria del arte español, una síntesis del solar de la raza…”. La construcción comenzó en el año 1920 y la grandiosa fiesta de inauguración tuvo lugar el 5 de septiembre de 1921.

La sala principal se creó para que sea el verdadero corazón del teatro. Tiene el diseño del teatro clásico en forma de herradura y actualmente una capacidad para 870 espectadores en total, distribuidos en una platea para 400 personas y cinco niveles alternando palcos bajos, balcón y altos, la tertulia, el paraíso y la barra. Ese corazón hoy se llama Sala María Guerrero.

El 5 de septiembre se realizó la gran fiesta de inauguración del Teatro Cervantes y fue tapa de todos los diarios de la época. El evento constituyó un verdadero acontecimiento cultural y social que convocó a los artistas, intelectuales y políticos más influyentes de principios de siglo.

María Guerrero era una aristócrata a la española. Su generosidad sin límites impulsó siempre las acciones del matrimonio.

Las palabras de apertura estuvieron a cargo de Fernando Díaz de Mendoza, quién leyó los versos del autor español Eduardo Marquina.

“Nuestro hijo vive, desde este momento, por vosotros; palpitáis en sus entrañas; le dais con el alma, el sentimiento: oíd, en lo que callamos, lo que hemos de decir… Vive él; los que lo soñamos ya no podemos morir”.

La fiesta duró dos días, ya la noche anterior “los fundadores ofrecieron una fiesta de beneficencia en la sala, organizada por las damas de la sociedad porteña; té y baile que se prolongó hasta pasadas las 21 horas, con la platea elevada al nivel del escenario” cuenta la historiadora Beatriz Seibel en su libro «Historia del Teatro Nacional Cervantes (1921-2010)».

«La dama boba», de Lope de Vega, interpretada por la mismísima María Guerrero, fue la primera obra con que se abrió el telón. La actriz y directora la eligió porque aquel libreto la había acompañado en los momentos más trascendentes de su vida.

Desde que abrió las puertas hasta 1926, el Teatro fue puro esplendor. Contaba con un repertorio incluía autores españoles, europeos clásicos y contemporáneos, como también obras de autores locales. Participaban compañías inglesa, francesas, rusas, alemanas, italianas que llenaban las salas con puestas en escena de obras dramáticas, sinfónicas clásicas, festivales a beneficios, conciertos con coros, orquesta, y baile de cierre. Además, los conciertos de música clásica eran transmitidos por radio, la novedad tecnológica del momento.

La programación del Teatro Cervantes era similar a la de otras salas de prestigio dedicadas al teatro europeo, como el Odeón, donde actuara durante muchas temporadas María Guerrero. En paralelo, desde 1920 en adelante se produce el florecimiento del teatro nacional, en que las compañías locales inician sus primeras giras por Europa y Latinoamérica.

La compañía María Guerrero-Díaz de Mendoza no solo estaba a cargo de la logística del teatro sino que también estrenaba sus obras, sobre todo durante los primeros tres años, ya que a fines de 1925 se desencadena una crisis económica irreversible. De 1925 a 1927, solo dos compañías nacionales actúan en el Cervantes.

Los altos costos de mantenimiento y la falta de habilidad para la administración de Fernando Díaz de Mendoza derivaron en un fuerte endeudamiento. En 1926, cuando la deuda alcanzó una suma millonaria, el matrimonio se vio obligado a rematar el edificio en una subasta pública.

La prensa del momento anticipaba que el Cervantes se convertiría en un casino y cabaret. Entre los amigos de María y Fernando se destacaba el autor argentino Enrique García Velloso que, en ese entonces, tenía el cargo de vicedirector del Conservatorio. Alborotado por los rumores, García Velloso intervino y planteó la posibilidad de convertir el Cervantes en sede del teatro oficial.

«Todos ustedes conocen esta soberbia casa de arte y todos están al cabo de las desventuras financieras que, desde antes de su terminación, pesaron sobre sus ilustres iniciadores y propietarios (…) El Teatro Cervantes está perdido para ellos. De un momento a otro se producirá el ‘crack’ definitivo y pensando dolorosamente que el magnífico teatro pase a manos mercenarias, aconsejo al gobierno nacional su rápida adquisición y su entrega a la Comisión de Bellas Artes».

Esta moción fue apoyada por artistas y personas vinculadas al teatro quienes solicitaron una audiencia con el presidente de la Nación Marcelo T. de Alvear para promover la adquisición del Teatro por parte del gobierno.

El 16 de julio de 1926, el Banco Hipotecario Nacional vende en pública subasta el Teatro Cervantes y el teatro es adquirido por el Banco Nación. Hasta que el Congreso aprueba el contrato de compra del Teatro Cervantes, el Banco Nación da en arrendamiento el teatro por cinco años al gobierno. A partir de allí en el Cervantes se dictan todas las clases del Conservatorio Nacional, de música, danza y arte escénico.

En 1932 el Estado cancela la deuda al Banco Nación por la compra del Teatro Cervantes. El Cervantes se convierte en propiedad de todos los argentinos y argentinas.

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