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Dormir poco y mal, un factor de riesgo para la salud

Una investigación del CONICET analiza la calidad del sueño y horas de descanso de médicos residentes en hospitales de Buenos Aires y otras regiones del país. Alertan sobre los efectos físicos, psicológicos y sociales de las malas condiciones de sueño y cómo esto afecta tanto en su salud como en la de sus pacientes, al tiempo que buscan aportar evidencia científica para las políticas públicas y las legislaciones.

Nicolás Camargo Lescano (Agencia CTyS-UNLaM)- Médicos que, durante sus residencias, trabajan más de 80 horas semanales. Cuyas jornadas laborales pueden extenderse más de 30 horas seguidas. Que tienen una calidad de sueño muy baja o que duermen menos de 6 horas diarias. Estos son algunas de las cifras que arroja una investigación del Instituto de Investigaciones Biomédicas (BIOMED, CONICET-UCA) que busca analizar condiciones de descanso y de sueño en profesionales de la salud de hospitales.

“Nuestro grupo estudia el sueño y los ritmos biológicos en poblaciones de riesgo, es decir, grupos que son más susceptibles a sufrir trastornos del sueño por su cotidianeidad. Entre ellos, los médicos residentes, que, con sus jornadas de trabajo sumamente extensas, ponen en riesgo tanto su salud y su bienestar como la de sus pacientes”, explica, en diálogo con la Agencia CTyS-UNLaM, Malena Mul Fedele, investigadora del Laboratorio de Cronofisiología en el BIOMED.

El grupo de trabajo, dirigido por el doctor Daniel Vigo, analizó y encuestó a profesionales de la salud que realizan guardias en distintos hospitales de la región de AMBA y uno de Entre Ríos. En la mirada de los expertos, las malas condiciones de descanso y la calidad de las horas de sueño tienen un importante impacto en la salud.

“Nuestro cuerpo está preparado para descansar de noche y hacer actividades de día. Lamentablemente, cuando ‘vivimos’ al revés no solo trae consecuencias a corto plazo, como la fatiga o la irritabilidad. Si además esto se extiende en meses o años, aumenta considerablemente el riesgo de contraer enfermedades como la diabetes y distintos tipos de cáncer”, explica Mul Fedele.

“Nuestro cuerpo está preparado para descansar de noche y hacer actividades de día».

Malena Mul Fedele, investigadora del Laboratorio de Cronofisiología en el BIOMED.

A este escenario se le agregan, además, impactos a nivel psicológico y social. “En el primer caso, se producen cambios en la esfera afectiva, tales como fluctuaciones en el humor, ansiedad, depresión; y, a nivel social, se observan cambios en la forma de interaccionar con la familia, los amigos y los compañeros”, profundiza la especialista.

Basta un dato para dar cuenta de cómo impacta la falta de sueño a nivel físico y en la posibilidad de sufrir –o causar- accidentes: cuando una persona está despierta más de 17 horas seguidas, los síntomas que se pueden percibir son los mismos de una persona con 0,5 por ciento de alcohol en sangre. “El problema con este escenario es que, si bien hay pipetas para detectar el alcohol, no contamos con ninguna herramienta que detecte ese nivel de fatiga”.

Pensar en políticas públicas

Para el equipo de investigación, uno de los próximos objetivos, además de profundizar en los análisis de los datos obtenidos, es empezar a ofrecer evidencia científica para discutir políticas públicas y la legislación en torno a las horas de trabajo de los médicos residentes.

“No se trata solo de enunciar cómo afecta la falta del sueño a la salud, que tal vez pueda ser hasta incluso de ‘sentido común’. El desafío es demostrar todo este escenario con información científica validada para que nos empiecen a prestar atención y empiecen a debatirse y a buscar la solución a esta problemática – insiste Mul Fedele-. Venimos trabajando y dialogando con empresas que tienen empleados con turnos rotativos y con hospitales, para hacer intervenciones y para ayudar a mejorar la salud y el bienestar de estas personas”.

La investigadora de CONICET también agrega que, en el caso puntual de los médicos residentes, el escenario de no dormir bien obedece a la falta de oportunidades para hacerlo, ya que es una población totalmente concientizada sobre la importancia del sueño. “En las encuestas, pudimos ver que duermen todo lo que pueden dormir. El problema es que, si trabajan en exceso y si trabajan una gran cantidad de horas continuas, las oportunidades de descanso son pocas. Estamos trabajando en el desarrollo de nuevos métodos para monitorear los trastornos del sueño y la disrupción de los ritmos circadianos debido a turnos prolongados”, concluye.

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