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A 30 años de la final de Italia ’90, el penal de Codesal y una noche que no fue mágica

El seleccionado llegó diezmado a la definición, ya que Claudio Caniggia, Ricardo Giusti, Julio Olarticoechea y Sergio Batista estaban suspendidos. Mientras que Diego Maradona, Oscar Ruggeri y Jorge Burruchaga arrastraban molestias físicas.


«Un verano italiano» (Un’estate italiana) fue la canción oficial de Italia ’90, la más bella de la historia de los Mundiales, la que sonó el 8 de julio de hace 30 años en el Olímpico de Roma, cuando Argentina perdió con Alemania 1-0 luego de un polémico penal sancionado por el árbitro mexicano Edgardo Codesal a cinco minutos del final, para que no hubiese una «Noche Mágica», como también se conoció al tema musical de Gianna Nannini y Edoardo Bennato.

Argentina llegó diezmada a aquella definición, por la expulsión de Ricardo Giusti en la semifinal ante Italia; y tampoco sin Julio Olarticoechea, Sergio Batista y Claudio Paul Caniggia, el delantero más valioso y autor de los goles ante Brasil en octavos de final y frente a los dueños de casa en «semis». Los tres se perdieron la final por acumulación de tarjetas.

El astro Diego Armando Maradona tenía el tobillo izquierdo inflamado por un esguince, el caudillo Oscar Ruggeri arrastraba una pubalgia y Jorge Burruchaga, artífice de la consagración en México ’86, estaba «con lo justo» físicamente.

Tal fue así que los dos últimos fueron reemplazados en el transcurso de la final por Pedro Damián Monzón y Gabriel Calderón, respectivamente.

El equipo «albiceleste» también tenía gran parte de los 73.600 espectadores en contra, algo que fue reflejado en el silbido al Himno Nacional Argentino, actitud repudiada a puro insulto por Maradona.

Si bien Alemania era algo más en el juego, el partido comenzó a volcarse a favor de los europeos cuando Monzón, quien había ingresado por el «Cabezón» Ruggeri, se convirtió a los 20 minutos del segundo tiempo en el primer jugador expulsado en una final de un Mundial por una violenta infracción a Jurgen Klinsmann.

Y a cinco minutos del final se concretó la tendencia que traía el partido. El mexicano Codesal, un médico ginecólogo que en realidad nació en Montevideo, donde arbitró sus primeros partidos antes de nacionalizarse mexicano, se erigió en protagonista excluyente, al sancionar un penal para Alemania por una supuesta falta de Roberto Sensini sobre Rudi Voller.

«La falta de Sensini no tiene discusión, él quiere jugar una pelota que está del otro lado y con el muslo lo derriba a Voller, y además se apoya con el antrebrazo», recordó Codesal en abril pasado en el programa radial uruguayo «Tirando paredes».

«Esto es una realidad absoluta, nunca toca el balón. El alemán lo magnifica, sí, pero era penal antes y lo es ahora con el VAR», reafirmó quien se constituyó en un personaje esquivo para los medios desde el preciso momento de aquella polémica decisión.

El lateral izquierdo Brehme, con un tiro bajo al palo derecho, superó a un casi inexpugnable Sergio Goycochea, quien llegaba con la moral fortalecida luego de constituirse en el héroe durante las tandas de penales ante Yugoslavia e Italia en las dos instancias anteriores. El «Vasco» adivinó el palo elegido por el alemán pero por centímetros no pudo interceptar la pelota.

Sobre el cierre del partido el «Galgo» Dezotti seguiría el mismo camino que Monzón hacia los vestuarios, en este caso por protestar una decisión arbitral.

No hubo tiempo para más. Solo para la entrega de las medallas plateadas para el plantel argentino, con el llanto desconsolado de Maradona, inmortalizado en mil imágenes.

De fondo se siguió escuchando «Un verano italiano». Una noche que no fue mágica para un seleccionado que cuatro años atrás había deslumbrado al mundo en México «86.

Síntesis

Argentina (0): Sergio Goycochea; Juan Ernesto Simón; Néstor Lorenzo, José Serrizuela, Oscar Ruggeri y Roberto Sensini; José Basualdo, Pedro Troglio y Jorge Burruchaga; Diego Maradona y Gustavo Dezotti. DT: Carlos Salvador Bilardo.

Alemania (1): Bodo Illgner; Jurgen Kohler; Andreas Brehme, Klaus Augenthaler, Guido Buchwald y Thomas Berthold; Pierre Littbarski, Thomas Hassler y Lothar Matthäus; Rudi Voller y Jürgen Klinsmann. DT: Franz Beckenbauer.

Gol en el segundo tiempo: 40m. Brehme (Al) de tiro penal.

Cambios, en el segundo tiempo: antes de comenzar, Pedro Monzón por Oscar Ruggeri (Ar); 8m. Gabriel Calderón por Jorge Burruchaga (Ar) y 28m. Stefan Reuter por Thomas Berthold (Al).

Incidencias en el segundo tiempo: 20m. expulsado Pedro Monzón (Ar) y 42m. expulsado Gustavo Dezotti (Ar).

Arbitro: Edgardo Codesal, de México.

Cancha: Olímpico de Roma.

Espectadores: 73.600.

El lamento de «Goyco»

Treinta años después, Sergio Goycochea sigue pensando que pudo haber evitado el gol de Alemania: «Estaba seguro de que era su mejor palo, por cómo (Andreas) Brehme era técnicamente yo pensaba que iba a pegarle a ese lado, pero arriba, no tan abajo».

“Fue eso lo que me restó posibilidades de poder atajarlo”, concluye el entrañable Vasco Goycochea ante la consulta de Télam y deja testimonio del detalle con que estudiaba a sus posibles rivales en el duelo de los 11 metros y la pasmosa nitidez con que puede dar cuenta de la célebre final jugada ante 73.603 en el Estadio Olímpico de Roma.

“Brehme pateaba todas las pelotas paradas de Alemania, de los dos lados; jugaba sobre la izquierda siendo derecho, aunque le pegaba con las dos piernas. Incluso en esa misma Copa del Mundo él había hecho un gol sobre la izquierda cuando enganchó para adentro y le pegó un chanflazo al segundo palo”, señaló Goycochea en tácita alusión al tanto que el defensor había convertido contra Holanda en octavos de final.

A cinco minutos del final del partido jugado el 8 de julio de 1990 en la capital italiana se rompió el encantamiento de Goycochea con los penales en ese Mundial al que había ido como uno de los tres arqueros del plantel y fue llamado a intervenir cuando Nery Pumpido sufrió una grave lesión con Unión Soviética: “Soñaba con jugar, claro, pero jamás en esas circunstancias, la desgracia de Nery, y menos con ese nivel de protagonismo, que había pasado empezado con Yugoslavia con cábalas y todo”.

En clave zumbona, el héroe accidental de Italia 90 memoró que el 30 de junio, en Florencia, hacía tanto calor que se había hidratado en exceso sin llegar a deponer líquidos antes de la tanda de penales contra el representativo balcánico y tomó entonces un atajo expeditivo: “Como no podía ir al vestuario hice pis en la cancha misma y ya después quedó como cábala antes de los penales con Italia y en las definiciones con la Selección en los tiempos de Coco Basile”.

Determinante para atajar los remates de los yugoslavos Drajoljub Brnovic y Faruk Handibegic y de los italianos Roberto Donadoni y Aldo Serena, el arquero devenido modelo y conductor de televisión tuvo palabras de elogio para Bilardo y Diego Maradona:(“Carlos nos dijo que la gloria que te da la camiseta argentina, no te la da todo el dinero del mundo, y cuánta razón tenía; y Diego era el líder, el cacique, detrás de él todos nosotros éramos indios”.

Ya es historia escrita: Goycochea era un distinguido baqueano en el arte de neutralizar penales (“la intuición es la habilidad para leer el cuerpo del que va a patear, saber de antemano cómo es, y la potencia de piernas es fundamental: es la única jugada en la que el arquero tiene que pisar y salir”), pero el alemán Brehme disponía de la potestad de hacer lo que al cabo: sacar un remate raso que hizo llegar la pelota cerca del poste derecho del arquero argentino.

La final de la que se cumplen 30 años supuso asimismo el cierre del ciclo de Bilardo al frente de la Selección, con un 51.9 de puntos obtenidos y el privilegio de consumar una vuelta olímpica (la de México 86) y de que el equipo diera el presente en el máximo posible de partidos que comprende un Mundial.

Hacia los primeros meses de 2018 y semanas antes de ser internado por el síndrome de Hakim-Adams, el Doctor se refirió de forma escueta al partido con Alemania y rubricó una sentencia de su sello: “Anduvimos bien… pero perdimos”.

Troglio: «Ahora Codesal dice que le toca con el brazo y antes refería que era con el pie»

Pedro Troglio, uno de los 13 argentinos que jugó la final de Italia ’90 ante Alemania, estuvo a metros de la polémica jugada en el supuesto penal de Roberto Sensini a Rudi Voller, sancionado por el árbitro mexicano Edgardo Codesal, y remarcó que el juez «ahora dice que lo toca con el brazo, cuando antes refería que era con el pie».

«Es imposible que lo haya derribado porque se vio que no hubo infracción y él (por Codesal) ahora dice que lo toca con la mano, con el brazo, cuando antes refería que era con el pie», dijo Troglio a Télam desde Tegucigalpa, la capital de Honduras, donde reside por su trabajo como entrenador de Olimpia.

Al cumplirse 30 años de aquella polémica, Troglio entendió que «lo más lógico sería que él dijera ahora ‘me equivoqué’ y listo, en lugar de andar hablando que fue penal cuando todo el mundo vio que no fue».

«Claramente recuerdo el momento del penal y la bronca que me agarré con Codesal, porque yo venía a la misma altura que él y vi claramente que no fue penal», subrayó el ex jugador, surgido de River Plate.

«Me hizo agarrar mucha ‘calentura’, me sacó amarilla nada más, pero sí con Codesal la bronca fue muy grande», añadió Troglio, autor de un gol en ese Mundial, en la victoria ante Rusia 2 a 0, en la primera ronda.

En cuanto a la final el exmediocampista reseñó: «Faltaban jugadores importantes, sobre todo (Claudio) Caniggia, que venía haciendo los goles, y también eran bajas durísimas y muy importantes para nosotros las de (Ricardo) Giusti, (Julio) Olarticochea y (Sergio) Batista».

«Lo perdimos a (Oscar) Ruggeri en medio de la final, pero bueno, había que salir a jugar y la fe estaba intacta; claro que faltaba ‘Cani’, pero había que pelear», manifestó.

No obstante Troglio vivió ese encuentro «con la intensidad de una final, con toda la previa y la ansiedad», y señaló que «durante el partido uno no se daba cuenta claramente lo que se estaba jugando, pero sí notaba los estados de ánimo y las broncas».

«Pero después lo manejé como generalmente llevamos el partido. No nos dábamos cuenta de lo que estábamos jugando, uno estaba totalmente abstraído de la realidad y haciendo lo que más le gustaba», concluyó.

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