Tras consagrarse en la MLS, Lionel Messi y el plantel del Inter Miami fueron recibidos por Donald Trump en Washington. Un encuentro donde la diplomacia deportiva se mezcló con la retórica de guerra y las tensiones del próximo Mundial.
En un acto que combinó la parafernalia deportiva con el complejo escenario internacional de los Estados Unidos, el presidente Donald Trump recibió este jueves 5 de marzo de 2026 a Lionel Messi y al plantel del Inter Miami en la Casa Blanca. La excusa formal fue la obtención de la MLS Cup ganada en diciembre pasado, pero el trasfondo político dominó gran parte de la ceremonia en el Salón Este.
Messi, quien suele mantener una distancia prudencial de las declaraciones políticas, entregó a Trump un balón de fútbol rosa decorado con joyas. El mandatario, en su segundo mandato, no escatimó en elogios para el astro argentino, destacando la presión bajo la cual juega y su elección de Miami como destino profesional. «Pudiste haber ido a cualquier parte del mundo y elegiste Miami«, señaló Trump, aprovechando incluso para mencionar sus propios intereses comerciales al preguntar al futbolista si frecuentaba su campo de golf en Doral.
El fútbol como plataforma política
A pesar del carácter celebratorio, la gestión de Trump utilizó el evento para filtrar mensajes de su agenda externa. Durante la ceremonia, el presidente se desvió del guion deportivo para abordar el conflicto bélico con Irán, la situación en Venezuela y posibles anuncios sobre Cuba, además de la política de aranceles.
Este matiz político no es menor, considerando que Messi había declinado una invitación previa de la administración de Joe Biden en enero de 2025 alegando problemas de agenda. La presencia de figuras del gabinete de Trump y de Andrew Giuliani —encargado del grupo de trabajo para el Mundial— subraya la importancia que el gobierno otorga al fútbol como herramienta de soft power ante la cercanía de la Copa del Mundo 2026.
Un Mundial bajo la sombra del conflicto
La visita se produce en un contexto territorial crítico. La Copa del Mundo que organizarán Estados Unidos, Canadá y México se ve amenazada por la inestabilidad en la frontera sur, tras la muerte del líder narco Nemesio Oseguera en México, y por la guerra con Irán.
Trump fue tajante al referirse a la participación de la selección iraní en el torneo: «Realmente no me importa si Irán participa«, declaró, calificando al país asiático como una nación «derrotada«. Mientras tanto, el Inter Miami, con estrellas como Luis Suárez y Rodrigo De Paul también presentes en la ceremonia, intenta aislarse de estas tensiones para enfocarse en la defensa de su título.
Implicancias sociales y territoriales
Para el Inter Miami y su propietario Jorge Mas, este encuentro representa la consolidación de un proyecto que busca cambiar la cultura del fútbol en territorio estadounidense. No obstante, para la mirada crítica, la foto de Messi con Trump simboliza la inevitable intersección entre el deporte espectáculo y el uso de las figuras populares para validar gestiones gubernamentales en momentos de crisis internacional.

