En una escalada que desafía abiertamente la arquitectura legal de las Naciones Unidas, las fuerzas de ocupación israelíes protagonizaron este domingo un nuevo acto de agresión directa contra la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL). Según reportó el periodista JDO para el medio teleSUR, soldados israelíes utilizaron un tanque pesado Merkava para embestir en dos ocasiones contra vehículos de los cascos azules en la zona meridional de Bayada. La agresión se produjo luego de que las tropas de Tel Aviv bloquearan una vía estratégica utilizada por la misión internacional para acceder a sus posiciones de control.
La FINUL, encargada de velar por la estabilidad en la frontera, fue enfática al señalar que estas maniobras representan «sistemáticas provocaciones de la ocupación» que buscan entorpecer la labor de observación en el terreno. El organismo denunció que las restricciones impuestas por el mando israelí «obstaculizan la capacidad» de los efectivos internacionales para informar de manera imparcial sobre las violaciones cometidas durante la actual ofensiva militar.
El avance sobre la «Línea Azul» y el desplazamiento forzado
El incidente en Bayada no es un hecho aislado, sino que se enmarca en una invasión terrestre que ya ha capturado entre el 8 y el 10 por ciento del territorio libanés, proyectándose hasta el río Litani. Esta incursión militar, que emula tácticas aplicadas en la Franja de Gaza, contempla la «expulsar a todas las familias de la zona y destruir la totalidad de las viviendas», según consignan los reportes desde el frente de batalla.
El costo humano de esta campaña es devastador. Los bombardeos israelíes en Líbano ya han provocado «2.055 asesinados», entre los que se cuentan 252 mujeres y 165 niños, sumado a un colapso del sistema sanitario que registra 87 trabajadores de la salud fallecidos. En este contexto, la presencia de la ONU resulta incómoda para los planes territoriales de Israel, que busca establecer una «zona de seguridad» mediante la fuerza.
Antecedentes de una hostilidad creciente
La violencia contra los cascos azules ha mostrado una preocupante regularidad en los últimos meses. El 29 de marzo pasado, el impacto de un proyectil de 120 mm disparado por un tanque Merkava contra una posición de la ONU en Adchit al-Qusayr se cobró la vida de «un soldado indonesio, mientras que otros tres resultaron heridos». Asimismo, el 7 de abril, la detención ilegal y el maltrato físico contra un suboficial español de la misión fueron calificados por la ministra de Defensa de España, Margarita Robles, como una «actuación absolutamente hostil» por parte de los militares israelíes.
A pesar de que los uniformados internacionales han sufrido ataques en Kfar Shuba y el valle de la Bekaa desde inicios de año, la FINUL reafirmó que sus miembros «permanecerán en sus puestos y seguirán informando de manera imparcial» sobre lo que acontece en el sur libanés. Esta postura de resistencia institucional se enfrenta a una realidad de campo donde los vehículos de la ONU, aunque están «claramente identificados», reciben disparos de advertencia y daños materiales de forma recurrente.
El estancamiento del derecho internacional
Desde una perspectiva analítica, el accionar de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) representa una violación directa a la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU. Este documento, adoptado en 2006, exige explícitamente el «respeto a la seguridad y la libertad de movimiento del personal de la ONU» y el cese de las hostilidades en la zona sur.
La actual estrategia israelí parece orientada a forzar el repliegue de los observadores internacionales para consolidar una ocupación territorial sin testigos. Mientras la comunidad internacional observa el estancamiento de las negociaciones diplomáticas, la «Línea Azul» se desdibuja bajo el avance de los tanques, dejando a la misión de paz en una vulnerabilidad extrema frente a un actor estatal que ha decidido ignorar los mandatos de seguridad colectiva.

